Aventuras de un pintorGente PV

Novela 11 Segundos/ Entrega 19

Por Federico León de la Vega

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El susto de encontrar a Jenny esperándolo en lo oscuro de su viejo auto disparó en Íñigo una franca carcajada; le salió del alma. Siguió un beso y luego un faje.

Siendo el buen sexo el mejor pegamento para remendar parejas rotas, lo aplicaron generosamente. Ya después, con calma, repasaron el enojo del día,

-Eres un imbécil -le dijo ella- ¿te pensabas ir sin despedirte?

-Pues ¡tú te fuiste primero y luego te vi con otro!

-¡Lo seeeé! Te vi espiándome detrás del periódico; fuiste muy obvio- dijo ella entre risas satisfechas- Yo podría distinguirte bajo cualquier disfraz, nomás viendo cómo caminas.

-¿Me estarás diciendo viejo?

-Noooo. Caminas… ¿Cómo diríamos? “Con parsimonia”

-¡Wow! Una elegante palabra para alguien que hasta hace poco solo sabía decir “chido”

-¿Lo ves? Eres definitivamente mamón y ofensivo. Pero no importa, puedo quererte así. La prueba está en que me dormí en tu auto para que no te escaparas. Y tú que te crees el sabelotodo ni te imaginas de dónde saqué la palabra.

-De verdad que no me lo imagino- le confesó él.

– En mi terapia me enseñaron el “Principio de Parsimonia”. Me hicieron ver una mala película  para que aprendiera que la solución más sencilla es casi siempre la mejor. Ahí había un personaje que se llamaba como tú.

-¿Y tu galán de esta tarde?

-No te fijes. Es gay ¿no está guapérrimo? Sabía que te daría celos, por eso le invité a comer…pero tampoco quería perderte.

-… ¿y la película de qué trata?

-Pues…de un príncipe muerto que tiene que dar a un milagrero una buena razón para que lo vuelva a la vida.

-¿Tú crees que haya otra vida?

Por breves instantes Jenny buscó una respuesta, pero descartó el intento y rápidamente respondió

-No sé. Lo que sí, es que ésta hay que vivirla a tope. ¿Por qué preguntas? ¡Ja-ja! ¿Sientes pasos en la azotea? ¿Eh güey? –ella sabía que a Íñigo le irritaba ese modo de hablar.

Al contrario de Jenny, Íñigo sí se puso a ponderar una respuesta. Pensó en platicarle de la buena vida que le había tocado vivir, de que siempre había sido un optimista, de que había gozado mucho y aún gozaba.  Pero que siempre  había tenido la sensación de que algo más faltaba, que al final resulta igual, porque de todos modos todo se acaba y todo acaba en muerte, enfermedad o locura. Sin embargo, se contuvo de aburrir a Jenny con filosofías. Finalmente le dijo: -Yo tampoco sé. Esta vida tiene mucho de bueno, pero no sé si querría repetirla.

-No te compliques. Es más sencillo reír. Lo que te toque lo gozas si te toca bien y si no: lloras y ya.

-¿Cuántos güeyes te has tirado?

-Y tú, de verdad, ¿Cuántas putas?

Íñigo otra vez meditó la respuesta, como disfrutando recuerdos, pero evitando parecerle mamón. –No eran putas Jenny; casi todas fueron intentos  por llegar a algo.

-¿Casi? A qué podremos llegar tú y yo por ejemplo? ¿Me querrías igual si yo tuviera tu edad? ¿Si no tuviera este glorioso cuerpo?

La expresión de Jenny evocó algo que  Íñigo había leído hacía mucho tiempo. En verdad ella tenía un cuerpo glorioso.

-Si estuviera arrugada y con las chichis caídas no me querrías igual.  ¡Qué poca madre! Dijo burlona.

Sin dar importancia al comentario, Íñigo viajó en el tiempo hasta su primera novia.

– Me dejaste pensando en tu película  ¿qué razón dio el príncipe muerto para volver a la vida?

-“El amor verdadero.”