Los años perdidos

Por Dr. en derecho Miguel Ángel Rodríguez Herrera

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“Estimadísimo Dr.:

Vengo ante su venia para confesarle mis pensamientos y mis sentires que se a fondo que usted lo comprenderá todo y podrá hacerme alguna de sus valiosas opiniones. En efecto, mi juventud transcurrió en un completo abandono, de mi persona, hacia Dios. Alejamiento que fue ocasionado por mis estudios de las ciencias humanistas a las cuales les dediqué todo el tiempo de mi vida juvenil.

Fueron días y noches de estudio intenso en que yo buscaba lo verdadero entre cientos y quizás miles de teorías cuyos autores provenían de las distintas tendencias del pensamiento filosófico. En su mayoría todas ellas se contradecían formando un amasijo enorme. Esto me produjo una enorme tensión emocional y física pues pocas las horas de descanso y menos para alimentos.

Perdido en la noche del árido pensamiento y en las tinieblas de la confusión cual ciego daba de palos víctima de toda clase de dudas. No había certeza alguna. Exhausto me vencía el sueño que no podía del todo conciliar porque mi cerebro se encontraba en febril agitación acompañada de un frío sudor que el temblor sacudía todo mi cuerpo. Así pasaron muchos, muchos años sin que de aquella oscuridad saliera luz alguna.

Pero en algún momento me llené de una profunda alegría: había descubierto que lo más importante no eran mis estudios y conocimientos que tanto me aquejaron. Fue entonces cuando estudiando las complejas estructuras filosóficas, de manera irónica, ahí, sí ahí, encontré a Dios o mejor dicho ahí me encontró Dios. Comprendí con toda la profundidad de mi mente que lo único verdadero era entregarse a la voluntad de Él porque todo es hecho y gobernado por Él y no por los hombres.

Cerré las páginas del último de mis libros, salí del calabozo de estudio y respiré felizmente el aire de la libertad. Gracias, doctor, por su atención. Pero, ahora, cuando pienso en ello soy consciente que fueron los años perdidos ya que llegué tarde con Dios”.

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RESPUESTA

Es verdad que tú no encontraste a Dios sino al revés. Para llegar a Él existen muchos caminos que nos da. Te colocó en el camino del saber y cuando ya era el tiempo salió a tu encuentro. Todo, todo, se lo debes a Dios. Y jamás olvides que nunca es tarde para el encuentro con Dios.

Gracias por escribirme. Te deseo paz y bien.