Cuál ha sido o es peor, ¿el “gasolinazo de Peña o el de AMLO?

Por Juan Antonio Llanes
juanllanesr@yahoo.com.mx

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Hola. En los últimos días, el tema crítico que empieza a mortificar y a suscitar una irritación social, claro, para quienes utilizan las gasolinas y otros carburantes para las unidades motoras a través de las cuales, se mueven millones de personas, materias primas, alimentos, productos, etcétera, y que se ven lamentablemente afectados por la carencia o desabasto de tales insumos cuando acuden a las gasolineras a abastecerse del combustible.  Secuela de la estrategia implementada por el gobierno federal para erradicar las prácticas punibles que se detectaron en los sistemas para su distribución por ductos a nivel nacional.

Hay de “gasolinazos a gasolinazos”. El que llevó a cabo el ex presidente Enrique Peña, cuando incrementó el impuesto a las gasolinas, que derivó que el precio de estas se fuera por las nubes, y ahora, éste, en otro contexto, ya que proviene de una estrategia, tal vez correcta en su concepción y propósitos, pero por las consecuencias  que vemos, pésimamente implementada, ya que se careció de una innovación correcta en la distribución de los combustibles, al no contar con la estructura idónea para ello.

Simple, algunos distribuidores que tienen el producto, surten en cantidades mínimas, -10 litros o 200 pesos-, pero la mayoría de esas empresas carecen de las gasolinas que desesperadamente les solicitan. Y ese escenario no puede soslayarse. Hay desabasto y se está generando el descontento de la gente.

Para el gobierno de la República, dígase, Andrés Manuel López Obrador, la fórmula que patentó, fue el cierre de red de los ductos mediante el cual, la empresa paraestatal, Pemex, distribuía los combustóleos a los centros de comercialización, ya que resultaba incontrolable y oneroso para la economía del país el robo sistemático perpetrado por los llamados “huachicoleros”, con sus “ordeñas”, y con la complicidad de delincuentes de “cuello blanco”, y como mejor alternativa,  se  optó por la deficiente e insuficiente distribución mediante un sistema de “pipas”,  lo que trajo como consecuencia la incapacidad de la empresa para cumplir con el abastecimiento de los productos, ya que la demanda supera con creces la disponibilidad de los líquidos.

Nadie, ninguna persona en su sano juicio, puede estar en desacuerdo con el Presidente en su decisión para llevar a cabo un combate frontal en contra de aquellos quienes han perpetrado durante años, robos y otros tantos latrocinios que han puesto a la principal entidad económica del país en una situación económicamente endeble. Lo que si nos pone en alarma, es que se advierten  síntomas que en la receta que se prescribió no justipreciaron a plenitud los impactos no solo económicos sino sociales, ya que si bien el cierre de ductos acordona a quienes se robaban los combustibles y pone en vitrina a los responsables, debieron disponer de procedimientos que fueran efectivos y expeditos para abastecer la demanda habitual que se tenía.

En sus comparecencias ante la prensa nacional y también con su gabinete o agrupaciones ciudadanas, López Obrador apela a la comprensión de los ciudadanos, convencido que su decisión de modificar los canales de distribución de las gasolinas, la de cerrar los ductos para su conducción y distribuirlas a través de “pipas”,  es la más adecuada y segura. Censura a quienes propagan informaciones alarmistas o tendenciosas, endosándoles la sospecha que están a favor de los “regímenes corruptos” que lo antecedieron y ratificando que resistirá “todas las presiones” para implementar su estrategia de distribución.

Lo cierto, es que, llamémoslo como queramos, desabasto o carencias, el problema se está transformando en una crisis de credibilidad y desempeño de gobierno, que aún tiene espacio para crecer, si se sigue acumulando el descontento social al no contar con los necesarios insumos importantes para su participación social, laboral, comercial y familiar.

Sin duda alguna, el país votó mayoritariamente por este gobierno confiado en que sus acciones incidirán en cambios profundos en la gobernanza, pero, nos permitiríamos recomendar, que las decisiones que tomen y que tengan impactos sensibles en la población sean analizadas en sus consecuencias. Estamos viendo un conflicto que merece jerarquizarse y tomarlo como un ejemplo para el futuro, y que consideren que pesan más los intereses de los ciudadanos que la visión simplista de un gobierno que tomó una medida absolutista, que si bien acaba con una añeja y corrupta práctica, el robo del combustible, rebota negativamente en millones de ciudadanos que requieren del carburante.

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NOTITAS DE “BOTEPRONTO”

1.-Ok. AMLO les asestó los “huachicoleros” un golpe mortal, me viene una pregunta, ¿está preparado el gobierno federal por aquello de que los “malandros”, pretendieran devolver el estacazo?

2.-Años escuchando la misma visión de los gobernantes en Jalisco. Ante tantos crímenes que se comenten a diario en el estado, Enrique Alfaro contesta en el mismo esquema, “se matan entre ellos mismos”, o sea, los narcos viven en otra dimensión, y solamente son números para las estadísticas. ¿No hay porque preocuparse por vivir en un estado con altos índices de criminalidad?

3.-Sin duda que la capacidad y experiencia del nuevamente director de Seapal, Francisco Javier Rojas, son las credenciales que abonan para ésta empresa paraestatal siga considerándose como un modelo a nivel nacional.

4.-No es para asustarlos. Pero, ante lo que sucede, no se debe soslayar una escalada en los precios de productos, mercancías y servicios.

5.-Esperamos, por el bien de México, que AMLO, decida proceder penalmente contra quienes atentaron y atentan contra los intereses económicos de México. Que deje su postura de “olvidos o perdones”. Quienes delinquen deben pagar las consecuencias.

Nos vemos. Sonrían y sean felices, aun así, formen parte de aquellos ciudadanos que forman las largas filas para llenar sus tanques de gasolina.