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Silencio que voy hablar

Respetar la libertad de expresión no puede avanzar sin la política democrática en la vida de un ciudadano, quien tiene derechos y responsabilidades irrefutables


Por Carmina López Martínez

La libertad de expresión toca los hilos lingüísticos con los que comúnmente la sociedad dialoga entre sí.

Respeto mucho a los periodistas que ejercen con ética, y no de dientes para afuera, sin saliva en la comisuras de la boca, ni la mano olorosa al dinero que reciben para hacer mutis, mientras el escenario nacional se diluye en la pobreza, corrupción y crímenes.

Conservo noticias, entrevistas y libros escritos por periodistas mexicanos que admiro en silencio, pues no hace falta pregonar su legado, ellos mismos se dedicaron a revelar sus pensamientos para quedar en la memoria de un país eternamente dividido.

Aunque a veces la división inquieta, como lo deja entrever el filósofo español Fernando Savater, en su libro Ética y Ciudadanía, donde el autor expone el ejercicio político como un acto intrínseco del ser humano; es decir, toda persona hace política.

Como es eso posible, por ejemplo, cuando un ciudadano se dedica a las bellas artes, pues con la sencilla atención de generar una opinión democrática, decidir, debatir, refutar, cuestionar y disponer de su tiempo y bienes como mejor le convengan.

¿Entonces todos somos políticos?, no precisamente pero puede generar confusiones. Entre hacer política y ser político existe una brecha delgada; como cuando un ciudadano se une a las filas de un partido político deja de perseguir y luchar sus intereses particulares, ya que éstos se tornar colectivos.

Es por eso que Savater explica que un partido político no es otra cosa que una fracción social, un grupo de ciudadanos bien organizados, respaldados por leyes, con poder de decisión y donde todos los miembros pugnan por conseguir un beneficio propio –aunque en campaña se diga lo contrario-.

Por lo que una persona que aplicó la democracia en la política de su vida cotidiana, estuvo guiada por el beneficio colectivo o personal, pero éste no afectaba de manera directa a terceros. Para entender un poco más sobre la perspectiva del intelectual español, recomiendo ampliamente el libro que hace un momento mencioné.

Resultaría interesante analizar el trasfondo del verdadero ejercicio político y aplicación de la democracia en la vida cotidiana de cada habitante del mundo. Aunque dichos conceptos son celosos para comprenderse, la libertad de expresión tiene un objetivo clave en el mundo.

Porque imaginar cumplir cualquier orden, por más ridícula u ofensiva que parezca, sin poder defender los propios ideales, origina un caos mental y solo es algo especulativo.

Quienes se dedican a los medios de comunicación saben del poder que ejerce una palabra, la gravedad de una mentira que afecta la imagen de una persona, el omitir datos o tergiversarlos. Por lo que concluyo que respetar la libertad de expresión no puede avanzar sin la política democrática en la vida de un ciudadano, quien tiene derechos y responsabilidades irrefutables.

En este nuevo siglo de la digitalización, todos –como dice Savater- hacemos política, generamos e intercambiamos información; pero en ningún sentido se debe olvidar que la democracia y libertad de expresión independizan el pensamiento puro del ser humano.

(carmina.lpm@gmail.com)
*Comunicóloga apasionada y mercadóloga por decisión.