Cambios sí, pero…

Andrés Manuel López Obrador.

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Por María José Zorrilla

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He visto la toma de protesta presidencial de López Portillo a López Obrador y la ilusión siempre ha estado presente. La esperanza de que ahora sí México va a sorprender al mundo no ha desaparecido, indistintamente del perfil del Presidente en turno, de su ideología o de que el ganador no haya coincidido con mi elección en las urnas.
Sigue viva la flamita de que México puede superarse a sí mismo y me emociona el momento de la imposición de la banda presidencial y entonar el himno nacional.  Que mi voto no haya sido para AMLO ni comulgue con muchas de sus propuestas, quiere decir que no haya algo de emoción por ver cómo se irá tendiendo el tejido político, económico y social para resolver problemas de fondo en un país tan orientado en el pasado hacia la magnificación de la investidura presidencial por el lujo y la ostentación y con pocos resultados para erradicar pobreza, inseguridad y corrupción.  Ahora el peso de López Obrador es aún mayor que el de sus antecesores y es precisamente su austeridad republicana, su modestia, su calmo proceder, lo que magnifica su presencia. Vale más el apoyo irrestricto de 30 millones que claman por justicia y equidad, que todo el boato que giraba alrededor de la figura presidencial del ayer.  No obstante, la preocupación de investigadores y analistas no deja de ser un foco de alerta para tomar en cuenta.  No se puede erradicar el todo por el todo, con el pretexto que se ha puesto en marcha la Cuarta Transformación.  Rolando Cordera presupone que el nuevo régimen debería realizar una convocatoria para pensar y deliberar sobre lo que nos ha servido y debe seguir haciéndolo.  Se preocupa que instituciones serias que le han dado servicio al país puedan ser desechadas y condenadas al olvido por el simple hecho que hay que cambiar todo.  Por mencionar algunas subraya el cado del INEGI que sacó del ostracismo datos que antaño estaban reservados al uso exclusivo de grupos cerrados de la alta burocracia gobernante o de los misioneros del Banco Mundial o el FMI. Pondera el trabajo realizado en el Fondo de Cultura Económica que ha sido la base de la educación superior y la formación intelectual de muchas generaciones de mexicanos y no considera que se le haga ningún honor a esta institución nombrando a gente indeseable como el propuesto por AMLO.   Juan Pardinas se va a los datos duros de la realidad que recibe el nuevo presidente, como para evaluar la ruta de su desempeño si acaso estas cifras cambian y se modifican en el futuro; y estos son  29 homicidios por cada 100 mil habitantes hasta octubre del 2018; 47 periodistas muertos en el sexenio de Peña Nieto; 43% en pobreza y 56% de la población ocupada en el sector informal.  Eduardo Caccia considera que el discurso de AMLO fue una extensión de la campaña presidencial, congruente con lo que ha sido, pero que se perdió la oportunidad de luchar contra la polarización.  Por lo pronto adiós al avión presidencial y a los Pinos como símbolo inequívoco de su pregonada austeridad, pero México no sólo requiere ajustarse el cinturón, también requiere de visión a futuro, de integrar a unos y otros erradicar el denigrante calificativo de fifís o chairos.  Todos somos México y hay que apostarle a la unidad, al trabajo, a resolver los problemas de corrupción e impunidad como parte de un fenómeno sistémico como lo propone Caccia, porque AMLO parece rayar en lo mesiánico que con su ejemplo las cosas cambiarán como según dijo, de arriba hacia abajo.  Por lo pronto en el tema turismo ya quitó el CPTM, el brazo operador de la promoción turística de México para dejarla en manos quizá, de diplomáticos que ni idea tienen de lo que es turismo.  Cambios si pero… veremos cómo procede Miguel Torruco el nuevo secretario de Turismo ante este borrón institucional y qué tanto pueda afectar a la industria turística como la de Vallarta y Riviera Nayarit, que no se encuentran en el foco de atención del presidente que es la zona maya.