Hasta la vista, Enrique

Enrique Peña Nieto.

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Por J. Mario R. Fuentes (*)
jomarefu@hotmail.com

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Este 30 de noviembre, en punto de las 0:00 el licenciado Enrique Peña Nieto termina su gestión presidencial, una de las más cuestionadas en la historia reciente.

De sus compromisos de campaña, según registra él dejará su gestión con un 94% de compromisos prometidos en su campaña en la fecha señalada, solamente que dejó pendiente el tres por ciento, desafortunadamente éste hueco aparentemente mínimo está compuesto por las promesas incumplidas a la educación y la seguridad pública, sin contar con las obras inconclusas que dejará a su sucesor.

Será difícil para el sucesor de Peña Nieto cumplir con el porcentaje olvidado, esto es nueve de los 266 contraídos con los que le otorgaron su confianza al exgobernador del Estado de México durante sus seis años de mandato presidencial, no será recordado como un gobernante fuera de actos corruptos, el hacerse de la “vista gorda” con el actuar de su procurador, de gobernadores y de la llamada “Casa Blanca” y otros actos ampliamente conocidos por la sociedad; solamente fueron algunos tropiezos, los cuales  pusieron en duda la honestidad de su gobierno.

Para el mandato presidencial próximo habrá mucho que hacer para hacer retornar la confianza de la sociedad tan goleada por mentiras piadosas, mismas que no dejan de serlo al ser fácilmente detectables; me refiero al manejo de los medios de información social, los cuales se ha dicho quedarán bajo resguardo por ley de la Secretaría de Gobernación. Todo bien mientras no existan retrocesos ni tampoco imposiciones como en el pasado, me refiero al control de sus contenidos. Si bien la corrupción y violencia contra políticos de todos los colores priva, al igual que contra periodistas que se atrevieron a cuestionar al Estado en la aplicación de la justicia, preocupa la aplicación de ésta y el combate directo contra la violación de los derechos humanos y la creciente pobreza de millones de familias. Los medios de comunicación tienen una tarea inaplazable para mantener a la sociedad informada de la forma más objetiva posible.

La administración por desempacarse tiene el deber de saber que los buenos gobiernos del planeta tienen su base en la comunicación con sus gobernados; no solamente es indispensable hacer lo prometido, es fundamental que la gente se entere de esto. La sociedad es cada vez más demandante de mensajes que le formen opinión, no solamente actos amarillistas o informaciones manipuladoras, éstas como las dirigidas por políticos corruptos y enajenadores, tendrán amplio lugar en la basura.

Una relación social sana, que es la que se espera de la nueva administración, solamente será posible con argumentos no viciados sino realmente convincentes. Es verdad que el Sistema Político Mexicano enfrenta una crisis al igual que los medios de información masivos, por tal urge la necesidad de reencontrar el camino más idóneo y remontarlas.

En este sentido, estar conscientes de la importancia de la comunicación digital anidada en la juventud de la cual se derivan, en muchas ocasiones noticias sin respaldo, mentiras que sepultan la verdad y llevan al llamado síndrome de la incomprensión; cada quien interpreta como puede un momento real y lo lleva a un escenario indeterminado además de perjudicial por el anonimato del que surgen.

La opinión pública merece recibir mensajes honestos, tanto de los gobernantes como de los medios informativos. Los medios digitales en estos momentos tienen el deber de informar no deformar, ser regulados en su trabajo será la meta de la autoridad correspondiente. Un ejemplo próximo es el llamado “perdón y olvido” anunciado por el futuro mandatario federal, algunos analistas han manifestado que este pronunciamiento salvará a Peña Nieto y colaboradores de la justicia, se irán con todo lo que la corrupción les otorgó en su ejercicio administrativo; clara traición a la confianza otorgada, misma que dedicaron para vaciar las arcas de la nación.

Los peligros acechan y parecen acortar el camino del progreso antes de valorar a la nueva administración. El perturbado de la Casa Blanca con sus órdenes ejecutivas mantiene en jaque al mundo en general y a las naciones latinoamericanas en particular. Daños a la conciencia irrefrenables, el mundo está en medio de una crisis económica y de valores casi irrefrenables donde priva más la insensatez que las razones fundamentadas.

Terminarán las fábulas infantiles contadas por forajidos de  la política a la mexicana, con bases utópicas, discurso al que acostumbraron a una sociedad atacada, amenazada, con los más escandalosos episodios de corrupción y miseria soportada por millones de mexicanos; economía sin crecimiento sostenido, sistemas de salud deficientes, un mar de inseguridad, en fin una crónica de terror para el México actual.

La administración peñista prepara su salida con el cuestionado “perdón y olvido”, podrá ser, nadie lo duda; aunque de su conciencia será difícil que escapen los pillos con sus maletas de ineficiencia demostrada en este lapso que concluye, beneficiaron a una oligarquía negada a perder sus privilegios a lo largo de seis años; ajenos a los sentimientos de las necesidades reales de un pueblo que creyó en ellos y fueron defraudados, nadie podría vivir así; ellos sí, simuladores descarados.

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(*) Egresado de la UNAM, maestro universitario desde 1979, fue investigador del ICS, conferencista, articulista, inició su trabajo periodístico en la Revista Proceso, jefe de corrección primera plana de diario El Nacional, reportero y columnista; galardonado en varias universidades del país,  21 años trabajó en el sector público y conformó el SNIM en la Coordinación de Productos Básicos de la Presidencia de la República, catedrático de la Universidad de la Vera-Cruz.