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Maldita primavera

Se ha creado un ejército de zombies sordos y aislados que son incapaces de sentir lo que pasa a su alrededor


Consuelo Elipe

Y llegaron los días que menos me gustan del año. Los días en los que todo florece y comienza ese halo de estupidez en el que todo el mundo parece que tiene que estar más feliz, más delgado, más moreno, más todo…

Y yo no soporto la primavera, en sí misma y porque es preludio del verano que me gusta mucho menos aún. Sudor, humedad, calor, bichos…lo único que se salva es la lluvia que adoro, quizás porque es el único elemento que guarda la melancolía, el señorío que sí tiene el otoño y el invierno. Y es que, si tuviera que poner cara a las estaciones, el otoño y el invierno me los imagino como esos señores elegantes de los 50, con abrigo largo, sombrero, guantes y paraguas. O señora…que para el caso es lo mismo cuando se trata de elegancia.

Pero claro, cómo pretender que a la mayoría de la humanidad le guste algo con clase, si vivimos en el mundo mas corriente posible. La educación es como un animal en peligro de extinción, o como hoy me siento radical, diría que ya es como una especie de la que a veces te encuentras un espécimen y te parece un milagro.

Hoy de verdad ha sido un día muy frustrante. Estoy a punto de tomar un vuelo a CDMX de trabajo, un vuelo de noche y es deprimente. No voy a nombrar la aerolínea, pero de verdad es un chiste, solo les ha faltado decirnos que el vuelo también es virtual, que cerráramos los ojos, en su aplicación por supuesto, y comenzáramos a mover los brazos a ver si conseguíamos despegar.

Todo lo demás era virtual, que quieres que un ser humano te atienda y te de un pase de abordar, pagas, que quieres montar tu maleta, pagas, que quieres tu asiento pagas… pero eso sí, la salvación es la APP, ¡esa sí que es barata!

Y en medio de este caos que para mí suponen los aeropuertos, me pongo a pensar cosas tan profundas como que cuando sea rica ya sé lo que voy a hacer, haré una fundación para regalar audífonos a todos los habitantes de la tierra, millones y millones de audífonos para niños y grandes, para que todo el mundo aprenda a mantenerse en silencio y respete la paz de los demás.

Con eso quizás pudiera resolver que la gente oiga todo a voz en grito, videos, películas, conversaciones… aquí a mi lado sin ir mas lejos. Y lo peor es que la gente no se entera, no se les ocurre que molestan. Se ha creado un ejército de zombies sordos y aislados que son incapaces de sentir lo que pasa a su alrededor.

Aun no sé qué hare con los ladridos de los perros, los dueños ya sé que no les importa, si tú no tienes mascota y te gusta escuchar la tele en tu casa, ¡leer o simplemente pensar es que eres un bobo intransigente! ¡La razón la tienen ellos, faltaría más! Y es que ser alguien a quien no le gusten los perros no tiene perdón de DIOS.

Y aquí estamos en el aeropuerto, escuchando todo lo que todos quieren que escuchemos, viendo pasar gente vestida como si hoy fuera el día de “por favor haga la peor combinación posible”, escuchando a mexicanos que un día se fueron a USA y ya no saben decir pepinillo… ¿&#$%$#&Y#$ ¡! ¿Pero qué les pasa?

Hoy la verdad no me gusta esta nave nodriza que me ha tocado. Muchos marcianos, marcianos de un planeta que cada día me gusta menos.

Puede que sea verdad eso que un día escuche a alguien decir, que cuanto más mayor te haces, menos te gusta la gente, así como grupo. Creo que valoras más a los individuos, a los amigos, a la familia, de uno en uno. Se te quitan las ganas de seguir conociendo más y más.

Y eso me pasa también en las ferias turísticas, me producen un estrés sin precedentes, eso de tener que hablar a gente que no conozco, acercarme y contarles mi película, tratar de venderles algo… me pone mala, literal. Lo que yo daría por ser uno de estos profesionales del turismo que siempre están sonrientes y felices como cascabel, esos que ponen I LOVE MY JOB en redes sociales. Definitivamente ya no será en esta vida, y en la próxima ya me he pedido ser una súper top model de piernas infinitas, así que no sabré lo que se siente siendo feliz en las ferias turísticas.

Por fortuna estos días en Puerto Vallarta el clima parece invierno por algún extraño regalo del universo, y hoy, ya pasada la feria y los vuelos, todo parece más bonito…