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El restaurante que protege 250 hectáreas de selva en Puerto Vallarta

José Reyes Burgos
Puerto Vallarta


La montaña en Puerto Vallarta es uno de los iconos por los cuales el destino turístico se mantiene con alto valor para quienes los visitan, y buscan una experiencia turística mezclada con el retiro en la naturaleza. Aunque la imagen de pueblo se ha deteriorado poco a poco ante el auge del progreso inmobilario, y con él la construcción de grandes torres y condominios, la mayor parte de las montañas aún hacen un fondo verde, por su frondosa selva.

A pesar de ello y su alto valor natural, muchos han comenzado a ver las montañas como zonas de oportunidad para levantar nuevos hoteles, condominios y edificios, que si bien contribuyen a que exista mas oferta de hospedaje, también merman espacio a la naturaleza.

Pero el caso del restaurante Las Carmelitas es diferente. Se trata de un local que fue edificado hace más de 30 años en la cima de la montaña, y posee una vista privilegiada como casi ninguna otra en la región, con un panorama perfecto de la Zona Romántica, trazada con calles rectas siguiendo la tradición del antiguo pueblo que fue.

A 400 metros sobre el nivel del mar, Las Carmelitas ha dado la oportunidad a decenas de miles de personas, tanto extranjeras  y visitantes como locales, de degustar una extraordinaria comida producto de la cocina gourmet, con un panorama ante sus ojos que conmueve.

Se como ahí al mismo tiempo que se respira el aire puro y húmedo de la selva, a la cual se escucha sin la interrupción del ruido de tránsito vehicular. Existen quienes critican la apariencia austera del lugar, pero esta es, en realidad, una forma estricta de seguir un protocolo que ha sido reconocido por muchos: el de no interferir con el ciclo de la naturaleza y conservarla.

Es así como el restaurante se cierne como tal, un establecimiendo para consumir bebidas y platillos elaborados, pero con una estructura austera: pilotes y techo de palapa, sillas y mesas de madera trabajada al más puro estilo mexicano, un área de comida abierta a la fluidez del aire, que se embalcona al vacío de la pendiente en la montaña selvática.

Además de una cocina y baños separados por un área de un área verde que, más que jardín, es la selva que el dueño no quiso talar y decidió conservar, tan solo añadiendo una verdeda empedrada. Las miradas a cualquier lado dejan atónito al visitante, al ver tanta flora expuesta sin tocar. Ahora, en tiempo de lluvias, el color verde es intenso y deja ver la verdadera cara de la madre naturaleza cuando se le deja ser.

Son un total de 250 hectáreas las que el restaurante conserva, pues pertenecen a su propiedad, pero el dueño insiste en no tocar ni un centímetro más de lo poco que modestamente ocupa el restaurante, para poder dejarle a Vallarta un área verde patrimonial que no se desarrolle. Narra como en ocasiones, hay quienes han querido levantar algun edificio ahí, pero el “no” es absoluto, pues “si se toca la selva, se daña el atractivo de Vallarta, si ves bonito aquí es porque así lo hemos conservado”.

De lunes a domingo, es decir todos los días, hay un lugar para todo aquel quien desee degustar de sabor gourmet acompañado de la selva, de la madre naturaleza. Hay de todo: marisco y ensaladas, res y desayunos. Ahora, par disfrutar de un amanecer ameno, es posible desayunar con bufete, a un accesible precio de 199 pesos.

Para dirigirse al restaurante, hay una brecha empedrada, lo más impresionante es que no hay una sola basura o desperdicio sólido ni en el trayecto, ni en el restaurante, porque así se trabaja para preservar el entorno que le da su plusvalía al lugar.

Reservaciones al: 29 33 11 2.