Formar o deformar

Invertir en los bebés tal vez sea la última utopía para tener una ciudadanía y una sociedad más sanas, menos violentas.
– Dr. Bernard Golse (1999).

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La muerte no se reparte como si fuera un bien. Nadie anda en busca de tristezas.
– Pedro Páramo.

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Por J. Mario R. Fuentes (*)
jomarefu@hotmail.com

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Los límites del comportamiento humano no se pueden interpretar a partir de gustos o inclinaciones, va de los adultos a los niños y se conforma en ellos para fortalecer su personalidad en la adultez.

Bien se dice que el acto espiritual en el aspecto e trazar límites  revela el interior del emisor de ellos para conformar valores de obediencia basados en valores universales. Esto se revela en lo más hondo del que orienta y penetra en los comportamientos del otro, permite reconocernos en él, saber de lo que será capaz para auto trascenderse y desplegar valores hacia las personas amadas.

Se descubren esencias desde las apariencias es la individualidad. Esa relación de adulto a seres en formación permitirá descubrir su esencia con el fin de hacer perdurar lo que es insustituible en el espíritu de sus acciones futuras. Fortalecerlos en un sentido de vida plena.

Los límites al comportamiento humano no se repiten de uno en otro; cambian, descubren y deciden las acciones consideradas adecuadas para existir con dignidad. La fidelidad en este ejercicio no tiene por qué convertirse en pretexto para la represión en casos de desobediencia, sino en comprensión de su personalidad espiritual que se pretendió formar en él.

El establecer comportamientos, en este contexto, es expresión objetiva a partir del vínculo de parentesco, sirve para el encuentro de actitudes,  sin necesidad de reprimir sería el último recurso aconsejable, es un proceso de crecimiento, aprendizaje y subjetivación en la mayoría de las ocasiones incomprensible, los actos de orientación temprana se realizan como expresión de libertad, para lograr la realización humana.

Todo esto se establece en un ámbito de crecimiento con independencia, se tendría que aceptar tal cual para integrar a cada momento la identidad del que enseña y del que aprende con base a la orientación debida para dimensionar su actuar futuro y compartir la vida en sociedad, lo que implica convencerse de lo trascendental de la relación  e interdependencia educativa, en otros términos construir un futuro con libertad en los aspectos bio-psico-socio-espirituales.

Cuando se forma a un ser humano se comparte responsabilidad con él, se espera y se construye para conformar la visión real de sí mismo así como del ámbito en el cual vivirá. Lo contrario es valerse o anteponer la conveniencia para pasar por encima de los proyectos mutuos hasta convertirlos en abstractos, eso es patrimonio de una persona incoherente y sin fuerza de carácter.

La indiferencia es contraria a la razón jamás tiene propósito ni fin, la persona que actúa así permanece en el vacío, cuando se elige formar y educar un carácter, primero habrá de poseerlo se renuncia a esto por cobardía. Formar transforma valores en las dos direcciones, se conecta con nuestro Yo en nivel muy alto;  la solución desde mi punto de vista es pensar qué ser humano se pretende entregar a la vida social con toda la responsabilidad que esto implica.

Jamás quedaremos satisfechos con lo que hacemos, tal vez porque no se sabe lo la dirección de los actos elegidos, la fuerza física, el carácter, las acciones se desvanecen tal vez sea ilógico lo que voy a expresar, parecería una “puntada”; reflexiónelo: las nuevas tecnologías van en sentido contrario a la conformación de seres responsables, pierden de vista la formación de los jóvenes, estos tiempos ellas les producen depresión y sufrimiento hasta llegar al suicidio o la agresión contra los cercanos, Internet es valioso si se sabe usar sin llegar a extremos de dependencia emocional.

El formar con valores en esta poca global se ha considerado mero concepto sin esencia de lo que se piensa y realiza; el ser humano que inicia la gran aventura de orientar a los niños, en particular desde la familia o la escuela debe ser gestor consciente de sí mismo con sus propios recursos de existencia.

La vida humana está totalmente gobernada por el carácter, el azar es inexistente cuando hay conciencia. Lo humano y el devenir histórico constituyen un orden regulado por la Fe y la Esperanza en un ser todopoderoso con el temor y respeto a la naturaleza con sus cambios; esto es una visión filosófica de todo lo que existe a partir de nuestro interés, con la suficiente visión.

La razón humana es profunda, aunque no el ser mismo, él se queda a la orilla dentro de un drama nacido en su interior o en un proceso de confrontación del cual nunca podrá escapar, su individualidad le caracteriza y distingue por su mediocridad, sin ser uniforme se autolimita; los fines de cualquier persona es difícil encontrarlos, como diría el gran filósofo Heráclito, tienen una razón profunda. Por todo esto existir va de la individualidad a lo social.

Todos aquellos a los que les preocupe y quieran lo mejor para los futuros ciudadanos deben armarlos de moralidad, respeto a la vida y fraternos, o convertirlos en vulnerables. Aceptar experimentar y tratar de ver con la suficiente claridad en lo que se ha convertido  la sociedad de jóvenes sin dirección adecuada.

Sumidos en las drogas o dependientes de las redes (likes) para lograr reconocimiento social o presos de imposiciones voluntariosas, les ha significado a la sumisión parcial o total, se pueden rescatar opciones para ellos, jamás será tarde.

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(*) Egresado de la UNAM, maestro universitario desde 1979, fue investigador del ICS, conferencista, articulista, inició su trabajo periodístico en la Revista Proceso, jefe de corrección primera plana de diario El Nacional, reportero y columnista; galardonado en varias universidades del país,  21 años trabajó en el sector público y conformó el SNIM en la Coordinación de Productos Básicos de la Presidencia de la República, catedrático de la Universidad de la Veracruz.