Entrevista con un millonario

Por Nacho Cadena

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Me encontré de nuevo con mi viejo y querido amigo, el “Toti”, hombre muy apreciado por mí desde la época de secundaria, y como vivimos hoy por hoy en diferentes latitudes, cada vez que coincidimos en el tiempo y en el espacio es para mí un motivo de enorme alegría. El “Toti” es uno de los personajes que se podía descubrirse desde que son niños el gran futuro que les espera; desde entonces el “Toti” se ganó el respeto y el cariño de todos sus condiscípulos, maestros y hasta del director de la escuela… el respeto se lo ganó por el cariño que todos le teníamos y el aprecio que logró por su calidad humana y sus virtudes.

El “Toti”, mi amigo, es un hombre enormemente rico, no le falta nada, quizá le sobra mucho, pero de lo mucho que le sobra lo reparte todo, lo regala, lo desparrama entre quien va pasando a su lado.

Unos cuantos que lo conocen dicen que ha sido un suertudo, que la vida le ha brindado todo, que la suerte ha sido su fiel compañera, que es de esos seres que todo se les da, que todo le sale, que se sacan la lotería sin comprar boleto. Decía Mundo (Edmundo), el de Ciudad Obregón: “El “Toti” nació parado”. Otros que lo conocen, yo digo que los más, me incluyo en ese grupo, dicen que “Toti” se lo merece, que tiene todo porque se lo ha ganado, su actitud ante la vida lo llevado a cosechar riquezas, las más grandes riquezas a las que un hombre puede aspirar. El paso por la vida lo ha fortalecido. Goza además de buena salud: no tiene presión alta, su colesterol controlado, no padece ningún signo de diabetes, el cabello no se le cae, no tiene manchas en la cara, no tiene dientes postizos, es canoso, pero no se pinta el pelo, no es flaco, pero tampoco obeso, aunque tiene pancita. No es guapo, pero tampoco horrible, no es escultórico, pero tampoco alfeñique, no es alto, pero tampoco chaparro. Yo diría que, en este sentido es un hombre normal; en lo demás es un hombre excepcional. Si le preguntas, el acepta que es un hombre muy rico.

Después de los clásicos abrazos para festejar el reencuentro, de los saludos efusivos, de las majaderías y palabras altisonantes propias de estas ocasiones, convencí al “Toti” de ir hasta mi balcón y ahí conversar y echarnos un trago, un vino, un falorazo, un buche, un alipus, unas gárgaras, un fogonazo o por lo menos una chela, una helada, una elodia, una muerta, una difunta, una fría… una cerveza, pues.

Te aclaro una cosa, mi querido y único lector, notarás que habló del “Toti” con demasiado entusiasmo, lo alabo de más, mis juicios son siempre buenos para él, no soy ecuánime en mis comentarios… ¡cierto! Somos muy buenos amigos y lo aprecio muchísimo, muchísimo,

Llegamos, nos sentamos, nos acomodamos y nos dispusimos a platicar, teniendo frente a nosotros la inmensa y bellísima bahía de Banderas, ahora luciendo mejor que nunca, porque aunque daban ya las ocho de la noche, se podía contemplar lleno de luz cada rincón de la enorme bahía. Empezamos con el clásico ¡salud!  El “Toti”, con una copa de tequila con un diseño muy especial, empujado con una cerveza helada, se quejó porque según él, también el tequila debía estar bien frío, al estilo sonorense. No tienes que decírmelo: en esto el “Toti” está equivocado. Se justifica y se disculpa el error solo si comprendes lo que es el desierto con 45º centígrados de temperatura a la sombra… ¡Salud!

Una conversación con un compañero de secundaria empieza siempre por recordar, por recordar a los compañeros y a los maestros o los eventos especiales, los desfiles, los concursos de oratoria, las competencias deportivas, las excursiones. De los compañeros recordamos al “Cigüeñal” (un muchacho que cojeaba), al “Alce” (uno que siempre tenía un grano en la nariz), a la “Tasa” (un agradabilísimo compañero que solo tenía una oreja), al “Buscaviones” (el que tenía los párpados caídos), al “Buscaveintes” (el que camina siempre mirando al suelo), al “Burro” (el más flojo, aunque el presumía de su apodo por considerarse de extremidades largas).

Cada vez me convenzo más, el Tot tiene la culpa; para ser millonario no hay que tener dinero, hay que tener amigos… Eso sí, buenos, muy buenos amigos. ¡Qué gran riqueza!

Por hoy fue todo. Muchas gracias. Hasta el próximo viernes.