Gratuidad sin populismo

Por J. Mario R. Fuentes (*)
jomarefu@hotmail.com

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Verdad a medias, además de ser sumamente delicada la gratuidad aplicada a la educación superior para ser tratada por políticos al  reformar el Artículo 3ro. Constitucional sin sensatez podría llevar a las Instituciones de Educación Superior mexicanas a una crisis financiera.

No se trata de aplicar a la educación superior la gratuidad a ciegas, lo interesante del caso es aclarar a profundidad el significado de esta propuesta que ya está a discusión en la Cámara de Diputados. Al respecto el doctor Jaime Valls Esponda secretario general de la Asociación Nacional de Universidades e Instituciones de Educación Superior (ANUIES) alertó: la gratuidad en universidades como plantea la reforma educativa tendría un impacto financiero de 13 mil millones de pesos al año para la educación superior.

Por su parte y en el mismo sentido el secretario general de la Federación de Instituciones Mexicanas Particulares de Educación Superior, Rodrigo Guerra Botello, pide mesura a los legisladores en su respuesta dado el impacto que este asunto representa en estos momentos de incertidumbre y en los cuales las universidades privadas ahorran al gobierno 145 mil millones de pesos anuales, al atender a 1 millón 600 mil estudiantes, esto representa el 35 por ciento de toda la matrícula universitaria nacional, según el titular de la FIMPES.

Las instituciones de educación superior no tienen por qué demeritar sus servicios a los estudiantes, por el contrario; la calidad en estas casas de estudio tendrá necesidad de imprimir mayor excelencia con el único fin al que están llamadas o sea entregar a la sociedad mejores profesionales, con plena conciencia de su momento en esta época global.

La gratuidad podría entenderse como una entrada de jóvenes y todo el que quiera realizar estudios superiores sin cumplir requisito alguno, se estima que hay poco más de ocho millones de solicitudes en este sentido; podría verse simple, aunque encierra un contrasentido, el cual llevará a demeritar los servicios en las universidades, de por sí muy cuestionados por sus deficiencias, además de agudizar los problemas financieros de esas casas de estudio.

Pensar con el cerebro frio la propuesta; se lee interesante aunque en su esencia es un tanto injusta por las inconsistencias en la calidad de la educación superior privada y pública. La gratuidad no solamente apunta a que los interesados en cursar estudios superiores realicen ese objetivo, no pagarán nada aunque los costos no desaparecen, es la sociedad la encargada de sufragarlos; alguien deberá pagar, no existe la menor duda.

El asunto es quién va a pagar.  El Estado tiene la responsabilidad de garantizar la educación. La gratuidad propuesta está en el aire, dejará descobijados otros programas sociales o se tendrán que incrementar los impuestos; en este caso los empresarios aportarán como inversión a futuro, habría necesidad de consensar este asunto con sensatez.

De todo esto podría desprenderse una triste conclusión, serán los más vulnerables los encargados de esta carga económica a través de incrementos de precios a productos básicos, combustibles, impuestos a satisfactores alternos como cigarrillos, bebidas de todo tipo, en fin un panorama nada aceptable y menos agradable para la sociedad más pobre.

Se tendrá que separar la propuesta de todo populismo, no será válido menos aún justificado ir en esa línea. No se trata de llevar a los verdaderos estudiantes a escenarios de justificación política, se tiene que respetar la educación universitaria, su calidad académica y expectativas sin interrumpir los caminos de los estudiosos, dejar fuera a los simuladores, a porros y gente seudo académica, México no está para ellos, menos aún para abrir paso a la voluntad e imposiciones irreflexivas del Estado.

México confía en la nueva administración federal, eso permite dimensionar los alcances esperados de este proyecto en una nación con millones de pobres, la propuesta se ha puesto sobre la mesa; los ciudadanos podrán cursar una licenciatura, previo bachillerato, sin responsabilidad de pagar nada; esto es justo para los verdaderos estudiantes, no para impostores; también lo es dejar clara la reforma propuesta al Artículo 3ro. Constitucional, sin laberintos con suficiente responsabilidad.

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(*) Egresado de la UNAM, maestro universitario desde 1979, fue investigador del ICS, conferencista, articulista, inició su trabajo periodístico en la Revista Proceso, jefe de corrección primera plana de diario El Nacional, reportero y columnista; galardonado en varias universidades del país,  21 años trabajó en el sector público y conformó el SNIM en la Coordinación de Productos Básicos de la Presidencia de la República, catedrático de la Universidad de la Veracruz.