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La colonia Versalles: inundaciones, peste fecal y basura

José Reyes Burgos
Puerto Vallarta


Una colonia muy emblemática de Puerto Vallarta, que está casi totalmente empedrada y mantiene mucha tradicionalidad; une a dos avenidas importantes que cruzan una zona urbana de Puerto Vallarta, la Francisco Villa y la Francisco Medina Ascensio: es la puerta entre el Vallarta habitado y el Vallarta turístico.

Sin embargo, esta zona de la ciudad enfrenta retos muy grandes actualmente, que dificultan el tránsito y la vida habitual en tiempo de luvias.

El primer problema son las inundaciones: varias calles de la colonia se vuelven verdaderos ríos y lagos con hasta 20 centímetros de profundidad, que dificultan el traslado de personas a pie, quienes arruinan su calzado y se mojan al cruzar la calle; pero además los automovilistas sufren para encontrar una vía libre de encharcamientos.

Estos encharcamientos afectan a negocios y restaurantes que en esta colonia abundan, cuyos clientes, o se quedan atrapados por estar rodeado de inundaciones, o prefieren no consumir para evitar problemas.

Y las inundaciones, conllevan  a otro problema: el olor a peste fecal que el alcantarillado del área pegada a la avenida Francisco Medina Ascencio despide. Pues el agua que se encharca en esta zona, despide un olor a desecho sanitario y se torna color negro; la escena es repugnante para muchos: un restaurante de pollo, otro de sushi, un puesto de tacos, donde la gente acude a comer mientras respira un hedor a drenaje estancado y baño.

“La verdad huele muy, muy feo, me da mucho asco aunque ya me acostumbré, pero tiene años y sí es muy incómodo, pobres de los restaurantes porque ese olor les ahuyenta los clientes”, señala “Don Alfredo”, quien vive en la Versalles desde hace 7 años.

 

Señaló también que a su casa el agua ya no se mete, pero porque como la mayoría, construyó un escalón elevado en la entrada para evitar el ingreso de las inundaciones.

Además, existe una notable acumulación de basura en las esquinas y cruces de las calles, debido a que la gente la saca y el servicio tarda varios días en pasar y recogerla, por lo que no sólo se acumula el mal olor y los insectos, sino que cuando llueve, los lixiviados fluyen con el agua y apestan los alrededores.

“Ojalá pusieran un mejor drenaje, o arreglen algo, llevamos años pidiendo eso”, dijo Don Alfredo.