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Pasajes llenos de emoción 2ª parte

Elizabeth Taylor obsequiaba regalos a los niños y lo hacía con un placer y gusto que se notaba en su rostro


Humberto Famanía Ortega

En el año de 1955 inicio mis estudios primarios en la escuela 20 de Noviembre de varones en esta noble y bella ciudad de Puerto Vallarta Jalisco, una nueva etapa de mi vida que ansiaba llegara. Observaba a mis hermanos mayores con sus libros y libretas muy formales, todos felices por esa época de juventud y felicidad a la vez. Una nueva escuela con grandes pasillos, jardines, varios y grandes salones, sobre todo el convivio de todas las edades que fluctuaban entre 6 y 15 años. Una nueva responsabilidad; honores a la bandera, banda de guerra, toque de la campana que marcaba las horas de estudio, recreo, entrada y salida, una nueva experiencia.

Mi maestra de primer año la Srita. Margarita Lepe, profesora ejemplar, excelente carácter, nos hacía sentir en confianza, admiración profunda de todos mis compañeros, recuerdo algunos nombres; Rogelio, Federico, Alfonso, Vidal, Ismael, Abelardo, Fernando, en fin, inolvidables personajes que hoy rondamos entre los 69 y 72 años. Iniciamos con mucho compañerismo y a través de los años nos veíamos como una familia donde simplemente nos tratábamos como hermanos.

A medida que seguíamos creciendo y pasando de un salón a otro según el grado, nuevas experiencias de vida se nos presentaban y las comentábamos.

Manualidades

Una de las cosas que recuerdo con mucha emoción, era cuando nos enseñaban trabajos manuales, realmente dignos de admirar algunos por la perfección en lo que se hacían. Admirables alumnos que con su creatividad eran dignos de elogio. Se elaboraban en madera, papel periódico, cartulinas, latas de aluminio, cocos, en fin, la madre naturaleza nos dotaba de muchos recursos, se aprovechaban envases de aceite o manteca, envases de vidrio etcétera. El ingenio no se hacía esperar, nosotros mismos fabricábamos nuestros propios juguetes, por ejemplo, con las corcholatas unidas se hacían muebles en miniatura, carritos etcétera. Los maestros nos hacían pensar y ser imaginativos, siempre utilizando el tiempo libre.

Durante estos 5 años de primaria más otro que tuve que repetir por mi salida del seminario, supe aquilatar a mis padres y profesores sus grandes enseñanzas.

Merece especial atención el señalar que fue un honor el pertenecer a la banda de guerra, supe tocar el tambor y la corneta con mucha gallardía. Al igual el pertenecer a la brigada sanitaria para la prevención del paludismo, experiencias de vida a favor de nuestra comunidad, fue realmente aleccionador el contribuir a esta labor aun en nuestra corta edad. Nos enseñaron a ser disciplinados y responsables, nunca lo olvidaré.

El seminario

Una vez terminado el quinto año teniendo como maestra a la Sra. Luz Rodríguez, y que ahora en día luce esplendida, me emocione al aceptar una invitación para buscar mi ingreso al seminario menor de la Diócesis de Tepic Nayarit. Realmente tuvo que ver mucho el contribuir con los sacerdotes en sus celebraciones como monaguillo. Llegaban los seminaristas de vacaciones y admiraba sus actividades, poco a poco sentí el llamado, estaba por cumplir 11 años. Difícil esta decisión pues estaba muy chico llore porque quería estudiar para sacerdote y al final mis padres cedieron, mi padre no tanto.

El llegar a una nueva escuela donde era un internado y adaptarse no fue nada fácil, por las noches extrañaba a mis papás y hermanos y me ponía a llorar, pero tenía que aguantarme, fue mi propia decisión. Nunca me arrepentiré, grandes bases respecto a las enseñanzas tanto religiosas como de ciencias, dejaron en mi vida múltiples formas de conocimiento para buscar nuevos caminos de prosperidad. En el ambiente dentro de esta escuela se sentía mucha tranquilidad, nos hacían que practicáramos deporte como futbol, basquetbol y barras para hacer gimnasio eran las que dominaban preferentemente.

Todos los seminaristas teníamos que colaborar en el mantenimiento de nuestro recinto, nos ayudaba a ser más responsables; mi cargo ser regulador que consistía en tocar el timbre para levantarse ir a los oficios religiosos, clases, comidas y al final para dormir. Era un encargo muy duro porque tenía que levantarme antes que todos y dormirme después que todos, esto me enseñó a ser puntual y a la fecha lo práctico. Las reglas de urbanidad nos las enseñaban a la hora de las comidas y se fomentaba la lectura. Nos rotábamos el hacer el aseo, lavar los trastes, baños además aprender un oficio, carpintero, plomero, peluquero, este me gustó, al primero lo trasquilé y hasta ahí llegué, por azares de la vida recordé como a mi compañero Yago lo rapábamos, después de 57 años, por razones de quimio tuve que casi raparme el pelo y me hizo reflexionar mucho.

El regreso

A mi segundo año ya no me sentía muy bien y tuve que hablar con mi padre para que fuera por mí; se siente muy triste cuando te sales después de casi dos años, tenía que emprender nuevos retos, seguir adelante. Regresé a mi tierra en 1962 para terminar mi educación primaria, ya que no se podían revalidar los estudios en aquellos tiempos. Me siento muy orgulloso el haber tenido la oportunidad de haber cursado materias muy importantes como el latín y griego, humanidades, pero sobre todo haber conocido la disciplina y el respeto al prójimo. La enseñanza para aprender a orar, la meditación y el trabajo en equipo, todos elementos esenciales para tener éxito en la vida. Siempre con la ayuda de Dios.

Mis condiscípulos, hoy grandes príncipes de la iglesia; Cardenales Carlos Aguiar Retes Arzobispo Primado de México, Francisco Robles Ortega, Arzobispo de Guadalajara Jalisco y el Obispo de Mazatlán Sinaloa Mario Espinoza, grandes e inolvidables amigos. Un orgullo para nuestra generación, nunca los olvidaré, seres que han convertido su acción pastoral en verdaderos signos de amor para con Dios y sus semejantes. Todo un acontecimiento el haber pasado por las filas de la formación sacerdotal.

La noche de la iguana

A los trece años término mi primaria, siempre en mi corazón mi compañero inolvidable nuestro amado hermano qepd. Ramón Eduardo, hombre cabal, inteligente y solidario. Fue una buena época donde supimos valorar más a nuestra familia y amigos. Recuerdo por aquellos tiempos la filmación de la película en 1963 “La Noche de la Iguana” por esos tiempos Elizabeth Taylor obsequiaba regalos a los niños y lo hacía con un placer y gusto que se notaba en su rostro. Siempre en mi mente la tendré a la estrella de cine internacional más sencilla, humilde, pero sobre todo con un gran corazón. Ratificamos, lo mejor de los vallartenses, ser nobles, amigables y agradecidos.

-.Nada resulta más atractivo en una persona que su cortesía, su paciencia y su tolerancia.- (Marco Tulio Cicerón)