Hay desabasto, pero de información


José Reyes Burgos
Opinión

El tema, sin duda, de la semana: el desabasto de gasolina. Este, provocado como efecto de la estrategia implementada por el Gobierno de México (entiéndase que así se le llama oficialmente ahora al “gobierno federal”) en contra del robo de hidrocarburos o “huachicol”, que engloba el delito en su pronunciación coloquial. Las acciones, a primera instancia, fueron repentinas y concretas: cerrar los ductos en los que se detecta más robo para dar un golpe a los delincuentes.  

Al menos 8 estados del país continúan sufriendo de un considerado desabasto de gasolina producto de esta acción, incluida la propia Ciudad de México. Pero una de las entidades más afectadas ha sido Jalisco, pues en la capital Guadalajara hasta el 60% de las gasolineras no despachaban por falta de este hidrocarburo.  

Tras faltar de forma masiva, aunque no total un líquido vital para el movimiento de vehículos particulares y de carga todos los días, una parte de la población en sincronía con los políticos y gobernadores opositores del país, se revelaron en la opinión pública por la falta de gasolina, al ser una afectación directa a la ciudadanía.  

Que la estrategia era improvisada y equivocada por hacer perder dinero a sectores comerciales al no ver llegar a sus clientes, y entorpecer el tránsito vehicular diario, con filas kilométricas en las estaciones de servicio que contaban con el hidrocarburo, debido a que el surtido alternativo que escogió ejecutar PEMEX, transporte a través de pipas, no logra satisfacer la demanda de todas las gasolineras a tiempo.  

Se trata pues, de una batalla muy reñida: la resistencia de la población civil ante el desabasto, contra el combate contra el huachicol vía inanición y extinción de modo operativo. Representa un gigante riesgo político para el presidente Andrés Manuel López Obrador, aunque para bien suyo, la mayor parte de la población (73%) ha soportado y apoyado esta decisión y sus efectos colaterales, según publica en una encuesta el Grupo Reforma.  

No se han anunciado grandes detenciones, y con hermetismo se ha dicho que las cuentas de algunos traficantes de gasolinas han sido congeladas; también el Gobierno de México ha aunado que pronto se detectarán a las estaciones de servicio que compraban el combustible robado. Y el presidente de México ha mantenido su retórica exhortando a la población para que sobrepase el desabasto con paciencia.  

Pero es un hecho que si, a mayor corto plazo esta cacería de huachicol no expone resultados palpables, el apoyo hacia la estrategia del nuevo presidente podría minarse periódicamente, más si resulta en afectaciones económicas a la población, que por ahora ha visto con entusiasmo como el dólar va a la baja y la inflación no es alta.  

Pero, al igual que Felipe Calderón en su momento vio una baja de su popularidad enorme por los muertos que entre la población civil comenzaron a registrarse en su cruzada contra el narcotráfico, Andrés Manuel López Obrador podría verse desprestigiado ante el menor negativo resultado que de su operativo de seguridad sobre el sector energético resulte.  

Con pinzas, lupa y bisturí, debe mantener el gobierno federal esta operación; recuérdese que el Ejército y la Marina tienen tomadas las 6 refinerías de PEMEX y vigilarán los ductos, es decir que las Fuerzas Federales combatirán al huachicol con todo el peso de su institución. Hay que esperar que esta estrategia no se trate de una simulación gigantesca ni de un trazo sin líneas de guía.  

A saber: gasolina si hay y mucha; sólo que no llega vía ductos, sino pipas, y estas no han, por alguna razón, sido suficientes para abastecer a las gasolineras de acuerdo a la demanda que solicitan. ¿Será cierto aquello de que las estaciones de servicio estaban coludidas con el huachicol y compraban una parte de su consumo de forma ilegal, y por eso ahora que solicitan a PEMEX la cantidad de litros real para satisfacer su demanda diaria la paraestatal no se da abasto en enviarles dicha cantidad? Nadie lo ha confirmado, ni desmentido. Ojo con lo que siga.  

Jalisco reclama gasolina, cuando se la roba  

Apenas la semana pasada el gobierno federal realizó un mega decomiso de gasolina robada en al menos 8 estados, 391 mil litros en total, de los cuales casi el 50% se encontraban en Jalisco, almacenados en municipios aledaños a Guadalajara. ¿Coincidencia? Fue casi al inicio del mega desabasto que al día de hoy sigue vigente.  

El gobernador de Jalisco, Enrique Alfaro, ha sido enfático en señalar al gobierno federal por esta crisis de abasto de combustible; desde enunciar que PEMEX ha sido “hermético”, hasta pedir explicaciones. Aunque el emecista gobernó Tlajomulco de Zúñiga, uno de los municipios con más tomas clandestinas del país, sin mencionar siquiera el problema. 

Y así, al menos dos sexenios de gobernadores y alcaldes pasaron sin que el decomiso de gasolina robada fuera un tema en la seguridad pública de la entidad, que, aunque el cuidado de ductos corresponde a la federación y sus instituciones de seguridad, las autoridades locales son vitales para coadyuvar en estas tareas, tan solo siendo quienes todo el tiempo mantienen elementos vigilando las calles y lotes baldíos por donde pasan los ductos.  

No hay, pues, más derecho de los jaliscienses en exigir y criticar al Gobierno de México por combatir uno de los delitos federales de los que, por lo visto, la entidad ha sido más cómplice; que porque, si hay oferta de gasolina robada en el mercado negro, es debido a que existen personas, llámense empresarios gasolineros o conductores de automóviles particulares, que la compraban.  

Ahora bien, el desabasto no es ni total, y ni se trata de la falta de gasolina en territorio nacional. El funcionamiento del transporte público, las empresas de redes de transporte y el transporte terrestre y aéreo continúan sin retrasos; la vida económica no se está deteniendo más allá de la pereza o imposibilidad momentánea de los conductores por formarse una hora a esperar cargar gasolina o hacerlo muy temprano.  

El pánico y las noticias alarmantes corren como Usain Bolt debido a que una enorme cantidad de opositores al nuevo régimen han utilizado esta coyuntura para, como es de esperarse, meterse a la agenda de la opinión pública y cuestionar, algunos llegando al extremo de la mentira y motivando el miedo. Hasta el momento, son solo 8 estados los desabastecidos, y en ninguno, ha cerrado algún comercio ni ha fallado el transporte público, ni ha dejado de haber gasolina de manera total.  

Vallarta, en el milagro  

Para suerte de los vallartenses y turistas, Puerto Vallarta no ha sufrido del desabasto de ni una de sus gasolineras. Aquí la gasolina no llega por el ducto de Salamanca, que es el que abastece a la mayor parte de la ciudad de Guadalajara y su zona Metropolitana, pero es traída en pipas desde Manzanillo, en lotes que en su mayoría son importados.   

Eso ha provocado la calma y un divorcio de la situación en el resto del estado (entiéndase los municipios de la capital de Jalisco). No significa que deba desinteresar el contexto, pero prueba es esto de que ni las importaciones se han detenido, como se ha llegado a señalar, ni mucho menos falta gasolina. También, nunca se ha registrado huachicoles hasta ahora por esta región. 

¿Y el gas? Ya salió a dar la cara la secretaria de turismo para la costa de Jalisco, Susana Rodríguez Mejía, quien le explicó a la prensa de Guadalajara (que hasta acá vino a preguntar si había gasolina y se llevó la sorpresa de que ni falta ni una gota) que la causa directa de que en los últimos 15 días las gaseras no pudieran abastecer en tiempo y forma a los hogares de la ciudad, era que una planta en Tlaquepaque estaba siendo reparada.  

Como sea, gas si hubo siempre, pero no el servicio a domicilio, como lo reportamos en las páginas de este medio durante la semana. Parece ser que el servicio se está normalizando. Hay que estar al pendiente y no hacer compras de pánico. Sobre todo, evitar caer en noticias falsas que llegan por cadenas de Whatsapp y Facebook, sino investigar en más de tres medios de comunicación confiables cuál es la situación real