Jules Verne

Por Nacho Cadena

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Marzo es el mes en que se conmemora la muerte de uno de mis personajes favoritos. Jules Verne murió el 24 de marzo de 1905. No solamente fue un escritor, un precursor de la novela científica en un entorno de ficción, sino también un investigador, un sociólogo y hasta un inventor sin laboratorio.

Con sus aventuras se adelantó a su tiempo, anticipando a quienes tuvieran la mente abierta los avances tecnológicos que dominarían el mundo los próximos años.

Nos habló del viaje a la luna, el submarino, el reloj eléctrico, la computadora, el correo electrónico… todo ello una realidad ya.

Pero como todos los que se anticipan a su tiempo, sus relatos, tan bien detallados que deberían haber servido más para la industria y la ciencia, solamente fueron motivo de asombro y placer, nunca de camino para el progreso.

En este sentido, me parece se asemejó mucho a Leonardo da Vinci. Dos seres humanos poco entendidos y poco aprovechados en los avances de la humanidad. En el transcurso del tiempo se fueron reconociendo méritos, hasta homenajear al autor.

Pero cuánto no nos ha hecho disfrutar con sus narraciones fantasiosas y con esos viajes magníficos que los chamacos de mis tiempos platicábamos con asombro abajo del único farol de la luz eléctrica que había en el vecindario.

Solamente terminaban las reuniones cuando se escuchaban los gritos repetitivos de las mamás llamándonos a ir a la cama… mañana hay escuela.

Francés de nacimiento, en Nantes, el puerto situado a orillas de río Loine, nacieron las inquietudes del joven por sus viajes aventureros de todo tipo.

Cómo disfrutamos La vuelta al mundo en ochenta días, con un flemático Phíleas Fogg atreviéndose a realizar un imposible viaje para ganar una apuesta, acompañado siempre del inseparable Passpartou, quien, por cierto, en el cine fue encarnado por nuestro insuperable Mario Moreno Cantinflas.

Viaje al centro de la Tierra, la historia apasionante e increíble de una expedición que entra en el corazón de un volcán para llegar al interior de la Tierra.

El libro 20,000 leguas del viaje submarino nos muestra a un misántropo capitán Nemo al mando del submarino Nautilus y donde nos guarda miles de aparatos, palancas, técnicas de navegación totalmente sacados de su imaginación y que después, con los años, fueran haciéndose realidad. De hecho, el primer submarino movido por energía nuclear lleva el nombre de Nautilus, en justo homenaje al celebre de la historia de Verne. Hasta Disney ha hecho una película con el nombre del Capitán Nemo.

La narración de la Tierra a la luna: acuérdate de esa apasiónate aventura de aquellos lanzados por un poderoso cañón, dentro de una cápsula y puestos en órbita. ¡Qué increíble narración!

Muchos años después, en la vida real, una madrugada a las cuatro de la mañana pudimos presenciar en los viejos televisores cómo Neil Amstrong pisaba por primera vez la luna, dejando una huella humana y una bandera del país más poderoso del mundo. La fantasía hecha realidad.

Y así una tras otra Jules Verne publicó 65 novelas, unas 20 historias cortas y ensayos y 30 obras más entre libretos de ópera, trabajos de geografía y obras de investigación.

Verne nació en 1828 y murió en 1905, dejándonos las lecturas más increíbles que con más de un siglo de antelación nos hizo llegar a la luna, volar en helicóptero, navegar en submarinos y recrearnos la imaginación y la fantasía.

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SUEÑO DESPIERTO

Hoy, por lo pronto soñando despierto, monto mi alado caballo, mi pegaso Ventus, y junto a mi Allegra mi asesora de las cosas bellas de la vida, sin ninguna preocupación nos lanzamos al espacio, a gozar de cerca de la hermosa rareza del firmamento estrellado.

Desde ahí arriba, a muchos kilómetros de altura, seguiremos en contacto con Jules Verne, quien cerca de la muerte, dirigiéndose a su hijo Michael y a su amigo Hetzel, tranquilamente se despidió diciendo: “Sed buenos”.

Por fue todo. Muchas gracias. Hasta el próximo viernes.