La geografía cívica en México (DF)

Por José M. Murià

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Esta nota es meramente anecdótica, pero si ascendemos varios escalones de estos tal vez nos podamos asomar  a un problema de mayor.

Pienso, en primer lugar en un flamante arquitecto egresado de una prestigiadísima universidad privada del DF y oriundo de la misma entidad, con quien me topé cuando él, becado por el CONACYT, hacía brillantes estudios de postgrado en Europa. Comparando las fronteras de allá y de acá, me di cuenta de que el sobresaliente joven ignoraba por completo la existencia de un lugar llamado Mexicali y de que suponía que Tijuana era la capital del estado de Baja California, cuya extensión, según él, era de toda la península del mismo nombre. Dicho de otro modo: Baja California Sur y su capital quedaban fuera de su imaginario…

Poco después, en junio de 2014, recibí una comunicación de la mera directora general de la Revista Alcaldes de México, Norma Pérez Vences, en mi supuesta condición de “Cronista de la Ciudad de Jalisco”. Pedía una entrevista telefónica para “mostrar a los lectores la naturaleza humana [sic] de las mujeres que acompañan a los gobernantes”.

Al sugerirle en tono de broma, que no sería malo que en su empresa se mejoraran los conocimientos de geografía mexicana, recibo una aguerrida respuesta en la que se me aseguraba que, sobre dicha materia, era una verdadera “chucha cuerera” y que yo era un mal educado. Parece que le causó mala impresión este provinciano alzado.

He de decir que, sobre esto último, estoy completamente de acuerdo.

El tercer escalón es que, en fecha reciente, CONACULTA, INAH y una Comisión Mixta de Admisión colgaron una convocatoria para concursar por una plaza “definitiva” de auxiliar de secretaria a la que pueden aspirar “personas con residencia en el estado de Guadalajara”.

Hago caso omiso de la redacción del documento en la que se podría regodear a más no poder cualquier corrector de estilo criticón, pero tratándose de un documento legal es grave no saber si quienes pueden concursar son los siete millones y medio de jaliscienses o nomás los casi dos millones de tapatíos…

En todos los casos se hace gala de una ignorancia crasa, pero alarma el hecho de que se trate de personas de una escolaridad superior, muy por encima del promedio nacional, y, más aun, que todos los involucrados en estos tres escalones estén en cierta medida relacionados con el quehacer cultural. En consecuencia, podríamos suponer, alarmados, que personas de otra índole en el Distrito Federal deben estar en condiciones mucho peores aun.

No es raro entonces que, en el ámbito capitalino, en general se carezca de una película clara sobre el significado del municipio y el rol y constitución de los ayuntamientos y sus regidores, de los cuales se carece en la capital, aunque las tales delegaciones cada vez tienden a parecérseles más.

Volvemos a lo ya dicho hartas veces: Parece que aquella desaparecida clase de Civismo que se impartía lo mismo en la escuela Primaria que en la Secundaria sigue haciendo falta. Quizá no exactamente igual, pero mucho de lo que ahí se aprendía se sigue echando de menos y el sentido de cohesión nacional parece perderse cada día más.