La economía colaborativa: otra etapa del capitalismo


  • “Compartir antes era de pobres, ahora es de listos”
    Albert Cañigueral.

Por Alfredo César Dachary

La economía colaborativa es uno de los modelos alternativos que ha emergido en este siglo, como respuesta a una sociedad con menos dinero y más ganas de consumir. Esto es lo que Paul Mason denomina el milagro del neoliberalismo, se están reduciendo los salarios que quedan ante la pérdida masiva de empleos y la precarización, pero la sociedad cada vez consume más.

Lo que hoy vivimos de economía colaborativa es solo una muestra, como son Airbnb y Uber, y la misma ha sido una revolución porque se ha de enfrentar a las bases del sistema, que se resiste al cambio. De allí que Mason hable de que la economía colaborativa sienta las bases de un cambio en el sistema, en la medida en que se pueda imponer, como un modelo viable que beneficie a grandes grupos de personas hoy excluidos y condenados a vivir en la periferia de la sociedad real.

La economía colaborativa es, en la práctica, una síntesis de dos cosas opuestas, la solidaridad que vivió como modelo antes de que el capitalismo ocupe la mayor parte del planeta y algo opuesto y de última generación que son las plataformas para socializar, operar y promocionar.

Se trata de un trueque donde lo tecnológico es la cara exterior, pero luego viene la relación de partes y las ofertas de que puedo cambiar mis vacaciones a otro lugar donde una propietaria me deja su casa por la mía, aunque no cobremos es un tipo de trueque porque hay, además de ganancias, la responsabilidad.

¿Cómo fue posible que se diera una combinación entre algo tan antiguo como la solidaridad y el trueque y algo tan moderno como la comercialización por medio de plataformas tecnológicas?

Esto es posible porque estamos en la sociedad del consumo, donde los sujetos compran y no siempre usan o disfrutan las cosas, especialmente en Estados Unidos y esto sirve de aliciente para comprar nuevas, disfrutar las que ya teníamos a través de la renta y generar ingresos extras que son siempre necesario en un consumidor nato.

Esa nueva clase que se podría definir por darle un nombre como media, pero es la suma de varias actividades, ingresos y sin futuro a corto plazo, los precaristas, los que viven más libres del horario con menos, pero lo disfrutan, viven en una sociedad donde la comparación y la medición son un principio regulador del estatus, por eso viajar es más representar que disfrutar, las selfies son la expresión terminal de este movimiento cuando se instalan en Instagram.

Este sistema de poder viajar con boletos baratos, intercambiar casas, movernos por medio de oportunidades que encontramos en la red y conocer y hacernos reconocer es un movimiento que no necesita de un viaje largo, toda salida de la cotidianidad tiene lugar en la galería del ego que promocionan Facebook, y todas las diferentes expresiones de redes sociales.

Hoy casas comerciales de nivel internacional reciben ropa usada y dan bonos para una nueva, es un trueque muy particular, que se instala en nuevas modas de reciclaje y en modelos de ropa desgastada, rota, descolorida y otros derivados, que imponen como moda lo diferente, donde no se mide el lujo, sino la creatividad, que a su vez es menos costosa.

En Argentina con la crisis del 2001, la economía del trueque funcionó como un mecanismo fácil y eficiente para superar una crisis de default, que había dejado sin efectivo a la gran mayoría de la sociedad.

Cuando el Estado ingresa a este modelo, algo muy antiguo, en Holanda de tener bicicletas para uso gratuito y en todas las ciudades, asume un modelo colaborativo, no solo con el ambiente o la salud, sino también con el urbanismo actual que hace del auto el eje de la vida y de la contaminación la contraparte.

Cuando se implantan sistemas de trueque se elimina el dinero y en ciertos temas de la economía colaborativa hay manejos tipo trueque, como dar clases de idioma inglés por otras de francés o español, pintar una casa y pagarle con unos muebles es otro ejemplo de los tantos que hay y que hoy la sociedad los toma como un modelo de salvavidas en medio de la tormenta neoliberal.

Los servicios pueden llegar al sistema financiero, pero para hacer lo que es tradicional en el país, abrir una caja de préstamos y al final los ahorristas terminan capitalizando a un estafador que opera esta caja y luego se fuga. Este es un ejemplo del dicho de que para ser rico hay que vender a los pobres.

Existe un modelo el crowdfunding que funciona por operación colectiva, entre personas que realizan una red para conseguir dinero y otros recursos, y se suele utilizar Internet para financiar esfuerzos e iniciativas de otras personas u organizaciones con este fin.

Existe otro modelo muy similar que es el crowdsourcing o tercerización masiva para realizar tareas que tradicionalmente realizaba un empleado o contratista, a un grupo numeroso de personas, a través de una convocatoria abierta.

Los primeros proyectos de Open Source se dan en el área de programas informáticos que permiten el acceso a su código de programación, lo que facilita modificaciones por parte de otros programadores ajenos a los creadores originales del software en cuestión y donde los desarrolladores que se sumaban inicialmente ofrecían su trabajo de forma desinteresada, así se logran importantes software cuyos diseñadores lograron atraer a jóvenes talentos que le agregaban importantes aplicaciones a los programas, una actividad que se hacía porque los informáticos la disfrutaban.

El crowdfunding es un modelo que tiene elementos en común con lo antes planteado y se está convirtiendo en una vía para financiar acciones relacionadas con museos, desde exposiciones hasta creación de nuevos espacios para el arte, pasando por restauraciones.

Es así como cada vez son más los proyectos culturales y artísticos que buscan la aportación de la comunidad para salir adelante, muchas veces encabezadas por un mecenas que cree que ese modelo le permite dar a la sociedad cosas que son del disfrute común, como museos, escuelas o universidades.

Un ejemplo es el caso del Museo Tesla, realizado en memoria de Nikola Tesla quién fue un científico serbio que descubrió la corriente alterna, gracias al cual hoy disponemos de electricidad. Fue en la plataforma de crowdfunding Indiegogo,  que se financió el proyecto para crear un museo dedicado a este científico, que fue todo un éxito y superó la petición realizada.

En este ejemplo encontramos un detalle interesante, relacionado con la administración pública, y fue el Estado de Nueva York el que se comprometió a donar 850,000 dólares para construir el museo en su territorio, si el proyecto conseguía los otros 850,000 dólares que hoy es una realidad, gracias a que a los mecenas se les apoyó en desgravaciones fiscales por sus aportaciones.

Es así como el crowdfunding, la financiación colectiva, como una nueva opción para financiar, en un primer momento, proyectos creativos, hizo realidad la frase del dramaturgo francés Eugene Ionesco que decía: “Nadie es dueño de la multitud, aunque crea tenerla dominada”.

Hoy en día, cada vez existen más webs de crowdfunding y más proyectos financiados por esta vía, algo que supone una nueva revolución en todos los sectores  y una apertura a la confianza de los actores sociales en la sociedad, valor que buscaba recuperar el nuevo modelo colaborativo.

Detrás del éxito de estos proyectos está la comunidad que es el conjunto de personas y organizaciones interesadas en que un proyecto salga adelante. Esta comunidad es un grupo de personas con diversas características que se encuentran asociadas por vínculos sociales, comparten perspectivas comunes y participan en acción conjunta en localidades, regiones o en un espacio mayor en la web, donde es la comunidad como esencia del crowdfunding.

El valor singular del crowdfunding no radica en el dinero sino en la comunidad que se empodera, de allí que los productos o servicios que se ofrecen en este tipo de plataformas tienen un coste menor que los adquiridos o contratados de manera tradicional.

En el otro extremo está el cuidado del ambiente, que se impacta por el movimiento de la sociedad, por ello a nivel colaborativo las plataformas que fomentan el transporte colectivo contribuyen a reducir las emisiones de CO2, racionalizándolo: es mejor un coche que lleve a cuatro personas que cuatro coches llevando a una persona.

La economía colaborativa ha impulsado a muchos emprendedores a crear su propia plataforma, financiación de proyectos y sacar adelante ideas que de otra forma no hubieran logrado nunca la subvención necesaria.

Este nuevo modelo está llamado a enfrentar a los tradicionales solo regulados por el mercado, ya que agrupa a personas con mayor conciencia del consumo, de los impactos en el medioambiente y de la racionalización de la vida en las ciudades, todos principios que sirven para rescatar valores de una sociedad dominada por el individualismo y sus grandes costos sociales.