Tradiciones Mexicanas

Durante este mes se ven por todos lados esas flores que anuncian que es época de Navidad y Año Nuevo con todo lo que eso representa: Unidad, amor, dar, perdonar, alegría y regocijo. Esta famosa flor antes siempre rojas, ahora también blancas, amarillas y últimamente color salmón salpicada de tinto, es una de las muchas aportaciones de México al mundo entero, la flor de nochebuena es netamente mexicana, el “cuetlaxochitl” su nombre original en Náhuatl.  Es curioso ver las navidades en todo el mundo y los adornos básicos son mexicanos con los motivos de la flor de nochebuena. El plato principal, el tradicional pavo navideño, también es mexicano, es la exportación que hicimos de nuestro guajolote, que de México fue a España, de ahí a todo Europa y de ahí a todo el mundo occidental; si nos vamos al postre, que más navideño que una pieza de chocolate, bien en forma de pastel, de tableta, de bebida o del postre más sofisticado, pues bien, el cacahuate también es de origen mexicano.  Total, que las cenas de navidad universalmente llevan el sello de “Hecho en México”, bueno, nacido en México por lo menos.

Esto habla muy bien de lo nuestro, de nuestras tradiciones, de nuestras raíces, de la riqueza de nuestros orígenes. Debemos estar orgullosos de nuestra historia y de nuestras aportaciones, también debemos atender el presente con diligencia y disciplina, sin perder tiempo en tonterías individuales; así aseguraríamos un futuro más digno para todos en este país tan grande que en ocasiones ha soportado los embates de nosotros mismos, los mexicanos.

Hablemos un poco más de la flor de nochebuena: (Euphorbia Pulcherrima)

Esta es una planta originaria de México y florece únicamente durante el invierno. Ya desde tiempos prehispánicos simbolizaba la caducidad de la vida y se utilizaba para celebrar el nacimiento de Huitzilopochtli. Sin duda con la intención de adaptar los símbolos religiosos aztecas a los cristianos, los franciscanos la empezaron a utilizar para adornar el nacimiento del niño Jesús.  S u nombre original en idioma Nahuatl es el de cuetlaxóchitl, que significa “flor que se marchita”. En el mundo prehispánico se elaboraba a partir de ella un tinte para prendas de algodón. De su tallo sale un jugo lechoso que los indígenas utilizaban como medicina contra la fiebre.

Durante la Colonia española se empleó para adornar los nacimientos y los altares de las iglesias. Su internacionalización se le debe al primer embajador de Estados Unidos en México, Joel R. Poinsett, quién en 1825 la vio en la iglesia de Santa Prisca, en Taxco, adornando un nacimiento. La mandó a su país natal, y al llegar a éste se asombró al verla en todos los jardines de su ciudad; puso un negocio de flores de Nochebuena y se dedicó a difundirla por toda su nación.

 Se dice que hizo una fortuna vendiendo esta planta. Se le conoce en el mundo de habla inglesa con el nombre de “Poinsettia” en honor del embajador.

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LEYENDA DE LA FLOR DE NOCHEBUENA

Hubo una vez en México una niña campesina que una Nochebuena quería ir a la misa de gallo, la cual se celebra a la media noche, y quería llevarle un regalo al niño Jesús, pero era tan pobre que no tenía nada que darle. Unos ángeles que supieron de sus buenas intenciones, se le aparecieron y le dijeron que saliera al campo y recogiera algunas plantas, las primeras que encontrara, y que las llevara a la catedral.

Cuando entró en la iglesia, todos se empezaron a burlar y reír de lo que la niña traía de regalo. Sin embargo, la chiquilla no dio marcha atrás, pues sabía que lo que estaba haciendo era seguir el consejo de los ángeles. Así que continuó su marcha hasta el altar y depositó en él sus semillas.

De pronto todos lanzaron un grito de asombro, pues mientras el padre decía la misa, las semillas empezaron a crecer, se fueron irguiendo largos tallos verdes y de pronto de cada tallo empezaron a brotar flores rojas, llenas de esplendor. La misa se suspendió y los fieles se arrodillaron, la niña cortó una flor blanca y de ella emanó un río de la leche, después cortó una flor roja y manó sangre. Enseguida por la puerta apareció el Niño Dios rodeado de ángeles, los cuales cargaron a la niña en hombros y volando se la llevaron de regreso al bosque.

La belleza de las leyendas es inigualable, tenemos siempre algo de cierto, algo de historia, algo de mito, algo de magia, mucho de humano, mueven a los hombres, impresionan, convencen, motivan y van haciendo tradiciones.

Esperemos la Navidad y el Año Nuevo 2019, con nuestro corazón lleno de ilusiones y muy dispuestos a regalar sobre todo momentos de alegría, ejemplos de paz, y con eso en unión de todos, lograr que las tradiciones mexicanas y la navidad misma este llena de felicidad.

Es mi deseo para mis lectores, para mis amigos y para todos.