Triste panorama para las Pymes

Por María José Zorrilla

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En el país el tema del momento es la falta de abastecimiento de gasolina y la palabra de moda es huachicol.  Entre estas dos realidades destaca el uso inapropiado de las autoridades para decir que no hay desabasto cuando si lo hay.  Varios columnistas han ya externado  lo peligroso de alterar el uso correcto de las palabras para nombrar este fenómeno.  Pero el tema que nos ocupa ahora, es que poco se ha dicho en el resto del país sobre el problema del gas, lo que vendrá a agravar la situación en los días venideros, sumada a la escasez de gasolina.  En  Vallarta la escasez de gas ya ha sido un factor importante que ha afectado a pequeños negocios y a muchas amas de casa, desde las últimas semanas del mes de diciembre.   Si bien hay conciencia sobre el problema del huachicoleo y todos quisiéramos que ese cáncer fuera erradicado,  la estrategia pareciera no ser la más adecuada, según han externado especialistas y analistas políticos.  Desgraciadamente el tema de escasez de combustible empieza a constituir un verdadero rompecabezas para toda la economía del país; pero quienes están en mayor grado de vulnerabilidad a sufrir las consecuencias de manera inmediata son las Pymes, que ante un largo periodo sin suministro de combustible ponen en riesgo su supervivencia.  Más de 4 millones de unidades económicas del país son PYMES y esto no es poca cosa, pues ellas representan el 99.8% del total de empresas en México y su aporte significa un 52% del PIB nacional.   Las Pymes enfrentarán un triste panorama este 2019 muy distinto a la gran expectación que había hace algunos meses con la llegada de la nueva democracia.   Se habla que los índices de inflación en el 2018 alcanzaron un 4.9% cuando esa cifra no representa la realidad de los incrementos al costo de la vida y muy particularmente en los servicios de agua, luz, gas y gasolina.  La luz que fue la de mayor impacto en la economía empresarial, tuvo incrementos de hasta un 50% debido a que la generación de la misma ha visto elevar sus costos a lo impensable, ligado al aumento del precio del combustóleo, interrupciones en el suministro de gas natural y en la generación hidroeléctrica; de acuerdo a lo que publicó la revista Expansión el 25 de septiembre de 2018.  Estamos ante dos situaciones diferentes pero con causas similares.  Falta de inversión en el momento requerido, tanto de la industria petroquímica como en la eléctrica.  Robos unos a través del huachicol y otros con gallitos e ingeniosas artimañas para evadir el pago de luz, así como cuentas de numerosos usuarios que jamás recuperarán.  Ambas industrias con sindicatos muy poderosos que fueron cómplices de la debacle, junto con funcionarios y políticos que dejaron pasar las cosas hasta llegar al desabasto, escasez, suministro lento o como guste definirse esta falta de combustibles.  Las palabras empleadas no modifican la realidad que estamos viviendo. Indistintamente de la causa, al momento, la demanda de hidrocarburos y gas natural es bastante mayor a lo que se oferta y esto ha generado caos, pánico y pronto pueden surgir hasta brotes de violencia.  Desgraciadamente la situación con el gas es también muy delicada y por ahora la atención sólo se ha centrado en la gasolina.    No debe extrañarnos que próximamente  empiecen aflorar otras realidades, tan crudas como el petróleo que exportamos y tan apremiantes, que hará falta bastante más que ingenio, talento y buena voluntad para empezar a sortear los retos que ya tenemos a la vista.  Las Pymes no sólo tienen la espada de Damocles ante sus espaldas por la alta competitividad, sistemas operativos ineficientes, falta de tecnología, de personal calificado y de crédito; ahora la luz por sus altos costos y el gas y la gasolina por no haber suficiente, se han convertido en sus peores enemigos.  Vaya panorámica que se nos presenta en este arranque de la Cuarta Transformación.