Aventuras de un pintorGente PV

Novela 11 Segundos/ Entrega 22

Por Federico León de la Vega

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De no ser porque las luces se encendieron en el tablero y porque los espejos laterales se colocaron automáticamente en el lugar perfecto para su mirada, habría pensado que el auto de José no había respondido a la ignición. El volante se ajustó a la longitud de sus brazos. Al poner reversa se encendió la pantalla retrovisora señalando la distancia que tenía libre detrás del auto. El ronroneo y la vibración acostumbrados en su viejo Porsche no existían en esta silenciosa  y acolchonada cabina del Jaguar. Un termómetro digital señaló la temperatura exacta, Íñigo oprimió un botón para reducirla en dos grados. Se escuchó música. Íñigo comentó en voz alta –Vivaldi, la Primavera- pensando que ésa era la música que escuchaba. Pero no era La Primavera, sino el Otoño de Vivaldi, de modo que sistema de sonido cambió y obedeciendo la voz del piloto reprodujo La Primavera.

Probó entonces cuanto título se le ocurrió. Desde el jazz hasta la tropical pasando por el Rock de los 70’s, no había música que el aparato no conociera. Finalmente optó por escuchar Elskavon. Ahora la pantalla presentaba el mapa de la carretera por la que circulaba el auto. Quiso apagarla, pero equivocó el botón y empezó a recibir órdenes de cómo llegar a casa de alguna mujer. No le conocía a José ninguna novia. Para entonces ya el teléfono celular integrado al auto estaba marcándole a una tal Irene que de inmediato contestó:

-¡Mi vidaaa!, no pensé que hoy llamarías

Íñigo no supo qué hacer. Hubiera deseado tener a un lado alguno de sus nietos para pedirle instrucciones. No quería que la tal Irene supiera que no era José quien le llamaba, ni entrar en explicaciones. Por fin, tras varios intentos logró cortar la llamada. Volvió la música de Elskavon, pero ahora en la pantalla aparecía Google maps.

Pronto Irene intentó devolver la llamada que ella pensaba ser de José. Íñigo supo repetir la operación anterior y cortar la llamada de Irene. Irene era insistente, ¡intentó la llamada tres veces más! Para entonces Íñigo estaba francamente exasperado. Probó otros botones y pronto aparecieron varios puntos rojos en el mapa de Google. Finalmente detuvo el auto para poder atender a la pantalla del celular.

Los puntos rojos tenían nombres de personas, supuso que correspondían a amigos o contactos algunos de ellos conocidos ¡Jenny estaba a 10 km! ¿Cómo era que José tenía el teléfono Jenny? Entonces recordó haberla llamado del celular de José en una ocasión que Íñigo se había quedado sin batería. Tocó el punto rojo marcado con el nombre de Jenny en la pantalla y de inmediato comenzó a marcar número. En la desesperación, Íñigo comenzó a apretar botones.  Con una excelente claridad escuchó la voz de Jenny contestar después del tercer timbre:

-¡José! Te he pedido ya que no me llames.

De pronto otras voces comenzaron a escucharse por las bocinas donde momentos antes escuchaba agradable música. ¡Había organizado una llamada en conferencia, todo pensando que hablaban con José! Las voces comenzaron a preguntar y responder. -¿quién eres?

Y ¿quién eres tú

-Tú llamaste, yo sólo contesté porque es el número de José. ¿Estás con él?

No, pero a mí me han llamado del mismo número

¿Y los demás, quiénes son? Se oyen varias personas en la línea

Íñigo se mantuvo en silencio mientras los otros llevaban a cabo la más confusa conferencia. Una mezcla de risa, asombro y vergüenza lo invadía mientras probaba más botones del híbrido entre teléfono y localizador por GPS. Finalmente consiguió apagar el auto y todo se cortó.