LA MIRADA INCÓMODA

“Nunca consideres al estudio como una obligación, sino como una oportunidad para penetrar en el maravilloso mundo del saber”: Albert Einstein.

Por Alfredo César Dachary – cesaralfredo552@gmail.com

Las grandes transformaciones de la sociedad no son percibidas por la misma, ni menos dimensionadas en su verdadero valor, ya que se consideran pasos naturales del hombre en el mundo que hoy nos toca vivir.

La pandemia obligó a toda la población mundial, más a la de las grandes ciudades, a entrar al mundo digital y su nueva dinámica que transforma las dos dimensiones básicas del humano hasta la actualidad: el tiempo y el espacio. Los niños de los primeros grados aprendieron a leer en una educación a distancia, a jugar mientras estaban siguiendo las clases en sus hogares; descubrieron nuevas realidades en tiempo real en el mundo virtual y con ello lograron dominar la que sería en esta nueva realidad la llave del mundo digital, primero las tabletas y computadoras de escritorio o portátiles y luego la síntesis: el smartphone.

Convivieron con la pandemia y entendieron las nuevas distancias sociales, nuevas formas de saludar y otras de viajar, pero siempre a través de estos nuevos protocolos.

Muchos cambios ya se venían imponiendo desde dos décadas antes, pero no todos los iban absorbiendo, algunos los consideraban algo alejado de sí, otros, difíciles de operar, pero al final todos somos computólogos, siendo los más creativos y que absorben el cambio como al “natural” los niños, los nuevos bastones de la realidad tecnológica para muchos adultos.

Pero podemos pensar que el mundo es totalmente digital y nos podemos equivocar, ya que aún hay grandes zonas y trabajos dominados por el mundo real, aunque sean fundamentales para el mundo virtual, un ejemplo de ellos es algo invisible pero muy importante, los cables submarinos que integran al mundo real y más al mundo digital.

La idea de comunicarse a través de cables submarinos viene de lejos, se inició en el siglo XIX; en 1850 se instaló el primer cable submarino telegráfico que atravesaba el Canal de la Mancha, y en 1851, después de perfeccionar la técnica, la isla británica quedó permanentemente conectada al continente europeo.

A partir de ese momento, la expansión de este medio ha sido constante: en 1866 se asentó el primer cable que atravesó el océano Atlántico y en 1956 cuando la primera comunicación telefónica cruzó el “charco” utilizando este sistema. Ese momento supuso un punto de inflexión, y ya entre los años setenta y ochenta comenzaron a ser sustituidos por los de fibra óptica.

Los cables, también representan un potente valor de mercado. Se espera que su volumen de negocio alcance los 30,800 millones en 2026, con una tasa de crecimiento anual que se estima será del 14.3%, según el informe Research and Markets Submarine Optical Fiber Cables.

Según los datos de TeleGeography, actualmente hay 508 cables submarinos entre activos y proyectados. El cable más largo del mundo se llama SeaMeWe-3, recorre 30 países y una distancia total de 39,000 kilómetros, apenas 1,000 menos de lo que mide la circunferencia del planeta. Está en uso desde septiembre de 1999.

El cable más largo que pasa por España, una de las puertas europeas al tráfico internauta llega desde Asia y Oriente Próximo y Medio. Prueba de ello es la toma de tierra del cable FLAG/FEA, el más largo de los que toman tierra en España, concretamente en Estepona y mide 28,000 kilómetros

Estos cables permiten la recolección y producción de nuevos datos, trasmitir datos de las redes de sensores invisibles, tecnologías industriales, redes sociales, además de teléfonos, tarjetas de crédito y GPS.

Además de vincular datos de personas y objetos, llevan dentro de éstos grandes bases de datos a procesar en lugares remotos donde se analizan datos más íntimos.

Los sensores reciben información cuando subimos al transporte, cruzamos los semáforos y pasamos frente a las cámaras de seguridad o enviamos un mensaje, entramos a un edificio o visitamos una página en la web.

Pero son muchos instrumentos que captan datos y no es fácil integrarlos para su análisis, por ello es que el próximo paso consiste cruzar todos estos datos en un solo metaverso interactivo que haga de la realidad virtual algo definitivamente demodé y anacrónico, la antesala de la transición a un nuevo tipo de universo analógico.

El proceso de datificación del mundo, no reparamos en él, antes fue la era eléctrica hoy superada, no se percibe y solo se asume cuando fallan los servicios, y de allí pasamos al mundo digital.

El eje de esta nueva etapa es Internet, al comienzo como conector, informador y comunicador, hoy mucho más desde las empresas de plataforma, a las que no sabemos que existen salvo por una información que escapa, de allí que Internet es el agua para el hombre.

En el 2016, el 45% de la población tenía acceso a Internet 3,270 millones y en el 2022 los usuarios de Internet en dispositivos móviles alcanzaron al 67.1% de la población, es decir, 5,310 millones. Esto se refleja en que cada 8,760 horas se generan más datos que en toda la historia de la humanidad y cada 17,520 horas se duplica la cantidad de textos elaborados en la historia de la escritura.

El mayor porcentaje de datos es autorreferencial, o sea, que hay una sobre representación de nuestro propio tiempo, y toda la web indexada equivale a 4.77 billones de páginas.

Los datos masivos son hoy la gran fuente de riqueza de las tecnológicas, desde los estudios políticos para las elecciones como fue el caso de Cambridge Analítico a los que estudian la población mundial desde la óptica de la salud, para prevenir y tener respuesta a las pandemias y demás tipos de afectaciones que regresan o son nuevas.

LA ESPECIALIDAD SIN LÍMITE

We Feel Fine es una exploración de las emociones humanas a escala global.

Creada por Jonathan Harris y Sepandar Kamvar. Desde agosto de 2005, We Feel Fine ha estado cosechando sentimientos humanos de una gran cantidad de weblogs.

Cada pocos minutos, el sistema busca en las entradas del blog recientemente publicadas del mundo las apariciones de las frases «Siento» y «Me siento» y es allí cuando  encuentra una frase registra la oración completa, e identifica el «sentimiento» expresado en ésta ya sea, triste, feliz, deprimido, y gracias a que los blogs están estructurados en formas estándar, se puede identificar la edad, el género y la ubicación geográfica del autor a menudo se pueden extraer y guardar junto con la oración, al igual que las condiciones climáticas locales en el momento en que se escribió la oración. 

El resultado es una base de datos de varios millones de sentimientos humanos, que aumenta en 15,000 a 20,000 nuevos sentimientos por día. Utilizando una serie de interfaces lúdicas, los sentimientos pueden buscarse y clasificarse en una serie de segmentos demográficos, ofreciendo respuestas a preguntas específicas como: ¿se sienten los europeos más tristes que los estadounidenses? ¿Las mujeres se sienten gordas con más frecuencia que los hombres? ¿El clima lluvioso afecta cómo nos sentimos? ¿Cuáles son los sentimientos más representativos de las mujeres neoyorquinas de 20 años?, ¿Cuáles son las ciudades más felices del mundo? ¿La más triste? Y como éstos, los que se antojen.

La interfaz para estos datos es un sistema de partículas auto-organizado, donde cada partícula representa una sensación única publicada por un solo individuo. Las propiedades de las partículas (color, tamaño, forma, opacidad) indican la naturaleza de la sensación en el interior, y se puede hacer clic en cualquier partícula para revelar la oración completa o la fotografía que contiene.

Las partículas oscilan salvajemente alrededor de la pantalla hasta que se les pide auto organizarse a lo largo de cualquier número de ejes, expresando varias imágenes de la emoción humana.

We Feel Fine pinta estas imágenes en seis movimientos formales titulados Madness, Murmurs, Montage, Mobs , Metrics y Mounds. En esencia, We Feel Fine es una obra de arte escrita por todos. Crecerá y cambiará a medida que crezcamos y cambiemos, reflejando lo que hay en nuestros blogs, lo que hay en nuestros corazones, lo que tenemos en mente. Esperamos que haga que el mundo parezca un poco más pequeño, y esperamos que ayude a las personas a ver la belleza en los altibajos de la vida diaria.

La pregunta pendiente es ¿para quién sirven esos datos? y la respuesta es más compleja aún, ya que permite medir comportamientos, una de las grandes metas de la industria de los datos.

En pocas décadas nos olvidamos que la comunicación transoceánica fue consolidada por los cables transoceánicos, luego esta verdad quedó como “milagro”, hasta que el gran volumen de datos que deben transitar ha generado nuevas empresas que intenten crear un nuevo cableado más adecuado a los nuevos requerimientos.

De allí, el Internet de las cosas es junto al smartphone el mayor aportador de datos, el que integra la ciudad como un sistema y lo agrupa como un gran estructurador, para adecuarlo a sus usos en industrias diversas.

Por último, el metadato integra y genera un gran sistema que, aunque aparentemente no existe, sería un salto cualitativo en esta transición de la sociedad industrial ya superada y analógica rebasada por insertarnos en el mundo digital pleno.

Hoy, uno de los ejes de la lucha de las hegemonías lo genera el 5G y nuevas formas de comunicación, que aumentan la velocidad de las cosas y servicios, lo cual nos logra hacer generar más datos para un recurso inacabable que somos nosotros mismos.

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