Aventuras de un pintorGente PV

Entrega 20

Por Federico León de la Vega
Novela 11 Segundos

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La respuesta de  Jenny dejó pensando a Íñigo. A ella no le gustaba hablar sobre su terapia. Se arrepentía de haberla mencionado. Ahora temía ser juzgada.

-¿Y tú crees en el amor verdadero?

– Yo no puedo pensar en el amor – dijo Jenny – La verdad es que no importa. Mi tiempo ya pasó. Estoy contigo unas cortas vacaciones, las combino con mi viaje de trabajo y luego regreso a lo de siempre. Sólo disfruto de este momento, mientras hacemos el amor y estamos acurrucados. Me quedan recuerdos y ya. No pienso más.

-Pero Jenny, a tu edad…

-A mi edad tengo un hijo. Cuidar y sacarlo adelante también es amor, aunque me recuerde al imbécil de su padre. Cada vez se le parece más y más. Mira, todo mundo anda buscando la pareja perfecta, luego se casan y resulta  como dicen: el matrimonio es como un establo al que los caballos de fuera quieren entrar y los caballos de dentro quieren salir. Y así la pasan, entrando y saliendo de matrimonios.

-Ya. De acuerdo en lo del amor a los hijos ¿pero, no quisieras un compañero de fijo?

-Claro que sí, pero no creo que exista. Ni modo que piense en casarme contigo. Podrías ser mi abuelo. Estoy contigo porque eres cariñoso, porque me sabes acariciar. Me gusta cómo me tratas y que no hagas caso a mis caprichos y tonterías.

-Comienzas a sonar muy madura.

-Mmm…me lo han enseñado en terapia. Ahora estoy menos loca que antes, aunque ya no tengo tantas ilusiones. Igual que muchas de mis amigas, soy madre soltera. Voy al cine, veo películas románticas y me gustan. Me emociono pero a la salida regreso a la realidad. Estoy amarrada a una vida que no escogí, pero no debo quejarme. Hay peores cosas.

Íñigo no supo qué más decir a la chavala. En mucho tenía razón. Solo la escuchaba a sabiendas que los consejos de abuelo sabio salían sobrando; cualquier cosa que dijera podría sonar falsa. ¿Qué hacía un viejo como él con una chica tan joven?

Al día siguiente por la tarde Jenny partió de regreso a casa. Al pie del autobús se despidió de Íñigo como si nada. Íñigo en cambio sintió que su corazón se arrugaba como una uva pasa. Viendo que ya el sol caía decidió pasar la noche en el puerto para volver a su cabaña por la mañana. Recogió un libro y después fue a deambular por la marina, sintiéndose como perro sin casa. La idea de volver a la habitación donde había estado con Jenny lo abrumaba. Aunque estaría vacía, en el ambiente sentiría su aroma y sus recuerdos. Nunca había sido bueno para enfrentar ausencias.

Así las cosas, se encontró con José. Él era un antiguo compañero de escuela con el que se topaba de vez en vez cuando él llegaba de vacaciones. Con esa complicidad de los viejos que aún pretenden alguna juventud, llegaron al tema de las mujeres. Sin revelar nombre (nunca lo haría) ni detalles, Íñigo le compartió su sentir mientras José escuchaba con atención divertida. Después de un rato callados, le respondió con una sentencia que Íñigo conservaría:

-“Envejecer sintetiza la juventud”. Te ubica en la vida con conocimiento de causa, con las vivencias acumuladas al ocaso de la vida la juventud florece.

Íñigo se quedó viendo la línea azul del horizonte, interpretando en la mente lo que había dicho José. La equiparó al dicho gringo “Youth is waisted on the Young” De joven pierdes oportunidades por no saber, de Viejo sabes, pero las oportunidades ya han pasado.