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Gracias a ella, El Salado no es otra Marina; falleció hoy

José Reyes Burgos
Puerto Vallarta


Era 1976; Puerto Vallarta era apenas un pueblo que comenzaba a perfilar su modesta pero creciente hotelería, acababa de consolidar una marina y una terminal marítima, ya internacional. Tras el sexenio del presidente Gustavo Díaz Ordaz y el del gobernador Francisco Medina Ascencio, el territorio vallartense ya lucía más decente para hospedar al turismo, gracias a obras como la avenida principal y el aeropuerto.

Entonces, a varios empresarios se les ocurría ampliar la Marina, hacia lo que era una extensión de manglar, para hacerle otra extensión y que a futuro, hubiese más capacidad de albergar yates, lanchas y barcos. También, lucía tentadora la zona para colocar más hoteles. Esa zona, es lo que hoy se conserva como el estero de El Salado.

La idea gustaba a muchísimos funcionarios y hoteleros, porque Vallarta proyectaba un crecimiento enorme y por lo tanto, otra marina sería una acción muy atinada; después de todo, la primera Marina se había establecido sobre lo que eran muchos esteros y manglares, yacían ahí hoteles recién construidos, campos de golf y avenidas listas para albergar condominios.

Pero también encontró férrea oposición entre los habitantes de Puerto Vallarta, quienes vieron el peligro de ver extinta pronto la naturaleza del pueblo. Una de esas personas, fue Esthela Camacho Fregoso, quien toda su vida había residido en este pueblito.

Ella pertenecia a  una de las familias más tradicionales de esta región, los Camacho Fregoso, quienes  a su vez descendían de los Munguía Quijade, que llegaron a fines del siglo XIX a Puerto Vallarta cuando, incluso, todavía se llamaba comisaríLas Peñas. 

Esthela y su amiga Rosa Limón elaboraron y firmaron una petición, respaldada por una gran cantidad de ciudadanos, para que la zona del estero que quedaba frente a la terminal marítima y la Marina, fuera declarada Área Natural Protegida, pues en ese entonces nada evitaba que llegaran a cortar más manglar y construyeran algún edificio, sobre todo cuando la avenida principal había quedado consolidada.

Muchas charlas y mítines, así como gestiones y pronunciamientos, tuvo que encabezar Esthela Camacho para que esta petición, vista con ojos hostiles por empresarios hambrientos de proyectos que dejasen grandes dividendos, llegara al entonces gobernador Salvador Cosio, quien finalmente la extendió, tras la presión de la ciudadanía, al presidente de México en ese entonces, Luis Echeverría.

24 años pasarían hasta que en el año 2000, tras muchas gestiones y planeaciones, se oficializara el Área Natural Protegida del estero El Salado con un Fideicomiso, que cuidaría 168 hectáreas de mangle y selva que albergan a más de 800 especies de animales. Esthela Camacho sentó los precedentes de la mayor área de conservación para Puerto Vallarta, hoy pulmón de la ciudad y rodeada por la mancha urbana, pero con una función muy vital.

Además de activista por la naturaleza, Esthela también siempre actuó con trascendencia política y ciudadana, sin comprometerse nunca en las filas de ningún partido. En 1976 encabezó, por ejemplo, un muy recordado movimiento llamado “No lo queremos”, que buscaba desconocer al alcalde ganador de las elecciones, Eugenio Torres, argumentando que había cometido fraude contra el candidato Efrén Calderón Arias. También se desarrolló en el ramo hotelero.

Aunque en los últimos años, por motivos de salud, poco salía a la calleEsthela Camacho estaba al tanto de lo que acontecía en su amado pueblo. Los integrantes del viejo Vallarta lamentan desde anoche la muerte de Esthela Camacho Fregoso, a quien le sobreviven sus dos hijos. Sus restos fueron velados hoy.