Esquizofrenia aeroportuaria

Miguel Torruco.

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Por María José Zorrilla Alcalá

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Estamos viviendo un tornado informativo en el tema del nuevo aeropuerto que en teoría se canceló porque el presidente de México pensó que habría ahorros millonarios. No obstante, las obras no se pueden cancelar porque habría un torrente de demandas impensadas. Semanas antes de la cancelación, Alfonso Romo el empresario pejista y ahora jefe del gabinete, había prometido a los inversionistas que el NAIM no corría ningún peligro.  Hace unos días el secretario de turismo declaró que Santa Lucía sería para vuelos internacionales y el de Cd. De México para nacionales.  Jiménez Espriú Secretario de comunicaciones contradijo a su colega, aclarando que esa información no era correcta y que habría vuelos nacionales e internacionales tanto en Toluca como en Santa Lucía y en el de la Ciudad de México.  López Obrador contradijo a todos porque dijo que ese era un tema que todavía no se definía.   Torruco después se disculpó por el error y ante Ciro Gómez Leyva dijo que mejor le dejaría todo el tema aeroportuario en manos de Jiménez Espriú.  En el ínterin el gobierno de México lanzó unos bonos de recompra a los inversionistas por 1800 millones de dólares de los 6 mil millones que se vendieron.  La respuesta de los inversionistas fue el rechazo y el gobierno se ha quedado mudo.  Ese silencio también ha invadido a López Obrador, pues el presidente ha dicho que por el momento le declara huelga al tema del aeropuerto y que quien de informes sobre el aeropuerto será el Titular de Hacienda.

Entonces tenemos que Torruco otra vez ha estado fuera de la jugada al declarar que le dejaría el tema al ingeniero de comunicaciones y el Presidente se lo da al Secretario de Hacienda.

Esta esquizofrenia de dichos y hechos tan contradictorios, parecen ser una pequeña muestran de la prontitud con la que se tomó una decisión de escritorio que sonaba bien políticamente para quedar bien con el pueblo sabio, pero que no hubo evaluación de los impactos por semejante medida.  En mayo de este año, el grupo aeroportuario declaraba que el costo del NAIM se mantenía intacto desde 2014 en 13 mil 200 millones de dólares.  Si la cuestión de la recompra de bonos no funciona, las cosas se pondrán muy complejas y si los tenedores solo accedieran a venderlos si les comprasen el total de los 6 mil millones de dólares la situación será peor; la danza de los millones prometidas por AMLO que se ahorraría supuestamente el gobierno federal por esta cancelación ya no sería tanta, pues además de esos 6 mil millones de dólares habría que hacer las adecuaciones a los tres aeropuertos mencionados; Toluca, Cd. De México y Santa Lucía. En caso que no haya arreglo con los tenedores de bonos habrá demandas por doquier y las obras tendrían que seguir. Vaya situación.  Por otro lado, poco se ha dicho de la opinión de líneas aéreas y del sector turismo respecto a este tema.  Nadie ha comentado que las aerolíneas pudieran cambiar sedes y plantear nuevos hobbs para sus vuelos en caso de que fueran demasiado complicadas las conexiones.  También los destinos turísticos se podrían ver muy afectados en cuanto a conectividad entre vuelos nacionales e internacionales de un aeropuerto a otro.  En el 2017 la balanza de pagos arrojó un superávit de 21 mil millones de dólares por divisas derivadas del turismo de manera directa, por lo que una planeación deficiente en el tema aéreo puede golpear lo que ahora constituye una de las principales fuentes de ingreso de este país.  Si bien la inversión de 13 mil millones de dólares es muy alta para un aeropuerto, no lo es tanto para la industria que provee el 9% de trabajos de este país.  Además podría pensarse en una aplicación de política austera para el NAIM, bajarle costos y para deshacer el entuerto mejor dar marcha atrás.  Los columnistas de Reforma y El Norte hablan de esta preocupación.  Es de sabios rectificar dice Caccia, que se revise el proyecto, se hagan auditorías y se castigue, pero que no se cancele.  “Es preferible golpear a la corrupción que golpear a la nación”.