Pesca ilegal mata fauna marina en Bahía de Banderas: CUCosta

Eugenio Ortiz Carreño
Riviera Nayarit


La pesca ilegal en los litorales cercanos es un fenómeno que cada día aumenta, debido a la falta de controles por parte de la autoridad, pero sobre todo debido a la ausencia física de representantes de esa autoridad que debiera estar encargada de regular dicha actividad.

Recientemente, el doctor Daniel Badillo Zapata, investigador del Departamento Ciencias Biológicas del Centro Universitario de la Costa, afirmó que en la Bahía de Banderas, todavía existen personas que tiran en el mar “chinchorros” (Redes de Pesca), que ya no son permitidos, pues es un instrumento de pesca que arrasa con todo, incluyendo tortugas, delfines y pelícanos.

Y puntualizó que el problema es que de diez productos, al pescador le sale uno o dos, y el resto los termina tirando, porque mueren atrapados, afirmó el investigador del CUCosta, quien consideró que “hace falta mayor vigilancia por parte de las autoridades federales como la Comisión Nacional de Acuacultura y Pesca (Conapesca), a fin de combatir la pesca irregular dentro y fuera de la Bahía de Banderas.

Entre los pescadores de la Cruz de Huanacaxtle, el tema es un “secreto a voces”, porque la mayoría sabe que quienes tiran los chinchorros, son pescadores provenientes de comunidades del municipio de Compostela. Pero el problema se extiende desde la Bahía de Banderas, hasta el puerto de San Blas, y la Isla Isabel, entre otros puntos críticos.

Oficialmente no existen cifras precisas que señalen la dimensión del problema, ni mapas confiables que indiquen los lugares con mayor incidencia de su actividad. Mucha de la información sobre el tema se ha basado en percepciones y recuentos anecdóticos, y no en series de tiempo, con datos precisos.

Según una investigación realizada, dicha actividad ocurre en el relativo aislamiento de las comunidades costeras y en un sector con dificultades intrínsecas para recabar información como el pesquero, la complejidad se multiplica. una mirada más profunda a estos fenómenos deberá diferenciar entre dos conceptos distintos.

Por un lado la pesca irregular, o no-contabilizada, que se hace como mecanismo de subsistencia, que no entra a los registros por las dificultades de la burocracia, pero que no se hace con la intención de socavar el marco legal. Es la pesca que ocurre en las comunidades costeras y marginadas donde se ha llevado a cabo de la misma forma por generaciones, y que se hace sin permiso por la dificultad de conseguir uno y no como parte de una operación criminal de mediana o gran escala.

Del otro lado se debe de identificar la pesca ilegal, donde pescadores al margen de la ley se organizan, por ejemplo, para entrar en áreas protegidas o a polígonos asignados a otros, para robar especies valiosas como la almeja generosa o el pepino de mar. Este tipo de pesca normalmente forma parte de redes más amplias que permiten el  transporte y comercio de producto robado.

Si bien, las fronteras entre ambos tipos de irregularidad no siempre son claras, es importante hacer la distinción. La pesca ilegal impacta al país al incrementar la tasa de mortalidad de las especies y generar conflictos entre pescadores. En palabras de un pescador un pescador legal pesca entre 5 y 6 kilos en una jornada larga de pesca, mientras que un pescador ilegal pesca durante la noche aproximadamente 12 kilos de camarón.

Esta dinámica genera un ciclo vicioso: por un lado los pescadores pierden ingresos por una menor pesca pero a la vez enfrentan mayores costos de producción. Esto provoca que la autoridad implemente nuevos controles, sin crear soluciones de fondo, lo que a su vez hace que más pescadores se conviertan en ilegales para mantener su ingreso, señala la investigación.

Por otra parte, es importante señalar que un problema que denuncia esa práctica ilegal, es el constante enmallamiento de especies marinas, desde tortugas, mantarrayas, ballenas y delfines, que quedan atrapados entre las redes y que en muchas ocasiones mueren irremediablemente.