Aventuras de un pintorGente PV

Novela 11 Segundos / Entrega 46


Federico León de la Vega

Muy de mañana se levantó para acudir a la cita en el café. Tomó una de las mesas más aisladas y esperó a que llegara Jenny. Ella llegó puntual a las 8.30, pero para su sorpresa, no sentó junto a él, sino que ordenó directamente un café para llevar. En sus manos traía un diario recién comprado. Mientras esperaba su café dirigió a Íñigo una mirada larga y sostenida con la que quiso darle muchas explicaciones. Luego, dejando el diario en una mesa para tomar la taza con ambas manos, le dio un sorbo, de nuevo miró a Íñigo, luego al diario sobre la mesa y, dando media vuelta, salió de la cafetería.

Íñigo quedó perplejo, luego se acercó a recoger el diario que había dejado a tras Jenny y regresó con él a su propia mesa. Hojeando calmadamente sus páginas encontró un sobre blanco. Lo abrió y encontró la siguiente carta:

“Muy amado amigo:

Es con inmenso cariño que escribo estas líneas que, como verás, no he podido ni firmar. Estoy muerta de miedo de ser descubierta en contacto contigo. Las cosas son peor de lo que tú me habías advertido cuando fui a la entrevista en los laboratorios. Me espían, ¡nos espían! constantemente a través de los teléfonos inteligentes, a través de las cámaras de seguridad en todos los lugares y de mil modos más. Recordarás cuando José te prestó su auto, que por error llamaste varios números. Entre ellos el mío y luego el de Irene, la mujer que me reclutó para el trabajo que ahora tengo. No entendiendo lo que hacías, disparaste una alarma en el sistema de comunicaciones de la empresa, que resultó en investigaciones. Me temo que el accidente por el que murió José haya sido ocasionado a control remoto para evitar que él dispersara información sobre las actividades secretas de los laboratorios.  El hecho es que trafican con vidas de mujeres y niños de modos inhumanos que tú ni imaginas. Prostitución, esclavitud, comercio de órganos y todo tipo de crueldades. La venta de sangre de bebés es un negocio de inmensa cuantía, aún más grande que el tráfico de drogas. No usan esta sangre solamente para fines médicos, sino para un mercado que existe entre los más prominentes personajes del poder político y financiero; ellos la consumen inyectada o aún bebida para rejuvenecer y prolongar sus vidas. No se trata solamente de criaturas no natas, sino también de niños y niñas secuestrados. Hay una subcultura del poder compuesta de varias sectas satánicas que se nutren del terror. A las víctimas les muestran por anticipado cuál será su dolorosísimo fin justo antes de extraer su sangre. Tienen ritos en lugares ocultos debajo de conocidos templos e instituciones respetables que la mayoría de la gente jamás sospecharía. No puedo explicar demasiado en esta breve carta, pero estoy seguro que para ti, que me enseñaste a desconfiar de la realidad visible y me quisiste advertir de tantas cosas que parecían ridículamente increíbles, será fácil creerme.

Además de José ahora ha desaparecido Irene.  Ella tenía una amiga que perdió la razón cuando accidentalmente descubrió que un tráiler de la compañía de transportes para la que trabajaba, contenía los cuerpos congelados de decenas de niños. Irene intentó calmarla, pero la conversación quedó grabada. Temo que ambas mujeres hayan muerto ya. Mientras tanto, mí me han pedido que tome su puesto, lo cual me aterra. Son dueños de mi vida. Al principio me sedujeron con un magnífico sueldo, luego participé en reuniones de elevado roce social y divertidas borracheras. Una cosa llevó a otra y así me tomaron muchas fotos en situaciones comprometedoras. Ahora esas fotos constituyen la “póliza de seguro” con la que garantizan mi lealtad a su causa. Si me salgo de línea, si descubren que yo he revelado algún secreto, no sólo me matarán, sino que antes seré atormentada con crueldad inimaginable. Son dueños de mi vida.

¡Ay Íñigo! Entenderás que no podré verte nunca más. Quema esta carta pues podrían reconocer mi letra. Es posible que tú también corras peligro. ¡Cuídate!”

fleondelavega@gmail.com