¿Juntos?… ¡Ni en el cementerio!

Benito Juárez.


Por Humberto Aguilar

Benito Juárez y Miguel Miramón se juraron odio a muerte durante la confrontación que hubo en la guerra de reforma. Uno había de morir en manos del otro, fuera como fuera.

A los 147 años del fallecimiento de Benito Juárez, recordamos esos hechos. Miguel Miramón, por su buena o mala suerte, quedó vivo en la batalla de Chapultepec frente a los invasores yanquis, en esa batalla murieron seis cadetes glorificados ahora como los niños héroes.

Miramón, como cadete del Colegio Militar, pretendió a una jovencita llamada Concepción quien le dijo que le correspondería cuando ya fuera un graduado, Miguel terminó los estudios y le entregó el sable que le otorgaba su profesionalismo.

En la guerra de reforma, Miguel Miramón encabezó a los conservadores, en tanto Benito Juárez como presidente de México defendía a los liberales. Fue un odio a muerte entre los dos.

Miramón tuvo en sus manos la posibilidad de aprehender a Benito Juárez en la ciudad en Veracruz, protegida por el ejército norteamericano, en aquella invasión cuando murieron los llamados niños héroes de Chapultepec. Protegieron a Benito Juárez y la lucha se extendió cuando Miramón se unió al ejército francés que apoyó a Maximiliano de Habsburgo como emperador de nuestro país.

Durante varios años Miramón persiguió a Benito Juárez por todo el país, Juárez se refugió en El Paso, desde donde logró reconstruir al ejército liberal hasta dominar las acciones en diversas batallas que culminaron en Querétaro con la rendición de Maximiliano, Miguel Miramón y el general indígena Tomás Mejía.

Benito Juárez se dio el gusto de fusilar a Miramón, su esposa Conchita recogió los restos y sepultó su cuerpo en conocido panteón de la Ciudad de México.

La historia continuó, Benito Juárez gobernó hasta el 18 de julio de 1872, fecha en la que cayó en cama, víctima de una angina de pecho, murió al día siguiente y sus restos fueron sepultados en el panteón de San Fernando, mismo sitio donde estaba sepultado Miguel Miramón.

Enterada Conchita que su amado esposo tenía de vecino a Benito Juárez, gestionó exhumar los restos de su esposo y los llevó a sepultar en un panteón donde nadie supiera para evitar los hechos.

El odio entre estos dos personajes trascendió incluso después de que ambos murieron. Los restos de Miguel Miramón descansan en un panteón desconocido, en tanto que los restos de Benito Juárez están en el panteón de San Fernando, descansan en el mausoleo familiar.

Dos seres irreconciliables que vivieron una etapa sangrienta en la historia de México.

De Benito Juárez conocemos muchas cosas más, Andrés Manuel López Obrador, presidente de los mexicanos, lo cita con frecuencia durante las entrevistas mañaneras, califica a su gobierno como la primera transformación de nuestro país.

No podemos olvidar que Miguel Miramón dejó grabada también su vida en la memoria de los mexicanos. Los conservadores lo nombraron presidente de México en el nombre de Dios, vivió un corto exilio junto con Juan Nepomuceno y Tomás Mejía.

Nepomuceno, hijo ilegítimo de José María Morelos y Pavón y uno de los conservadores que votaron a favor de Maximiliano para que fuera emperador de México; Tomás Mejía, por su parte, de raza totalmente indígena siguió los pasos de Miramón y Maximiliano y murió con ellos en el cerro de las campanas.

El historiador chihuahuense José Fuentes Mares narra en su libro “Miramón, el hombre” la historia de este mexicano que pudo ser otro de los niños héroes de Chapultepec, que sin embargo, murió como traidor en manos de su archienemigo Benito Juárez.