Estulticia Tequilóloga

Agaves para producir tequila.

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Por José M. Murià

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Quienes escriben sobre la buena mesa, suelen recurrir a los “antecedentes históricos”. Suena lógico y benéfico.

Lo malo es que, con frecuencia, tales autores padecen una ignorancia supina que no deja de escandalizar a quienes sí saben de lo que se está hablando y perciben como se penetra dentro de los límites de la imbecilidad.

Tal es el caso de un señor de nombre Antonio Castillejo, que rima muy bien con la palabra que tenemos en mente, al escribir sobre el tequila en una revista española que se llama Mi vino (6-IV-2016).

Comienza diciendo que “los historiadores fijan su origen en el estado de Jalisco, aunque nadie sabe con certeza cómo y cuándo nació”, pero él sí establece que “la tribu de los tequila o tequilos [sic]” ya elaboraba esta bebida en Amatitlán, hoy Guatemala”. El penitente Castillejo descubre una “tribu” chapina de la que nadie hasta la fecha había tenido noticia, pero quizá, por hablar de lo que no conoce, tal vez confunde el precioso lago de este nombre, con la población de Amatitán, a cuarenta kilómetros del centro de una ciudad mexicana que se llama Guadalajara, a casi dos mil kilómetros de distancia del Amatitlán que tal vez accidentalmente se halló en algún mapa.

La falta de tino del tal Castillejo equivale a situar en Madrid lo que acontezca en Roma, además de que, hasta la fecha, todo parece indicar que las bebidas destiladas en México son producto de españoles borrachotes que, ante la necesidad de echarse un buen trago, aplicaron técnicas que ya se empleaban en el sur de España y lograron convertir en aguardiente lo dulce del mezcal (“Lo que se cuece” en náhuatl) que se utilizaba como golosina en el centro y el occidente de México.

No hay noticia alguna, ni parece posible, que Hernán Cortés fuese agasajado con tequila, como dice el sujeto de marras, y lo que es completamente falso es que los españoles favorecieran la producción de agave, cuando lo que menudearon fueron las disposiciones prohibiendo la producción de aguardiente para que no compitiera con el que se traía de España.

La mata de la supina ignorancia sigue proliferando cuando habla de que “en 1758 el corregidor de la Nueva Galicia concedió a… un gran número de tierras en Jalisco y en 1795 su hermano… obtuvo del rey… la primera concesión para producir tequila”. Gran diferencia de edad de los tales hermanitos… ¡A lo mejor Castillejo tampoco sabe restar! Pero lo que sí es claro es que ignora que había diversos corregimientos y alcaldías mayores en Nueva Galicia, ¿de qué tamaño cree que era Nueva Galicia para tener nomás un corregidor? El gobernante de Nueva Galicia era el Gobernador.

El caso es que, para ese tiempo, ya existía incluso un estanco del “vino mezcal” que cobraba buenos impuestos de diversas fábricas autorizadas en el Corregimiento de Tequila.

Otra gran mentira es que la familia Souzas (¡así dice!) “fue la primera de México en comenzar a exportar sus tequilas”. El que llegó hasta el norte de California, Sudamérica e incluso Filipinas a fines del siglo XVIII no cuenta, lo mismo que las grandes cantidades que se bebieron entre 1849 y 1869 los gambusinos de San Francisco…

Hay gente que habla nomás porque tiene boca, sin saber bien a bien lo que dicen. Lo mismo puede afirmarse de algunos que escriben…