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Comentarios al primer informe de gobierno desde jalisco

El orden comienza en casa, pues es cierto que en materia de política y gobierno se requieren grandes cambios institucionales; por eso en Jalisco debemos acabar con la corrupción, el dispendio y la frivolidad


Javier Orozco Alvarado

Para bien o para mal, el Primer Informe de Gobierno que presentó el pasado 1ro de septiembre nuestro presidente de la república, resume algunas de las principales acciones que de manera directa e inmediata ha puesto en práctica desde que asumió el poder hace apenas nueve meses.

El informe fue estructurado a partir de tres grandes ejes en los que se abordan los temas de Política y Gobierno; Política Social y Política Económica. Pero, a pesar de que en esta primera etapa de su gobierno los resultados han sido relativamente favorables para el país; a diferencia de otros gobiernos el presidente asumió autocríticamente su responsabilidad en aquellos casos que no se han podido resolver por su grado de complejidad. Sobre todo, porque aún persiste el problema de la inseguridad, el abasto de medicamentos y la impunidad que aún existe en instituciones públicas y educativas.

Pero, no cabe duda, que “el poder corrompe y la ambición traiciona”; pues hasta quienes fueron de izquierda o quienes tuvieron la oportunidad de gobernar en el pasado ahora muestran su preocupación por la falta de resultados o por la falta de democracia y de transparencia que ni ellos mismos en su vida han practicado.

Simplemente, en la apertura del Primer Periodo Ordinario de Sesiones los Diputados que encabezan las distintas fracciones del PRI, el PAN, PRD y MC, excepto Ricardo Montreal, de MORENA, criticaron agria y amargamente el Informe de gobierno por la falta de crecimiento económico, la persistencia de la inseguridad, la falta de medicamentos, el gasto social y la falta de democracia y de transparencia del gobierno de la república.

Lo que no se entiende es cómo se van a resolver estos problemas, si en Jalisco, donde gobierna Movimiento Ciudadano, no han parado las ejecuciones, los feminicidios, el abuso de autoridad, los despojos a ejidatarios, el aumento de tarifas de transporte, las inundaciones, el desmonte de bosques y muchas otras acciones que, en lugar de ayudar a resolver los problemas nacionales, los siguen agudizando.

La realidad es que el orden comienza en casa, pues es cierto que en materia de política y gobierno se requieren grandes cambios institucionales; por eso en Jalisco debemos acabar con la corrupción, el dispendio y la frivolidad. También el gobierno de la entidad tiene la obligación de recuperar el Estado de derecho, reactivar la procuración de justicia y depurar los tribunales locales de jueces corruptos coludidos con el crimen organizado. Se requiere, no la refundación de Jalisco, sino construir estructuras democráticas participativas y acabar con las democracias rígidas o de élite en las instituciones del estado.

En materia de política social, en Jalisco, no sólo tendríamos que estar de acuerdo en la necesidad de respaldar los programas sociales del gobierno de la república, sino poner orden a la anarquía urbana y el sistema de vivienda, para evitar los riesgos antropogénicos en el temporal de lluvias. Esto, sin dejar de lado la necesidad de ampliar la oferta educativa universitaria y resolver los problemas del transporte urbano.

Sin dejar de reconocer el bajo crecimiento económico en lo que va del año, es importante entender que estamos creciendo con base en el ahorro que está generando el gobierno con la política de austeridad, con la recuperación de lo robado al pueblo de México y con el freno a la corrupción; sin tener que depender del endeudamiento externo, de inversiones amañadas o del aumento de impuestos. A final de cuentas, hay que entender que la crítica proviene de una élite privilegiada que se resiste al cambio y de aquellos que están, como dijo el presidente, “moralmente derrotados”