El desarrollo de Vallarta necesita más planeación

Miguel Ángel Lemus lleva poco más de 42 años en el desarrollo, ventas y mercadotecnia en la industria inmobiliaria turística del país.

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  • Ex hotelero y empresario de bienes raíces con una larga trayectoria en la industria turística y conocedor indiscutible del mercado inmobiliario y de desarrollos turísticos.

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Por Diego Arrazola

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Miguel Ángel Lemus Mateos acaba de asar carne, ha ofrecido vino a sus invitados y se sienta en la cabecera de la mesa. En una terraza de Nuevo Vallarta, el ex hotelero y empresario de bienes raíces se ve relajado mientras departe con familia y amigos en una fresca noche de enero.

Lemus vive en Cancún y ha venido de vacaciones a esta costa. Poco antes de regresar a la Riviera Maya, se da tiempo para charlar, además, por supuesto, de compartir el pan y la sal. Este veracruzano de nacimiento, debió salir de Puerto Vallarta hace unos años luego de un “desencuentro” con un gobernador de Jalisco. Sin embargo, mantiene contacto con esta región de cuyo mercado inmobiliario y de desarrollos turísticos está muy atento.

Durante la cena aconseja, analiza, ofrece cifras, evoca anécdotas y reflexiona sobre estos negocios que conoce bien. Es que lleva ya poco más de 42 años de experiencia en el desarrollo, ventas y mercadotecnia en la industria inmobiliaria turística del país.

Amigo, entre otros, de Miguel Torruco, titular de la Secretaría de Turismo, y de incontables hoteleros nacionales y extranjeros, Lemus tiene muchas cosas que contar. Como, por ejemplo, que formó el primer fondo mixto de promoción del sector, cuando el responsable de esta dependencia fue Carlos Hank González, en tiempos de Carlos Salinas de Gortari. El fideicomiso llegó a manejar recursos por $10 millones de dólares.

Originario de Papantla, la tierra de los voladores y corazón de la cultura totonaca, cuando joven, Miguel Ángel se fue a la capital del país a estudiar hotelería en la Escuela Mexicana de Turismo. Bromista, dice que aprendió su oficio en Río de Janeiro, en alusión a la plaza de la colonia Roma donde se ubicaba entonces el plantel.

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SITUR, “GRUPAZO”

Lemus llegó a Puerto Vallarta en 1982 con la encomienda de abrir el hotel Las Glorias, establecimiento del grupo Situr de los hermanos Martínez Güitrón. La inversión permitió generar flujo para financiar la compra de los terrenos de lo que sería Marina Vallarta, obra también de los empresarios tapatíos. El consorcio turístico de los Martínez Güitrón entró a cotizar a la Bolsa Mexicana de Valores y dio inicio a un frenético crecimiento en el que Lemus tuvo una importante participación.

Bajo el mando de Kenneth Prysor Jones, el grupo llegó a sumar 68 hoteles, con 19 mil llaves hoteleras, a la par de desarrollar las bases del frustrado proyecto de la escalera náutica del Pacífico. Prysor fue maestro de muchos ejecutivos del sector en esta región, incluyendo a Lemus.

“Antes que hubiera computadoras, él arrastraba el lápiz”; evoca su subalterno y alumno. Además, creó los Siturdólares, que no eran moneda sino una letra de cambio con la que pagaban a sus proveedores parte de sus compromisos. El “grupazo –así lo llama Lemus— detonó el turismo en México, más que Fonatur.

Mientras el fondo gubernamental iba por fines políticos, el consorcio de Guadalajara buscaba rentabilidad, ejemplifica su ex Vicepresidente de Ventas y Mercadotecnia, quien luego fungiría como Vicepresidente de Desarrollo, último cargo que ocupó en su estancia de 16 años en Situr.

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DE PUERTO EN PUERTO

Tras dejar su “gran escuela”, Lemus pasó a ICA donde fue contratado para planear el lanzamiento de Puerto Cancún. El ambicioso proyecto residencial y turístico, el mayor de su tipo en el país, fue abandonado por la firma constructora al triunfo del presidente Vicente Fox.

Del sector turístico, Miguel Ángel dio el salto a bienes raíces. En Cancún manejó una franquicia Coldwell Banker, hasta que decidió capitalizar el valor de la marca Lemus: “Yo era muy muy conocido por mi nombre. La gente no sabía qué era Coldwell Banker, pero si sabían quién era yo”. Así que emprendió la travesía en la empresa de desarrollo de bienes raíces turísticos Lemmus InverMéxico Real State, y cuyo origen se remonta a 1999.

El empresario maneja con soltura números sobre la fortaleza de la Riviera Maya en asuntos turísticos. Es inevitable hablar de las diferencias entre aquel destino y la Bahía de Banderas. En Cancún el crecimiento es de dos dígitos, hay 1,100 hoteles con 150 mil llaves hoteleras, mientras que en la región de Puerto Vallarta éstas no pasan de 20 mil.

El crecimiento de Cancún obedece a un plan maestro, concebido por Fonatur, a la par de un excelente aeropuerto bien conectado con Estados Unidos y Europa. En cambio, la situación en el norte de Jalisco es muy diferente, y difícilmente podrá igualar los números de pasajeros de allá: 15 millones al año allá, versus arriba de tres millones en Puerto Vallarta. Sin embargo, la costa de la Bahía de Banderas tiene una importante ventaja: recibe mercado de alto poder adquisitivo, de acuerdo con Lemus.

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TRAYECTORIA

Durante la conversación, Miguel Ángel prosigue su análisis de las fortalezas y debilidades de la industria turística. En todo momento, suelta datos sobre el sector. México es sexto lugar mundial en número de visitantes foráneos, aunque ocupa el número 22 en cuanto a gasto promedio.

Discreta, a su lado, está María Cristina Chalita, su pareja desde hace 38 años. Se conocieron en Puerto Vallarta cuando ella era la modelo de la publicidad de los establecimientos de Situr. Hoy en día, Cristina está muy involucrada en el negocio, como asesora y responsable de importantes funciones de Lemmus InverMéxico. Juntos, Miguel Ángel y su pareja y cómplice fueron protagonistas de los legendarios años dorados de esta tierra. “Eran guapos, carismáticos, formaron una pareja inigualable”, anota un conocido de ellos.

Entre los tantos orgullos de Lemus es haber contribuido a detonar el crecimiento de Playa del Carmen, en la Riviera Maya. Estando en Situr compraron 600 hectáreas de tierras que sirvieron para poner las bases del desarrollo de dicha población quintanarroense.

El corazón de Lemus late por Puerto Vallarta, la tierra que lo vio despegar desde que llegó como hotelero a Las Glorias y a la apertura del Fiesta Americana Plaza Vallarta. Y no menos relevante es que fue artífice, junto con su ex socio Felipe Tomé, del arranque de la marca Península, que diseñó prácticamente en una manteleta en Los Chilaquiles, en Guadalajara.

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CON TODO, HAY FUTURO PROMISORIO

“Este es el destino turístico más mexicano. Es como una escenografía; con montañas sin paralelo”, dice y advierte que “necesita un instituto de planeación del crecimiento” que atienda necesidades de infraestructura, agua potable, drenaje, electricidad, transporte masivo, vialidades, junto con el reordenamiento urbano… así como un aeropuerto con más capacidad, “uno de primera”, que permita más conexiones, como el de Cancún. En cuanto a Nuevo Vallarta, donde posee un condominio, sostiene que es “un gran destino, es como un lunar”, por sus servicios y equipamiento.

Pese a todo, Lemus es optimista y está convencido que esta costa tiene mucho futuro atrayendo visitantes de Estados Unidos y Canadá. Ha estado muy pendiente del potencial de Costa Alegre. En particular, El Tecuán, playa casi virgen a la que le ve un “futuro interesante”, y que podría albergar a la marina más espectacular el Pacífico mexicano.

Mayor de cinco hermanos, de los que fue guía y tutor, Miguel Ángel ha dejado huella en este lugar. Además de sus logros empresariales, fue uno de los fundadores del Colegio Americano de Puerto Vallarta, concebido como uno de los elementos ancla del desarrollo de la Marina.

En sus propias palabras: “Mi fortaleza es dar resultados, mediante el análisis de la situación, mercado objetivo, el conocimiento de la oferta y la demanda y del posicionamiento de marca y producto en el tiempo presupuestado, con énfasis especial en el sector turístico”.

La cena-charla se ha prolongado hasta cerca de la medianoche. El clima, la música, la comida, los tragos, la cordialidad de Lemus y Cristina… son insuperables. Es prudente poner punto final a la entrevista. Alguien desliza por ahí que “las visitas tienen sueño” y vienen las despedidas. El anfitrión acompaña al elevador a sus invitados, quienes se despiden y agradecen su generosa atención.