Aventuras de un pintorGente PV

Entrega 14 / El Gran Engaño

Por León de la Vega
Novela 11 Segundos

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Desde que decidió alejarse de la gran ciudad, Íñigo siguió un estilo de vida campechano, de creativa tranquilidad. Despreocupado procuraba no enterarse del mundo. Combinaba el campo con el mar; de vez en cuando participaba en regatas cuando los amigos que tenían velero lo invitaban a formar parte de alguna tripulación.

Se despertaba muy temprano. A los trinos de los pájaros pronto acompañaba con los sonidos de su carpintería.  Fabricaba anaqueles, gabinetes y algunas puertas. Atendía su huerto orgánico que le suplía una buena variedad de verduras. De los árboles de vecinos cortaba guayabas, limones y aguacates, ofreciendo a cambio sus servicios de mecánica. Aunque leía con avidez, pero se enfocaba a temas útiles, buscando para sacar mayor provecho a los recursos locales, ocupándose de lo que le quedaba a la mano.

Atrás había dejado su obsesión con complicados temas de conspiración. Las cabalgatas ocasionales sobre la yegua alazana de un granjero amigo, el veleo, las actividades del campo y la lectura llenaban sus días satisfactoriamente. Así pasó cuatro años de vida provinciana. Sin sentir necesidad de más.

El día que Íñigo decidió retomar su interés por las teorías de conspiración fue el 11 de septiembre de 2001. La noticia la escuchó en el radio de su auto mientras conducía cuesta abajo por la carretera de la sierra al puerto para velear con un amigo. Primero salió al aire que una avioneta había pegado contra un edificio en pleno Manhattan. Esto en sí ya era algo interesante. Minutos más tarde el locutor corrigió, explicando que se trataba de un avión de pasajeros Boeing 767 de American Airlines y que había chocado nada menos que contra la torre norte del World Trade Center.

Recordó entonces que ese mismo centro había sido objeto de algún ataque terrorista en 1993. Al poco rato el locutor de la radio anunciaba ¡un segundo avión, ahora de United Airlines, ¡chocaba contra la torre sur! Al oir esto, Íñigo aceleró a fondo para llegar cuanto antes al café donde acostumbraba reunirse con amigos -¡Pongan la tele! ¡Pongan la tele!” entró gritando. Su amigo Eduardo que vivía en un velero y con frecuencia desayunaba en el café, lo miró intrigado mientras buscaba como encender el aparato –¿Qué pasa? le preguntó –¿Cuál es la noticia?  –  Creo que vamos a ver cambiar el mundo esta mañana, le respondió Íñigo. Así los dos amigos se pusieron a ver la televisión acompañados de un café frente a la marina.  -Definitivamente no se trata de un accidente, dijo Eduardo. – Obviamente no. Al igual que millones de personas en todo el mundo, ese día los amigos pasaron horas viendo el resto de los sucesos del día. Siguió el ataque al Pentágono y el derrumbe de otro edificio. Comenzaron las sospechas y acusaciones a los terroristas de al- Qaeda y se dejó ver la proximidad de una guerra para vengar tan grave acto terrorista. -Pues sí que tenías razón. Esto cambiará la historia, acordó Eduardo mientras intercambiaba con Íñigo miradas de incredulidad.

Las imágenes que vieron aquel día fueron de terror, angustia, muerte y destrucción.  Muchos se arrojaron al vacío para morir sin quemarse. Sin embargo, lo que más impresionó a los dos amigos fue ver el modo idéntico, de un orden vertical perfecto, con el que se derrumbaron ambas torres. Estas escenas fueron repetidas varias veces por la televisión y después quedaron en internet, por lo que Íñigo, que no tenía televisión ni creía en los noticieros, pudo estudiarlas detenidamente y llegar a la conclusión de que había visto el más grande engaño de la historia.