Aventuras de un pintorGente PV

Entrega 8: La Máquina se apodera del Hombre

Por Federico León de la Vega
Novela 11 Segundos

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Lo que la mayoría de la gente veía como seguridad o  comodidad, Íñigo percibía como grave invasión a su intimidad. Sospechaba que en el horizonte se iba formando un monstruo apocalíptico, amenazando arrebatar la libertad que él atesoraba, y no sólo la suya, sino la de todo el planeta tierra.

Su reacción ante cada innovación tecnológica con la que se topaba, con cada nueva “app”, era primeramente de admiración, pero luego se tornaba en alarma, al comprender cómo esta nueva capacidad no era solo de servicio, sino de dominio sobre otros. Los teléfonos inteligentes, que nos acercan a los que se encuentran lejos, nos alejan de los que tenemos cerca. El entretenimiento de los videos y juegos de pantalla nos aísla de la naturaleza y de la realidad física. La dependencia en el corrector ortográfico, en el directorio de teléfonos, en la calculadora, en la memoria digital y en tantas maravillosas funciones de los teléfonos inteligentes va restando a nuestras capacidades intelectuales propias, creando adicción, idiotizando niños, esclavizando adultos y en muchos casos llevando a la demencia digital. La maravilla del navegador GPS es a la vez un guía práctico para llevarnos a lugares que un mecanismo de control y de manipulación.

La historia  demuestra cómo los avances tecnológicos siempre terminan por ser usados para fines bélicos entre naciones o  malévolos aún entre la gente común. Así, la innegable contribución de Facebook a la convivencia social permite a los gobiernos corruptos penetrar en la intimidad de sus ciudadanos.

Para Íñigo, la pérdida de la libertad y la disminución de capacidades intelectuales como la creatividad y la memoria a consecuencia de tanta tecnología, le parecía no solo alarmante sino insoportable. Pensaba que la gente era ingenua, que estaba ciega, que no comprendía. Tenía visiones de una humanidad atrapada en una cárcel cuya puerta pronto se cerraría. Sobre este tema, las discusiones con amigos y conocidos habían terminado por enfadarle y hacerle desistir de cualquier esfuerzo por convencerles. La reacción general era de encoger los hombros y de exclamar ¿Qué puedo yo hacer? Sólo vivían el día en la ignominia de irse convirtiendo en ganado humano. No comprendían que el acelerado avance terminaría con su misma esencia.

En realidad Íñigo tampoco encontraba respuesta fácil al problema del abuso tecnológico. Había intentado vivir con los mennonitas y con otros grupos radicales con cuyas ideas comulgaba. El vivir fuera del mundo tecnológico le atraía, pero comprendía que era impráctico y tal vez a estas alturas ya imposible. Recordaba autores y filósofos de la ciencia como Jaques Ellul, Theilard de Chardin y David Dickson, visionarios de los grandes cambios que vendrían.

Recientemente simpatizaba con las milicias de rancheros independientes del noroeste de los Estados Unidos. Pensó en unírseles cuando en 2016 libraron una guerra contra el gobierno, cuando éste intentó quitarles sus tierras[1]. Admiraba la defensa de un estilo de vida en contacto con la naturaleza. El anuncio de “Únete a la lucha. Trae tu montura y tu arma. Tenemos hospedaje y comida” le parecía irresistible la invitación a morir montando a caballo, ¡defendiendo un estilo de vida auténtico, en contacto con la naturaleza!

Sin embargo, Íñigo no quería ser ni retrógrada ni beligerante. Comprendía que la comunicación y el confort son convenientes. Sabía que bajo las faldas las jóvenes mennonitas ocultan teléfonos móviles para recibir mensajes de sus novios. Así que, si no era posible vivir fuera del mundo tecnológico ¿cómo conservar la libertad y la dignidad humanas? Buscar la respuesta cambió su vida.

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Continuará
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