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Encierran a cocodrilos para que no ataquen a turistas; cercan estero El Salado

Por José Reyes Burgos / Puerto Vallarta


La gente los alimenta todo el tiempo, con carne, pollo, o trozos de carnada para pesca, según testifican los lugareños. Detrás de la malla ciclónica que desde hace muchos años ya resguarda y divide el manglar en Boca de Tomates a su ingreso, yacen gigantes cocodrilos atrapados en lo que queda de su hábitat.

Dividido por un camino de terracería paralelo al aeropuerto, este solía ser un hábitat de manglares y esteros, que fue casi arrasado por el aeropuerto y los campos de cultivo que ahí el ser humano levantó. El acceso a la playa Boca de Tomates divide dos zonas con señalética que alerta la presencia de cocodrilos, en una sección totalmente perimetrada por malla para evitar que las personas ingresen.

Esta área lleva años ya establecida de esta manera; en Google maps, se le conoce como “Crooc View Area”, porque de hecho los gigantes saurios, algunos de más de 3 metros de longitud, se colocan al borde de la malla para esperar que los turistas y paseantes, a los que ya perdieron el miedo y se han acostumbrado, les alimenten.

Estos cocodrilos viven en un estero que se extiendo algunas hectáreas junto al aeropuerto. Rodeados por los campos de cultivo, el camino cercado y restaurantes de palapa, su única salida hasta hace poco era el acceso a esta mini laguna que se abría paso entre la arena, hacia la playa.

Sin embargo, hace unos meses fue colocada una nueva malla ciclónica que ahora ha impedido la salida total de los cocodrilos de lo que es el remanente de su hábitat. Sin forma de dirigirse hacia el río Ameca, donde otros cocodrilos grandes aún pueden vivir en libertad en la desembocadura del mismo, también amenazada por constantes construcciones.

Según habitantes del lugar, la malla ha sido colocada para evitar el acceso de curiosos y así evitar encuentros peligrosos, pero también para que los cocodrilos no salgan del estero y naden por las playas de los hoteles vecinos, en Marina Vallarta, donde han habido algunos encuentros cercanos y un ataque hacia una turista el año pasado.

Y es que antes incluso había quienes ofrecían una especie de show clandestino, donde jugando con sus propias vidas, alimentaban a los cocodrilos para el entretenimiento de turistas.

Ahora bien, los más de 20 cocodrilos que viven en este estero, sobre poblado, no pueden rutinariamente salir de él, si así se los pidiera su férreo instinto territorial. De cualquier manera, han dicho los varios expertos en biología de la región, le han perdido el miedo a la presencia humana al estar todos los días en contacto con la misma, lo cual los hace peligrosos si se encuentran con una persona, aumenta el riesgo de ataque.

Es por eso que algunos aplauden que, como ya se les alimenta y no carecen de cuidado, es mejor que los cocodrilos se queden ahí. Encerrados en lo que dejaron de su hábitat.