¡Cuán lejos hemos llegado!

Por Dr. en derecho Miguel Ángel Rodríguez Herrera

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Tenemos la idea de que cada uno de nosotros está en movimiento en cualquier dirección, pero más que nada que vamos siempre hacia adelante, un adelante que es una mera referencia espacial, que vamos caminando, que es un mero caminar de imaginación, que vamos avanzando, que también es un imaginario avanzar, que nos vamos desarrollando, que al igual es también un imaginario desarrollo. Pero lo que es peor tenemos la falsa idea de que estamos en movimiento.

Tal es la situación y la verdad es que no nos engañemos porque ni estamos en movimiento, ni vamos hacia delante, ni vamos caminando, avanzando y desarrollando. Simplemente estamos estáticos por la sencilla razón de que no existe, en sí, el espacio ni el tiempo, sino que los inventamos, ambos, como meros factores de referencia útiles para vivir.

No hay un mover ni tiempo sino simples hechos o sucesos que ocurren y que nos dan la apariencia de movimiento. Todas las cosas, nosotros junto con ellas, estamos inmóviles, con el sólo estar imaginando que nos movemos y todo lo demás ya mencionado. Pero, y, ¿entonces qué hacemos? La respuesta es sencilla: estar y morir. Lo que se llama “el estar” existencial.

La inmovilidad es lo propio del infierno decía Santo Tomás de Aquino. Mientras seamos inmóviles nuestro estar será lo mismo. Sólo tenemos la impresión falsa de que nos movemos y que las cosas hacen lo mismo. En ese contexto se da el estar como un grave factor existencial que es causa de un gran dolor del cual no podemos huir a menos que ingiramos sustancias tóxicas y de ahí el éxito de las drogas y del alcohol.

Nada se mueve todo esta en reposo. El sólo “estar” reemplaza al supuesto “vivir”. Cuando te pregunten lo mismo de siempre de que cómo estás, contesta son simplicidad: “estoy”

¿Estás?