TERCERA LLAMADA

Por María José Zorrilla – marzoral@hotmail.com

Ayer, durante la comida la chica que nos apoya en la casa presentó un arroz rico en apariencia con el grano en su justa cocción, pero extremadamente salado y el agua de piña excesivamente dulce.

Mi madre, que a sus casi 94 años siempre se ha preocupado por la alimentación, se molestó no tanto por el mal tino para calcular la sal de la comida, o la cantidad de azúcar en el refresco, ni porque no es la primera vez que ocurre, sino porque parece ser una constante en la cocina de muchas familias mexicanas el exceso de sal, azúcar o grasa.

Por eso somos un pueblo con tantos problemas de salud me dijo, porque no hemos aprendido a equilibrar el sabor sin exagerar la sal, la harina, la azúcar, el chile y la grasa.

El sábado 16 de octubre fue el Día Mundial de la Alimentación que se celebra desde 1979 y ayer domingo el Día Mundial de la Erradicación de la Pobreza que se instituyó desde 1992, pero cuyos inicios fueron en París en 1987 cuando más de 100 mil personas se reunieron en la Plaza del Trocadero para luchar por los derechos humanos y eliminar la pobreza en el mundo.

Del lado materno vengo de una familia que aprendió el valor del naturismo para llevar una vida saludable desde hace casi 100 años, cuando estos temas no eran del lenguaje común en la mayoría de los hogares del país.

Un encuentro fortuito con un doctor naturista que llegó a Ciudad Victoria en los 30´s lo acercó a mi afligida abuela con su hijita menor de escasos dos años atacada severamente por la poliomielitis y que había quedado inválida del cuello a los pies.

Mi bisabuela Rita que hablaba inglés fluido en la región fue el contacto con Edmond Szekely un doctor húngaro en filología, lingüística, filosofía y psicología y entusiasta naturista que se afincó en las márgenes del río Corona a las afueras de la capital tamaulipeca para continuar con su Segunda y Tercera expedición terapéutica que había iniciado en Tahití, buscando elementos, lugares y alimentos propicios para lograr curar ciertas enfermedades.

El Dr. Mechitas, como lo bautizaron en Victoria por su cabello rubio, se dedicó a curar algunos pacientes con sus métodos naturistas y al conocer sus métodos de curación, mi abuela se fue a vivir literalmente con mi tía Elenita en brazos con el grupo expedicionista.

Después de varios meses de tratamientos con lodos, rayos de sol a ciertas horas, alimentación muy rigurosa, ejercicios, terapias especiales en agua y piso, milagrosamente volvió a caminar con secuela solo en una pierna.

Para nosotros el tema alimentario y el balance adecuado de los mismos, así como realizar ejercicio al aire libre y cuidarnos de los rayos solares entre 9 am a 5 pm, siempre fue una prioridad.

El Dr. Mechitas es un ídolo para la familia y quien después de su incursión por tierras victorenses se trasladó a Tecate, Baja California, para fundar el Rancho la Puerta un reconocido Spa a nivel mundial. Casi 90 años después de ese episodio, mi madre sigue lamentando cómo no hemos podido resolver el problema de salud y alimentación en México.

No es sólo la pobreza lo que afecta ambos temas, es la ignorancia lo que se esconde detrás de ese terrible binomio que ante la pandemia imagino se haya incrementado de manera exponencial en el mundo.

A la preocupación por mejorar la alimentación y erradicar la pobreza que albergaron los líderes de las potencias del mundo y que disminuyó hasta 2015 a nivel global, siendo el principal problema la concentración en las zonas rurales, en países de África de la zona subsahariana y muchos países de América Latina incrementaron sus niveles de pobreza.

A estos problemas tan concomitantes de pobreza y alimentación habrá que añadirles el factor de calentamiento global, deterioro de los ecosistemas, gestión insostenible de los recursos naturales.  Mientras estos eslabones de la cadena de producción de alimentos no se protejan y se realicen acciones de fondo seguiremos padeciendo hambre y pobreza.

Erradicar este mal para el 2030, requiere cambios importantes en las prioridades políticas de los países.

No obstante, en México, podríamos empezar a generar verdaderas campañas integrales de corto, mediano y largo plazo sobre el uso y consumo de alimentos y condimentos, reducción de grasas, aceites y azúcares e ingesta de productos chatarra y refrescos embotellados.

Doy como ejemplo lo que hizo mi hermano para que la chica de apoyo aprendiera a bajarle el uso de aceite en la comida. “Por cada litro de aceite que me ahorres, te regalo una despensa para tu casa”.

No es un tema de economizar o entender mal lo que es la escasez y la abundancia, es un tema de salud. No es un tema de darle sabor a las cosas ocultándolas bajo un manto blanco de sal y pimienta o enriquecer un refresco de frutas con exceso de azúcar. Es darle valor a lo que consumimos, apreciar el sabor y la esencia de los alientos por lo que son, no por lo que los abruma.

Cuando Carlos Fuentes le preguntó a Alvin Toffler qué necesita México para pasar a la tercera ola, el futurólogo le dijo: Educación y alimentación. Casi medio siglo después seguimos atorados en el tema.

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