OPINION

Por Marc Murphy (*) – Marc@MexicoPacificLifestyle.com

¡Hola a todos!

Escribo esta columna a unas horas de que los efectos del huracán “Roslyn” se sintieran con fuerza en esta región del Pacífico. Afortunadamente, todo quedó en un buen susto y el saldo es blanco, como lo informó la Dirección de Protección Civil de Jalisco. El huracán pasó a 107 kilómetros de distancia de Puerto Vallarta y Bahía de Banderas, con categoría 4 y vientos de 195 kilómetros por hora (Según el Comité Científico de Protección Civil), y aunque pudo ser altamente destructivo, la naturaleza fue benévola con la región y sus habitantes.

Esta vez el meteoro no nos agarró desprevenidos, como sí lo hizo hace 20 años el ya legendario “Kenna”, un huracán que causó enormes daños en las costas de Jalisco y Nayarit y terminó, además, con la creencia de que Puerto Vallarta siempre estaría protegida de los efectos devastadores de los huracanes por estar ubicada en una pequeña bahía.

Ese 25 de octubre de 2002 el mito se derrumbó, junto con algunos de los símbolos la ciudad, como Los Arcos del malecón, la escultura del caballito de mar, y otras esculturas que no soportaron la fuerza del huracán categoría 5 que llegó a la costa con rachas de viento de hasta 225 km/h. Y aunque el Servicio Meteorológico Nacional había advertido sobre la peligrosidad del fenómeno, nadie creyó que realmente podría representar un riesgo para la zona turística. La realidad es que «Kenna» arrasó con una buena parte de la costa de Puerto Vallarta y causó daños por más de 10 millones de dólares, afectando en gran medida la actividad turística y marcando para siempre las vidas de quienes tuvieron la mala fortuna de vivir ese momento.

Por eso es que, ante la llegada de “Roslyn”, fue inevitable hacer comparaciones, sobre todo por las fechas muy similares, pues “Kenna” tocó tierra un 25 de octubre y “Roslyn” pasó por esta región entre el 22 y 23 del mismo mes. Otro factor fue la intensidad, ambos con categoría 4, aunque originalmente “Kenna” era categoría 5.

La gran diferencia es que esta vez estábamos preparados, o por lo menos lo esperábamos. Desde días antes se estableció un plan de acción tanto en Puerto Vallarta como en Bahía de Banderas y se advirtió del peligro por parte del meteorólogo del Comité Científico de Protección Civil, maestro Víctor Manuel Cornejo López, quien dijo: “Más vale me digan exagerado a que digan que no se los advertí”.

De esta manera, siguiendo las indicaciones de Protección Civil, la ciudadanía en general, así como los dueños y empleados de los comercios localizados en la zona turística de la bahía no dudaron en proteger sus negocios, colocando tablas de madera en puertas y ventanas, o cubriendo los accesos con barricadas de costales de arena. Los bares, restaurantes y otros comercios localizados cerca de la playa se cerraron con la debida anticipación y la zona del malecón fue evacuada. También se establecieron albergues por parte de los sistemas DIF municipales y en la zona hotelera se echaron a andar los protocolos de seguridad para proteger a los turistas.

Si bien estas medidas no fueron la panacea, ya que las playas y algunos negocios, locales y restaurantes presentaron afectaciones debido al alto oleaje, sí podemos decir que los daños fueron menores, dada la fuerza y potencia con la que se desplazaba el meteoro.

Como enseñanza, puedo decir que, no hay peor lucha que la que no se hace y, aunque suene a frase hecha, la unión por supuesto que hace la fuerza, y así quedó demostrado con la notable coordinación entre el gobierno federal y los gobiernos, estatales y municipales y el trabajo en conjunto realizado por elementos de la Guardia Nacional y de Protección Civil y Bomberos.

Finalmente, decirles que, tanto “Roslyn” como «Kenna”, y como tantos otros fenómenos meteorológicos, nos recuerdan el poder que tiene la naturaleza y sobre todo, lo vulnerables que somos ante ella.

¿Qué piensan de esto? Los leo.

(*) Especialista en consultoría y desarrollo turístico/inversión y gestión inmobiliaria.

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