Turismo ¿prioridad nacional?

El valor del estudio histórico es que nos enseña a ver el presente en el pasado.

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Por Héctor Pérez García (*)

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TERCERA PARTE

Hace una década se publicó mi libro Puerto Vallarta: La Evolución de un destino turístico.  He aquí uno de sus capítulos en el que se reflejan las condiciones prevalecientes en aquella época.

A excepción única del presidente José López Portillo, todos los presidentes del México moderno desde el licenciado Miguel Alemán Valdez, han declarado oficialmente al turismo como una Prioridad Nacional.

Don José López Portillo dijo en alguna ocasión que el turismo era una actividad frívola, y con acciones probó su dicho.

En cambio el turismo tuvo en el licenciado Miguel Alemán Valdez a un gran promotor a quien debe acreditársele desde el nacimiento de Acapulco hasta la promoción de México en todo el mundo. La labor del licenciado Alemán al frente del Consejo Nacional de Turismo no ha tenido igual desde su muerte. De hecho don Miguel fue el embajador turístico de México al mundo.

De los presidentes de México, posiblemente haya sido el presidente Echeverría quien menos habló sobre el turismo, pero ha sido el que más hizo por la industria sin chimeneas. Recordemos su decisión histórica para desarrollar Cancún y su política de cielos abiertos para la aviación.

Lo cierto es que, aparte de esas dos excepciones, el turismo jamás ha sido una prioridad ni para el poder ejecutivo, ni para el legislativo, en nuestro país. A pesar de eso, la industria turística en nuestro país se ha desarrollado hasta convertirse en las últimas décadas en un factor de captación de divisas extranjeras y contribución importante al Producto Interno Bruto, amen de coadyuvar en el equilibrio de la balanza de pagos del país.

Aquí mismo, en Bahía de Banderas, el presidente Echeverría nos legó lo que ahora es Nuevo Vallarta entre otras muchas mejoras a la región, todas ellas con una visión turística.

El turismo, como toda actividad económica nos presenta oportunidades y desafíos. Ver al turismo sólo como una fuente de beneficios económicos para las comunidades donde se le explota, sin percatarse de sus amenazas, es una miopía que eventualmente puede pagarse caro.

El turismo afecta al medio ambiente y al equilibrio ecológico de la tierra; atenta contra las costumbres y la identidad de los pueblos, transforma hábitos sociales y es la razón de que ya, desde hace años, la ONU haya fomentado programas para neutralizar sus amenazas.

Desde el punto de vista socioeconómico, el turismo es el fenómeno más importante del mundo moderno. Los flujos de turistas y recursos financieros son calculables y sorprendentes por sus cifras.

Países que han encontrado en el turismo un soporte importante para su economía, como puede ser España, no hace mucho declaro a esa industria una Prioridad Nacional. Sólo que allá si hubo la coordinación y la voluntad política para lograr la meta que se propusieron: elevar la calidad del negocio turístico.

Un incremento sin fin de visitantes a cualquier país es indeseable, y España, con más de 50 millones de turistas al año, tuvo que voltear los ojos a la calidad en contra de la cantidad.

Muchos lugares del mundo que subestimaron o ignoraron las amenazas del turismo, han pagado o están pagando las consecuencias. Aquí mismo, en nuestro país tenemos el ejemplo de Acapulco.

Acapulco fue uno de los destinos más conocidos y famosos del mundo de su tiempo. Pero Acapulco se acabó… o más bien se lo acabaron. ¿Quién o quiénes?, ¿fueron los hoteleros que sobreexplotaron sus instalaciones?, ¿o las autoridades que no actuaron oportunamente ante los abusos de los sindi- catos?, ¿o la comunidad que creyó vivir en un mundo de bonanza que nunca se acabaría?, ¿o la apertura de nuevos destinos turísticos?

Acapulco, o más bien el sindicalismo de Acapulco lleva el cuestionado honor de haber inventado los “bloqueos” de transporte público para obligar el transporte del turismo exclusivamente en taxis o vehículos de taxistas.

El mal ejemplo cundió en esta ciudad y la amenaza está latente porque la pretendida “prioridad” del turismo también es letra muerta en los municipios. El turismo, señores diputados, es una industria incomprendida en nuestro país. Es una actividad que sólo le merece dos párrafos en su Informe al señor presidente de la República. Es un negocio de importancia nacional que no aparece como prioridad en la agenda de las Cámaras Legislativas. Es la razón de sus insuficientes presupuestos; de la improvisación en los secretarios de turismo, del atraso que sufre la Ley Federal de Turismo, que no incluye las nuevas tendencias y sus consecuencias. 
Es el origen de que las tarifas aéreas nacionales para volar a Puerto Vallarta sean las más caras del mundo por milla volada. ¿En dónde está la prioridad del turismo, cuando la mano izquierda hace lo contrario que la derecha y ambas al revés que la cabeza?

Puerto Vallarta, vive mal comunicado con los dos mercados potencia- les, más importantes del país, después de la Ciudad de México: Guadalajara y Monterrey. Las tarifas aéreas desproporcionadas hacen a nuestra ciudad inaccesible por vía aérea.

También es la razón de que Puerto Vallarta no cuente con una autopista directa desde la capital del Estado, cuando en estos tiempos el turismo nacional se moviliza por carretera en grandes proporciones.

En noviembre del año pasado se llevó a cabo en varias ciudades del país, un foro organizado por las Secretarías de Turismo y Comunicaciones y Transportes. El objetivo fue escuchar opiniones para proponer una política nacional sobre cruceros. En esta ciudad el suscrito fue la única voz que se alzó en defensa del municipio y de la sociedad, pues los turistas que arriban por mar, que en esta ciudad ya llegan a más de 200,000 anualmente, no pagan un centavo a las arcas municipales, que sí tiene la obligación de proporcionar servicios e infraestructura para recibirlos y atenderlos adecuadamente.

Es evidente que muchas otras voces se alzaron en defensa de un fin justo y equitativo. Ambas secretarías han sometido al Congreso un proyecto de política nacional sobre cruceros. En la misma se incluye el cobro de un derecho de internación, con beneficios económicos para los municipios.

En mi opinión la Cámara de Diputados tiene una extraordinaria oportunidad por hacer mucho por el turismo de este país.

(Aún cuando le Ley se aprobó en el Congreso, sus efectos fueron congelados bajo el argumento de promover este segmento del turismo. En nuestro país como en todo el mundo se cobra una cuota de internación a todo viajero que se interna a excepción de los pasajeros de los cruceros).

Mucho ha cambiado el turismo en una década, mientras que nuestro país sigue sin consolidar una industria fuerte que confronte con éxito las amenazas internas y externas. Al principio de su mandato el Presidente Echeverría optó por votar en la Asamblea de las Naciones Unidas a favor de una resolución que condenaba a Israel, eterno aliado de los Estados Unidos. El resultado fue un bloqueo del turismo norteamericano a nuestro país. México tuvo que humillarse y pedir perdón. ¿Quien nos dice que esto no pueda pasar de nuevo?

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(*) El autor es analista turístico y gastronómico.