La seguridad bancaria

Por José M. Murià

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De unos años a la fecha han proliferado las organizaciones “policiales” privadas, que han dado ya su impronta en el paisaje citadino. Unas buenas y otras malas, dichas empresas se encargan de la vigilancia de grandes y lujosos edificios habitacionales, de escuelas pomadosas, empresas de postín, aeropuertos y en general de instituciones privadas.

Curiosamente, los únicos que no se rascan el bolsillo para protegerse son los bancos, a pesar de que los tienen llenos y las piastras y doblones siguen entrando a raudales en ellos.

Esgrimiendo cínicas razones presionan al gobierno para que sea éste el que se encargue de su protección, como si no fuera suficiente la legislación descaradamente proteccionista de tales “bandidos de cuello blanco”, que nos legaron Carlos Salinas de Gortari y su distinguido sucesor.

De esta manera, abundan periodistas de prensa, radio y televisión que escandalizan a la población magnificando cada asalto bancario y llevando las cuentas como si se tratara de una competencia.

Antiguamente había una policía bancaria, que patrocinaban las propias instituciones financieras, misma que desapareció cuando éstas pasaron a manos del gobierno, pero no se restableció cuando, para desdicha nacional, volvieron a manos privadas con muchísimas más ventajas que antes.

Es el caso de que sacaron cuentas y vieron que lo que los malandrines se llevan en esta época de poco uso del efectivo no compensa el costo que tendría la seguridad privada, sin importar –claro está- el riesgo al que someten a sus empleados. Pero esto no importa, al cabo hay muchos…

Si a todo aquel que abre un negocio se le obliga, so pena de no darle la licencia, a que tenga en él todos los elementos necesarios, incluso para la seguridad de sus trabajadores, ¿por qué no se obliga a todas las instituciones bancarias privadas que establezcan las conducentes medidas, los necesarios recursos para garantizar en la mayor medida de lo posible la seguridad de sus trabajadores y de los bienes que manejan?

¿No sería ello más consecuente que esperar a que el gobierno hasta ese trabajo les haga y bajita la mano procuren incidir en la opinión pública para justificar su reclamo?

¿No sería bueno que el gobierno, antes que en otras, pensara en una reforma a fondo de los bancos que operan en nuestro país, incluyendo los pocos de nacionalidad mexicana que existen?