El Corazón más grande del mundo

Ballenada varada en Tecuala, Nayarit.

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Por María José Zorrilla

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Ayer concluyó el ciclo navideño que inicia casi a la par que la llegada de las ballenas a nuestra bahía, pero por fortuna la presencia de las jorobadas en nuestras aguas dura bastante más que la navidad.  Y si bien ayer culminaron oficialmente todo tipo de festejos, hoy todavía en muchas oficinas se partirá la Rosca de Reyes y se disfrutará el momento de burlarse de quien sacó la “bola negra” que en este caso se trata de un monito blanco.  Esta lotería de ser el ganador del monito es una forma benévola de tener mala suerte, pues el castigo es pagar el 2 de febrero con una tamaliza.    Pero para un animal marino la mala suerte puede estar relacionada con el accionar del ser humano.  Tortugas que quedan atrapadas en los plásticos de los six packs, peces con anzuelos que atraviesan sus agallas, pelícanos con las alas embarradas de petróleo, delfines atrapados en redes de pesca y la totoaba perseguida furtivamente por chinos y japoneses que la consideran un producto altamente afrodisiaco y de gran poder medicinal.

Otras especies también sufren el acoso del hombre y de ello no escapan ni los grandes ni los chiquitos.  El tamaño no los exime de la “mala suerte”

Hace apenas unos días, causó gran impacto la noticia sobre la ballena jorobada de más de 10 metros que fue encontrada en playas nayaritas a principios de este año.  La fotografía que publicaron algunos medios, daba cuenta del tamaño del cetáceo que parecía presentar una raya roja en la parte del cuerpo anterior a la cola.  La causa de muerte no se sabe, pero lo primero que me vino a la imaginación fue una posible herida por la propela de una lancha.  Imaginé al pobre animal desesperado perdiendo rumbo para finalmente quedar encallado en la arena de las  Playa  Novillero, en Tecuala.

No se sabía cómo proceder ante el acontecimiento y es que no es fácil movilizar una jorobada cuyo peso promedio es mayor a los 35 mil kilos.   Algunos sugerían devolverla al mar para que la aprovecharan otros animales marinos, pero las autoridades decidieron que la enterrarían en la misma playa para evitar foco de infección dado el tamaño del mamífero.  Ojalá antes hayan podido practicar una autopsia para conocer la causa de su muerte.

A más de uno nos dolió en el alma este suceso, que desde luego es poco común y habla de que algo no funciona bien.   Normalmente la fauna marina muere en su hábitat natural y allí sucede todo el proceso de reintegración.  Pero un animal de este tamaño como el encontrado en playas nayaritas nos preguntamos qué fue lo que le ocurrió.    La jorobada es una especie que está todavía en peligro de extinción, no hay más de 15 mil ejemplares en todo el mundo, es un mamífero que se alimenta durante el verano en las regiones polares y vienen a buscar aguas tropicales y subtropicales para reproducirse y parir crías.  Casi no se alimentan en esta época y subsisten gracias a su reserva de grasa.  Es un ejemplar maravilloso que tiene grandes peculiaridades como su dinamismo en los movimientos acrobáticos que despliegan durante el cortejo y los cánticos de los machos que pueden ser escuchados a más de 150 kilómetros de distancia.   Para dimensionar el tamaño de estos hermosos animales, el corazón de una ballena jorobada pesa más de 150 kilos.  O sea que el corazón más grande del mundo, el equivalente al tamaño de dos hombres promedio, lo tienen los cetáceos.   A los humanos nos fascina verlas y admirarlas, pero a veces nos acercamos de más y allí sobrevienen los accidentes.  Ya ha habido casos anteriores de ballenatos muertos o heridos por embarcaciones sin ética.  En la lista de  buenos propósitos para el 2019 no olvidemos incluir el cuidado y la conservación de nuestro entorno.   Deseo vehemente que este ejemplar que vino a reproducirse no haya tenido la  mala suerte de encontrarse con una propela en el camino y así, despiadadamente haya acabado con con el corazón más grande del mundo.