Poder cínico

Por J. Mario R. Fuentes (*)
jomarefu@hotmail.com

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Estudioso de la comunicación y la publicidad, Giancarlo Livraghi lleva a una de sus tesis centrales: la estupidez asociada a la guerra y a la burocracia en escenarios tecnológicos. Esto domina al mundo global actual.

Es una propuesta interesante sin duda alguna. El tiempo de los movimientos sociales mundiales y en especial de la experimentada en la región latinoamericana lo demuestran, se corre mucho para no moverse del mismo lugar, esto desemboca finalmente en la estupidez. No una estupidez obscura, sino con aparente conciencia.

En México cada seis años se cambia el disfraz. Se coloca una nueva máscara, con el tiempo se agrieta y desvanece, para dar paso a un nuevo proceso para ponerse una nueva careta. Se olvida aparentemente el pasado y se sigue un camino trillado por las estupideces.

Se busca un atuendo diferente que obligue a la sociedad a creer que habrá un futuro menos difícil, con más oportunidades en todos los renglones como la cultura, la educación, la política y sobre todo esto una mejor economía para mejorar la calidad de vida, además de una identidad mejorada. Ha sido difícil comprenderlo, pero en 50 años el empobrecimiento de millones de familias navegan en las aguas de la estupidez creada por la corrupción, sobre simulaciones aberrantes.

Es así, como lo he mencionado en otras entregas editoriales, los gobernantes mantienen en su interior la idea de lograr un poder por encima de las verdaderas necesidades de la sociedad que los encumbró en ese poder que ejercen por décadas de forma equivocada, su atuendo ha tenido broches farsantes, falsificados y altamente estúpidos, los cuales ante la sociedad han dejado huella de ineptitud.

Para ellos, los que se han enriquecido con la llave de la confianza conferida─ les causa risa, para el pueblo la traducción es en tragedia. Sin embargo en esta sociedad global no se ha aprendido la lección, se sigue al engaño como verdad, el agudo sentido social se convierte en diversión y manipulación propiciada por los medios de comunicación con sus programaciones mediocres, con excepción de los canales culturales, mínimos por cierto.

Para dar credibilidad a los actos altamente estúpidos la sociedad en general no la combate, la arropa con singular simpatía, así les han enseñado a recibir los actos contrarios a la razón. Todavía no la reconocen ampliamente solamente algunas de sus manifestaciones, por cierto, aisladas sin su total presencia. Me refiero a las preferencias expresadas en las encuestas y los debates sobre lo pertinente de una infraestructura iniciada o por iniciar, las imágenes de los futuros gobernantes en un caldillo democrático todavía inconcluso y carente de confianza.

La opinión de los gobernantes desde el Ejecutivo Federal, Estatal y Municipal; han dejado en los últimos 50 años una huella de inseguridad en su gran mayoría sobre bases de corrupción, compadrazgo, simulación y mentiras; las cuales han sumido a la sociedad mexicana en la incertidumbre. Por cierto antes de encuestar preferencias para construir un aeropuerto, refinerías o trenes turísticos; habrá que pensar mejor y dirigir la mirada al Estado de Derecho y aplicación de justicia tan deteriorado en México.

La estupidez es tan poderosa ─explica el especialista en comunicación y publicidad, Giancarlo Livraghi─ al perjudicar a todos sin distinguir clase social o posición política, su misión es maléfica sin razones sensatas, la sociedad está convencida de la existencia de personas sumidas en actos contrarios a las leyes por falta de oportunidades o anteponer sus intereses mezquinos, en este sentido el escritor norteamericano Robert Anson Heinlein, llama a no minimizar el poder de los tontos con demasiada perversidad en sus acciones.

El próximo gobierno federal, en especial, tendrá retos difíciles, tanto al interior de la nación como del exterior; nadie duda en estos momentos lo espinoso de la migración, la cual puede desencadenar un conflicto de grandes proporciones diplomáticas. Lo resultante de la nueva Ley Federal de Remuneraciones de los Servidores Públicos ya tiene consecuencias, cientos de burócratas de cuello blanco se amparan contra ella  para mantener sus privilegios o irse jubilados o de retiro voluntario, sino al menos bien liquidados, lo importante es llevarse un buen billete.

Permítame ahondar un poco en este sentido, según el censo 2017 del INEGI (Censo del Gobierno) 318 mil empleados ostentan posiciones de confianza 20.3 por ciento del total de la burocracia pública. Éstos no desean soltar sus privilegios y no tienen intención de reducir sus emolumentos como lo anunció el Presidente Electo a razón de 108 mil pesos mensuales; muchos de ellos tienen sueldos superiores a los 140 mil pesos mensuales. Con la publicación de la nueva ley en el DOF el pasado cinco de noviembre, los amparos llovieron en diferentes despachos jurídicos.

Se sumarán más cínicos de todos sabores no hay duda, como el perdedor Ricardo Anaya y sus felicitaciones al nuevo dirigente del PAN, Marko Cortés, seguro en busca de un hueso, primero soberbio como Vicente Fox y sus huestes de ambos ahora se vuelven complacientes, son formas de estupidez en mentes estrechas.

Por otro lado los que protestan por encima de las necesidades de la mayoría, son geniales para crear más desigualdad y comprobar la tesis de que el cretino sabio no deja de lado su ignorancia; México se blindará de sabiduría en los próximos años para jamás hundirse en los limitados alcances de la estupidez mental.

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(*) Egresado de la UNAM, maestro universitario desde 1979, fue investigador del ICS, conferencista, articulista, inició su trabajo periodístico en la Revista Proceso, jefe de corrección primera plana de diario El Nacional, reportero y columnista; galardonado en varias universidades del país,  21 años trabajó en el sector público y conformó el SNIM en la Coordinación de Productos Básicos de la Presidencia de la República, catedrático de la Universidad de la Vera-Cruz.