Monserga humana

Por J. Mario R. Fuentes (*)
jomarefu@hotmail.com

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Aflora la esencia de la apariencia desde su propia individualidad, refieren los que saben de esto. La gobernanza de los seres humanos está regida por su carácter, el destino y el azar no existen para los seres insensibles.

Es una constante la existencia humana en su devenir histórico, una vida que debería ser regulada por la Fe y la Esperanza en el Todopoderoso; aunque la naturaleza agresiva y cumplidas sus amenazas en un momento desesperado, es entonces cuando la verdadera naturaleza destructiva aflora y consume la poca sensatez.

La cuestión está fuera de cualquier interpretación filosófica, el todo humano individual existe fuera del interés colectivo; por eso mantengo la idea del vivir a partir de una visión razonada para admitir las consecuencias derivadas del cuestionamiento colectivo, libre y sin apasionamientos banales.

Cuando el poeta expresó que no debía nada a la vida y viceversa, se salió de él con sus recursos de existencia para agregar: estamos en paz; fue una quimera por supuesto, los dos se debían a su modo y forma, las deudas quedan, las promesas con todos sus recursos emanados de mentiras, ahí quedan como testigos del acierto o la infamia cometida en contra de aquella persona que entregó todo.

No es efímero el  concepto, existe independientemente de lo que se llegue a pensar, sus formas son esencia no solamente apariencia del pensamiento. Lo que se expresa se queda en la posteridad bien o mal; sea un libro, expresión académica o periodística; todo forma el consciente individual y va al colectivo histórico. De su conciencia nadie escapa. Es más, los resultados obtenidos, no seleccionados; no son fuerza física son perfil y acciones internas, lo aplicado se diluye sin desaparecer de la realidad, tarde o temprano acusa y destruye al farsante.

La vida se repite en espirales, de humano a humano, se descubre, respira y se va a la parte más profunda del alma, desemboca en los comportamientos asertivos o equivocados, hasta llegar a cuestionarlos con base en sus valores; pareciera ser  sencillo en apariencia, desentrañarlo es complicado por su esencia, porque perdura como verdad mientras nadie se atreva a señalar los yerros cometidos por el profano, va por la vida sin esencia solamente su azarosa apariencia.

Históricamente los filósofos han sostenido: la persona no llega a descubrirse por miedo “incluso en su lecho de muerte”, por carecer de moral su espíritu interpreta mal, no sabe exponerse hacia los demás,  solamente tiene inclinaciones sin fuerza ni personalidad definida. Sus vínculos se establecen desde lo social sin crecimiento espiritual individual, sin independencia, se acepta sin responsabilidad, carece de identidad, no convence, aunque aplaude por los otros, el protagonista está sin construcción interna, escasea lo necesario para lograrlo.

En el mundo todo cambia, se transforma incesantemente, los sentimientos, los apegos para ambicionar nuevos horizontes; se decide y revelan comportamientos del otro sin el debido respeto. El despliegue de antivalores es fenomenal en el sistema humano, no se trasciende, no pueden sustituirse sus caminos, son variados e irreemplazables, su acto espiritual es deprimente no traza solamente, revela el interior de un insultante olvido rodeado de muchos aprendices.

Admitir la indiferencia ante los diversos problemas indemostrables, no es necesario compartirlo sino vivirlos; escapar de los espacios señalados por los seres vacíos actúan, esos inactuantes, los que renunciaron a su esencia humana, están paralizados en niveles sumamente preocupantes; es lo que se denomina como el más grande desplegado de indiferencia y desperdicio. Llaman a construir una nueva existencia sin visión real de las responsabilidades otorgadas, jamás podrán cumplir y aquellos que lo hacen o al menos lo intentan con esmero e identidad,  son borrados, les estorban a las catervas, al mazacote de limitados.

Se requieren acciones extremas contra actos insanos y altamente corruptos en estos tiempos de crisis, anteponer conveniencias personales a intereses colectivos es gravísimo error, estar por encima de proyectos constructivos y no destructivos o “ratoneros” se llama coherencia, carácter y fortaleza; lo contrario lleva al fracaso en todos los escenarios de la humanidad.

(*) Egresado de la UNAM, maestro universitario desde 1979, fue investigador del ICS, conferencista, articulista, inició su trabajo periodístico en la Revista Proceso, jefe de corrección primera plana de diario El Nacional, reportero y columnista; galardonado en varias universidades del país,  21 años trabajó en el sector público y conformó el SNIM en la Coordinación de Productos Básicos de la Presidencia de la República, catedrático de la Universidad de la Veracruz.