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Verano, sargazo y pequeños tiranos

El porcentaje de tiranitos con teléfono en mano es de susto. Todo el mundo con esa actitud chula y exigente, amenazando al que no cumpla sus retorcidos deseos


Por Consuelo Elipe

Y casi se nos pasa el verano sin darnos cuenta. Cuando uno mira solo a la pantalla de una computadora los tiempos se tornan extraños y confusos.

Por segundo año tuvimos la suerte de tener un proyecto cerca de Tulum, en el caribe mexicano, trabajando, pero afortunados. Y la primera sensación llegando al caribe es de tristeza porque el sargazo ha matado muchas ilusiones.

La ilusión de todos los que teníamos la imagen de un caribe azul brillante de las postales, y al llegar nos encontramos este color tierra, sargazo por metros y la sensación de que es más un barrizal que un mar maravilloso como era. También es verdad que yo recuerdo cuando viajaba mucho por el caribe para la revista excelencias, y llegaba con las fotos y el diseñador siempre me decía, pero, ¿dónde están las fotos esas de la palmera y el mar azul? ¡Si esto es gris! Y es que muchas veces había un tiempo gris, nublado y nada era como soñábamos.

Y también ha matado o al menos perjudicado muchos negocios, que han visto cómo han bajado sus reservaciones porque al ofrecer sobre todo mar y no estar, el viajero prefiere otro destino. Eso obviamente implica menos empleo, menos propina y descontento general al no haber tanto dinero en circulación.

Este año, es un año de mucha reflexión y observación porque todo está raro. Es como si las placas tectónicas se estuvieran reajustando, como si todos estuviéramos buscando formas de adaptarnos, de sobrevivir…Hay que ser más creativos, y hoteles para el que estamos haciendo este proyecto han apostado por la gastronomía de altura y han ganado con ocupaciones por las nubes.

Estas altas ocupaciones me han llevado a poder hacer otro estudio sociológico de esos que hago, como el de los aeropuertos. Muy grinch como me dice mi buen amigo Miguel Ángel que me permite este espacio. Pero es que cada vez hay menos gente que me guste (lo siento). O podemos decir que hay un porcentaje de gente estupenda y un grupo de horror. El grupo de gente normal de toda la vida se va estrechando peligrosamente.

Estas semanas aquí encerrada, me han hecho conocer más la vida en un hotel, sus departamentos, sus situaciones cotidianas, pero sobre todo a los huéspedes y a lo que se enfrenta un hotel diario.

De verdad que la evolución de los seres humanos no me gusta un pelo. Y la del ser humano cliente es para llorar. El porcentaje de tiranitos con teléfono en mano es de susto. Todo el mundo con esa actitud chula y exigente, amenazando al que no cumpla sus retorcidos deseos. Si no me gusta una comida comentarios en redes, si la pizza llego un minuto tarde redes, si la bebida tenía un hielo de menos, redes… Llegan a un todo incluido y piensan que tienen veda abierta a tener a un ejército de esclavos a sus pies, aguantando quejas, caprichos, caras largas, enfados.

Los hoteles se convierten en guarderías gigantes con cientos de niños berrinchudos, solo que algunos tienen mil años y sus berrinches no resultan ni graciosos ni consentibles.

Cada vez la gente es más “lista”, más entendida, más interesante, más viajada…todos saben de comida, de vinos, de servicio. Y los empleados están en modo alfombra exigidos por los gerentes o se produce otro tema muy interesante y es que solo se mueven con propina. Por supuesto que te atienden y de verdad que muchos de los empleados de los hoteles son encantadores porque sí, pero hay un grupo que solo se mueve según les das propina y eso crea un ambiente muy incómodo.

Sin hablar de cómo me molesta la actitud de muchos viajeros de nuestro vecino país con México y los mexicanos. Son infantiles, ofensivos, siempre con esa mentalidad de que pueden hacer lo que quieran, con un humor tan básico y simple. Oh my god!

Y mientras pasa el verano y observo, leo 3 libros a la vez, disfrutando varios mundos diferentes en un intento de que la vida se haga más larga y leyendo de “Animales a Dioses” sigo pensando en este resumen de la evolución y de si realmente vamos para atrás o para delante. Hay una parte del libro que me gustó mucho, cuando el autor habla del fenómeno y casi obsesión por viajar del hombre actual, del turista. Y cómo explica que hace muchos, muchos años ¡nadie se planteaba pasar el verano en ningún lado! Quizás eran sabios.

Solo de pensar en la aventura que supone enfrentarte a una maleta, un aeropuerto, miles de personas, y un infinito etcétera que me pone los pelos de punta, quedarse en casa es hasta una opción más interesante.

O quizás estamos en el momento de descubrir nuevas formas de abordar a los destinos, no como absolutos depredadores, destruyendo todo a nuestro paso, construyendo sin control, pensando solo en cómo rentar cada hueco para tener más dinero…quizás exista la esperanza de encontrar otra forma de conocer al otro con más respeto.