Por los buenos tiempos

Por Dr. en derecho Miguel Ángel Rodríguez Herrera

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Esos años mozos de color amarillo dorado, de rápido caminar y no menos amar. Con esa mirada serena, altanera y levantada; fija en lo lejos adonde todavía no se puede llegar. Por esas calles mojadas de frías y ventosas mañanas con la cara a los cristales pegada, como esperando un sueño, un sueño de eternidad.

Nostalgia por un pasado que ya no regresará. Melancolía por el presente que irremediablemente se derrama y que, como cristalina agua, de entre nuestros dedos se escapa. Viejas melodías azotan a nuestra alma con sus dulces cadencias mezcladas con lágrimas de íntima añoranza.

Arrepentimientos y tristezas desfilan como fantasmas en el hit parade de nuestras vidas volviendo lentos nuestros pasos y pegajosas las miradas. Un futuro incierto y de inclemente crueldad se apodera de tu corazón partiéndole en dos. Remembrando causas de insospechados efectos se teje el vivir de los tiempos.

Circunstancias ignoradas que cincelaron la existencia de un alma y un cerebro esclavos en un profundo misterio. Pon tu cabeza en la blanca almohada y delira con hermosos cielos pues ya nada se parece lo que antes soñabas.

Eres un recién venido de la perennidad que te imaginas haber nacido ayer pero de Dios saliste y a Él vas, arrastrado por la vorágine de la esperanza y por un inefable anhelo de libertad.

Siéntate frente a tu ventana de mojados cristales, escancia el buen vino y empapa tus labios para de su bouquet disfrutar y, del recuerdo de aquellos tiempos, cuando todo era mejor.

Arrellánate en tu cama, cubre tu trémulo cuerpo fatigado ya, de tanto recorrer y haz un gesto de profundo agradecimiento simplemente por existir, aunque no vivas más. Deja todo lo que en su oportunidad tomaste, abandona lo que tengas y no pienses más en querer hacer.

Entra en el nuevo amanecer que te espera ya. Por los buenos tiempos, por los buenos tiempos, no digas ya más.