Puerto Vallarta: Evolución de un destino turístico

El valor del estudio histórico es que nos enseña a ver el presente en el pasado.

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Por Héctor Pérez García

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SEGUNDA PARTE

Continuando con los comentarios al libro “Puerto Vallarta, Evolución de un Destino Turístico”, publicado en 2008, vale no perder de vista la evolución de una ciudad cuya economía depende en un mayor grado de las vicisitudes del turismo.

A los problemas  propios de una comunidad en crecimiento cuyo desarrollo no va parejo con su evolución y como consecuencia los problemas se agravan  y acumulan: tuvieron que pasar dos décadas para modernizar parcialmente el sistema de transporte colectivo público (autobuses urbanos); el servicio de taxis no es el que se esperaría en una ciudad turística que pretende ser competitiva con el primer mundo; la fisonomía de la ciudad es la de una linda muchacha con la cara sucia, como diría alguna vez el Prof. Carlos Hank González cuando fue secretario de Turismo. Con o sin planes de urbanización se ha abusado de ciertas zonas de la ciudad para sobre construir edificios de condominios atentando contra la sustentabilidad al sobrepasar su capacidad de carga.

Mientras tanto han surgido en la ciudad modas y tendencias como la uberización (transporte público por particulares), la Economía Compartida, (Alquiler de alojamiento por particulares) y la generalización del sistema Todo Incluido que centraliza el gasto turístico.

El turismo en México; una industria que ve a la Ley General de Turismo como algo innecesario; que ha gozado de una reciente bonanza gracias a las condiciones favorables del mercado mundial y al apoyo de una entidad federal que ahora ha desaparecido (CPTM). El turismo en México que ha ignorado la clasificación hotelera, los Consejos Consultivos en las comunidades receptoras  desechando la planeación colectiva.  La suplantación de Operadores y Agentes de Viaje por las OTAS que controlan los mercados. Todo lo anterior sin una normatividad necesaria para la armónica gestión del turismo moderno.

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ANTECEDENTES EN 2008

A través de un lustro se ha venido publicando semanalmente en el diario Vallarta Opina, la opinión de un espectador del suceder cotidiano desde el punto de vista turístico, he aquí una selección de sus artículos que aún cobran vigencia.

El presente es un balance somero y crítico de la evolución de un destino turístico, desde sus inicios formales al mercado internacional en la década de los sesenta del siglo pasado, hasta la primera década del siglo XXI, se antoja que Puerto Vallarta no aprovechó a cabalidad su potencial, habiendo dejado a las fuerzas de los intereses particulares y a la especulación su grande crecimiento y magro desarrollo.

Nueve lustros de evolución de un destino con clara vocación turística, que habiendo dejado de lado otras actividades económicas como; el comercial, con la cual nació; la pesca que aunque incipiente, se daba en las aguas de la bahía, y la agricultura, riqueza natural y desairada, su crecimiento se ha dado a costa de esas actividades alternativas y del abuso de sus mejores recursos naturales como son sus playas, zonas costaneras y su montaña.

Creemos que la falta de planeación a largo plazo ha dañado a la ciudad y al destino mismo al no haber sabido aprovechar el reducido territorio disponible para capitalizar en toda su potencialidad sus zonas costaneras. El crecimiento sin control no ha producido el desarrollo que el destino merecía pues al fin y al cabo la finalidad del turismo es la mejora del nivel de vida de toda la población y no sólo una pequeña parte de ella. Bastaría conocer el otro Vallarta para evidenciar el fracaso de las autoridades responsables en el cumplimiento de su deber de fomentar un desarrollo equilibrado.

Desde siempre el icono turístico fue el pueblito típico mexicano y su centro histórico a la orilla del mar enmarcado en el verde de sus montañas.

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LA PERSPECTIVA EN 2008. PUERTO VALLARTA: LA EVOLUCIÓN DE UN DESTINO TURÍSTICO

La imagen del centro histórico se descuidó y entró en franca decadencia; la contaminación de todo tipo y la falta de un plan de desarrollo urbano que controlara el modelo de negocios en la zona, más la agresividad creada por el intenso tráfico hicieron huir a residentes a zonas de mejor calidad de vida.

Puerto Vallarta nació como un destino de hotelería tradicional servido con generosidad por las dos líneas aéreas nacionales que lo comunicaban con las principales ciudades del país y extranjeras emisoras de turismo y gradual- mente por líneas norteamericanas. La evolución de la industria cambió las reglas del juego y con la apertura de los cielos de México a los vuelos de fletamento, se abrieron también las puertas a los grandes consorcios norteamericanos operadores de turismo. La intermediación y el control de las vías de comunicación por los grandes tour operadores, en su lugar de origen, les otorgó el manejo del turismo y con ello la supremacía sobre la oferta, ubicándolos desde hace más de tres lustros como el factor de decisión que lo mismo impone tarifas, modalidades y tipo de turismo que alimentan el destino.

Todo lo anterior acusa la ausencia de una política turística a largo plazo que, de haberse implementado en los años noventa del siglo pasado, cuando surgieron otros tipos de turismo y dejaron de construirse hoteles, pudiese haber marcado una ruta para alcanzar el destino turístico deseado.

Existen en la industria del turismo internacional ciertas reglas que debieran ser consideradas en cualquier plan de desarrollo de un destino turístico: el turismo es un fenómeno social altamente discriminatorio, ahí donde va el turismo masivo, el turismo que discierne, el de alto poder adquisitivo, emigra. El turismo masivo, de paquetes, es atraído a través de precio, mientras que el mejor turismo es cautivado por servicios de calidad.

De sus inicios en la década de los sesenta a la fecha cuando Puerto Vallarta gozaba de un turismo de alto poder adquisitivo, la oferta se ha diversificado con hoteles de tiempo compartido, de todo incluido y finalmente con una explosión inmobiliaria para condominios residenciales. Aunado a lo anterior la ciudad se ve inundada en su escasa capacidad con visitantes de cruceros durante las mejores temporadas del año.

Se obliga entonces un análisis objetivo de la situación para tratar de determinar las condiciones actuales y futuras de un destino turístico que ha sido rebasado por circunstancias fortuitas ya que no existe evidencia que lo que tenemos ha sido resultado de una planeación formal.

Enero 2008.

Habría que considerar que las grandes inversiones turísticas se realizan en un territorio que es patrimonio social de sus habitantes, con todo y sus atractivos, recursos naturales y humanos y por lo tanto los beneficios deberían llegar a toda la población mediante la dispersión del gasto turístico.

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(*) El autor es analista turístico y gastronómico.