Aventuras de un pintorGente PV

Entrega 11 / Hoy día

Por Federico León de la Vega
Novela 11 Segundos

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A Íñigo se le fueron las horas limpiando su pequeña cabaña. Subió al tapanco y encontró varias cajas de libros estivadas. Se puso a desempolvarlas y a poner en orden su contenido. Era lo más selecto de su lectura a través de los años.

Aquellos eran los libros que más habían influido en su pensar. Los ahora antiguos autores fueron saliendo primero: George Orwell y su Big Brother – el ojo vigilante y represivo; Jaques Ellul con su Simplicidad Voluntaria; Derrota Mundial de Salvador Borrego, el valiente periodista mexicano, de los primeros en señalar la amenaza de un opresivo régimen global; Operation Manual Planet Earth de Buckminster Fuller. Walden de Henry David Thoreau el harvardiano que se exhiliara a vivir con la naturaleza, autor de  el primer tratado de ecología y de Desobediencia Civil, una protesta contra los impuestos injustos. Fueron estas líneas de Thoreau las que movieron a Íñigo a construir su cabaña y apartarse de todo: “Fui a los bosques porque quería vivir deliberadamente solo, para hacer frente a los hechos esenciales de la vida y ver si podía aprender lo que ella tenía que enseñar, y no descubrir al morir que no había vivido. No quería vivir lo que no era vida. Ni quería practicar la renuncia… Quería vivir profundamente y chupar la médula de la vida (to suck the marrow out of life), vivir tan fuerte y espartano como para prescindir de todo lo que no era vida…”

Salieron en seguida libros con fondo científico-alarmista, como el famoso reporte del prestigiado MIT realizado por encargo del Club de Roma Los Límites del Crecimiento que predecía, apoyándose con muchos datos el agotamiento de los recursos del planeta: luego la Agenda 21 de las Naciones Unidas, donde se formalizaban ya intenciones de control sobre la humanidad. De otra caja sacó libros más recientes, de autores aún vivos: su gran favorito “The Creature of Jeckyll Island”  de Edward Griffith, el periodista que delatara la estafa más grande de la historia, la de la Reserva Federal estadunidense, del Fondo Monetario Internacional y de la Comision Trilateral. No todos lo libros eran viejos; desempolvó algunos más recientes, principalmente de distopía, (lo opuesto a la utopía): “Los Juegos del Hambre” de Suzanne Collins, “El Huésped” de Stephenie Meyer y “Blade Runner” de Philip K. Dick.

En otros años Íñigo se había considerado a sí mismo un académico visionario, que descubría cómo se iba desenvolviendo el grande complot de esclavitud sobre la humanidad. Pero luego, hablando con un amigo muy querido, un viejo capitán de la fuerza aérea de los Estados Unidos a quien debía cariño y profundo respeto, recibió su consejo: -Íñigo, querido amigo, no externes tus opiniones sobre los gobiernos y el futuro. Ten cuidado con lo que lees y lo que pienses. Nunca sabes cómo es verdaderamente la gente, ni los intereses o poderes que se muevan detrás de ella. Muchos antes que tú se han equivocado con las teorías de la conspiración y ahora los dan por locos o ridículos.

El descubrimiento de que el “Unabomber” (criminal que enviaba explosivos por correo en los años 80s) resultara ser un intelectual matemático, filósofo, neoludita, autor de La Sociedad Industrial y Su Futuro, Theodore Kaczynski, hizo que Íñigo tomara en serio el consejo de su amigo el capitán. Dejó atrás aquella literatura y se concentró en construir una vida cotidiana sencilla pero hermosa y llena de significado. Su lugar, cada esquina, cada instante lo ocupó de pensamientos positivos y de objetos significativos. Por eso diseñó su cabaña con verdadero Meraki (curiosidad, interés, cuidado, elegancia). fleondelavega@gmail.com