Guerra contra el huachicol: ¿’Dejavú’ para los mexicanos?

José Reyes Burgos
Opinión


La tragedia, casualmente, colocó en evidencia la existencia del problema que el gobierno federal ha decidido abanderar como causa principal de lucha en su inicio de administración: el robo de combustible. 71 muertos y más de 60 heridos dejó la explosión de un ducto de gasolina mientras era ordeñado por personas que, aprovechando la fuga que tenía, decidieron robarlo, probablemente para comercializarlo por su cuenta en el mercado negro.  

Huachicoleo”, se le dice coloquialmente a esta actividad de extracción ilegal de gasolina. Y parece ser que será en contra de dicho ilícito la cruzada que este gobierno emprenderá para motivar el ánimo y la simpatía en su favor. CUIDADO: esta sensación ya la hemos vivido antes, y no trae buenos recuerdos.  

Cuando Felipe Calderón inició su administración, prometió acabar con el crimen organizado perpetrado por los cárteles de la droga, mediante el uso de las Fuerzas Armadas; llegaron los atentados del 15 de septiembre en Morelia, y la opinión pública se volcó momentáneamente en favor de combatir al crimen. Pero con el tiempo quedó claro que esta campaña del gobierno federal no tuvo ningún éxito y lejos estuvo de acabar con la violencia, sino además, la incremento con el conocido y doloroso resultado que todos los mexicanos conocen. 

Aquella guerra, ahora se sabe, pudo incluso haber sido toda una simulación, cuando algunos capos de la droga pudieron haber negociado con el gobierno federal para beneficiarse mediante un combate a sus grupos oponentes prometiendo a cambio una paz que jamás llegó. Empero, hoy sufrimos los daños colaterales que de esos años quedaron. 

El actual presidente, Andrés Manuel López Obrador, debe tener mucho cuidado en que su no declarada guerra contra el huachicol se convierta en otro asunto de Estado que se le salga de las manos a su administración, propiciando resultados negativos para con la ciudadanía a la que gobierna, y que con enorme confianza y mayoría aplastante, lo colocó en la silla presidencial. 

Para bien de su reputación, la mayoría de la ciudadanía respondió positivamente al desabasto provocado de combustible, a razón de entender que se trataba de una estrategia para combatir el robo de hidrocarburos en los ductos de PEMEX. A raíz de la tragedia ocurrida en Tlahuelilpan, Hidalgo, se multiplica exponencialmente la gravedad del problema; y el discurso opositor que trataba de imputar una negligencia y responsabilidad directa del gobierno a con las víctimasfracasó totalmente.  

Pero no hay discurso que pueda mantenerse sólo con palabras y sin hechos en favor de su orador para siempre; este masivo esfuerzo por combatir al ‘huachicol’, necesita rendir sus frutos cuanto antes, y demostrar que no se tratará de otro callejón sin salida, de golpes al avispero que solamente agraven la problemática; que no se convierta, al final, en un dejavú de la guerra contra el narcotráfico. Eso no podría volver a soportarlo el pueblo mexicano.  

AMLO mantiene a Morena en Jalisco  

No parece haber un esfuerzo coordinado y masivo de los funcionarios, regidores y principales actores políticos de Morena en Jalisco para apuntalar al régimen lopezobradorista. En su lugar, se notan desde hace meses grupos y estrategias aisladas que actúan a iniciativa propia, o repitiendo los discursos que emite el propio presidente o la dirigencia nacional del partido.  

Sin embargo, aún con hermetismo y pocas señales de consolidación ha avanzado la estructura política morenista en el estado. La cúpula, oficialmente encabezada por Carlos Lomelí Bolaños, el delegado del gobierno federal en Jalisco, no ha dado muchas instrucciones a sus militantes ni simpatizantes, quienes cada vez se desesperan más no solamente por ocupar posiciones estratégicas en la administración pública, sino tomar rumbo en el escenario político local. 

Una bancada en el congreso que ha comunicado sin mayor trascendencia ni agenda, y la lentitud del delegado Carlos Lomelí para nombrar titulares de las delegaciones federales a las que dirigirá; así como el hecho de que el partido no tendrá elecciones internas hasta noviembre de este año; han provocado fragmentación en los liderazgos y agendas descoordinadas que no llevan al Morena hacia un despegue en el estado, sino a su estancamiento.  

En el lado contrario. Movimiento Ciudadano intenta comprar y coludir a funcionarios y estructuras morenistas para que se cambien de partido; cuando otros grupos políticos en formación también realizan ofertas atractivas a morenistas ‘huérfano´ para que desistan de su militancia izquierdista.  

Solo un factor foráneo mantiene íntegras y unidas a las estructuras morenistas de Jalisco, así como a sus líderes y funcionarios, y los hace prescindir de la opción para cambiarse de color: la fuerza y convicción de la investidura presidencial que ejerce Andrés Manuel López Obrador. Porque en cualquier parte del mundo, si se es miembro del partido oficialista o de Estado, por conveniencia son varias las ventajas o beneficios que naturalmente se tienen, o de menos, el aparato gubernamental representa una sombra protectora, o cuando menos prometedora.  

La convicción de los morenistas hacia el líder, no Carlos Lomelí, no Yeidckol Podlevsky, no Marcelo Ebrard, sino el mítico Andrés Manuel, los ha llevado en Jalisco a prosperar y mantenerse en pie, pese a escasear las posiciones y no estarse moviendo la maquinaria. Pero ese rumbo podría tener un alcance limitado… 

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