Por Eugenio Ortiz Carreño/Bahía de Banderas

A San Juan de Abajo muchos lo consideran un rancho, un pueblo nayarita de poca importancia, pero  no es así. Es un pueblo limpio, de gran importancia económica y lo muestra los alrededores de la “báscula” donde los productores de sandía, o de mango en la temporada de mangos, contratan los tráiler para transportar el producto a la frontera, la de exportación o a las centrales de abasto de Guadalajara o de la ciudad de México, la que se destina al mercado nacional.

Al recorrer sus calle uno puede apreciar que sus habitantes saben vivir bien, algunas casas tienen amplios patios, son arquitectónicamente bien construidas, tienen bóvedas con puertas y ventanas de herrería y diseñadas con arcos. Al pasar por la calle se puede apreciar a las familias desayunando o comiendo juntas.

Este martes a las 7:30 de la mañana, el pueblo de San Juan de Abajo presentaba el aspecto de un pueblo realmente ideal. En la plaza, que es como continuación de la calle principal, que corre de oriente a poniente, luce sumamente atractiva, invita a los visitantes a sentarse en las bancas de metal, instaladas alrededor.

A esa hora, un hombre con apariencia de indigente estaba sentado a la puerta de una de las viviendas que dan casi frente al kiosco. El hombre no hablaba, ni siquiera respondía el saludo a los que le decían “buenos días” concentrado en fumar. Por momentos sus movimientos al fumar parecían elegantes, como James Dean en alguna de sus películas, porque tomaba el cigarro con tal gesto y daba las fumadas con tal fruición que parecía lo más delicioso.

Se le acababa uno e inmediatamente encendía el otro, lo alzaba sobre su cabeza con arrobamiento, cruzaba sus piernas desnudas por el deshilachado short, y se pasó de la banqueta de cemento a la banca de metal y veía de un lado a otro y nada lo sacaba de su entretenimiento, sobre todo al echar sus fumaroles espesas que se disolvían en el aire.

Quienes lo miraban, se preguntaban cómo un indigente puede tener para fumar tanto, pero no faltó quien respondiera: “mmm para el que quiere fumar no falta quién le dé un cigarro”. Pero este ya llevaba más de tres en media hora.

MOVIMIENTO DE GENTE

Ajeno al hombre fumador estaba a esa hora de la mañana el barrendero, que platicaba con un conocido sentado en la banca de enfrente y con suma tranquilidad y parsimonia barría la basura y recogía la que se había depositado en unas cajas de cartón frente a los negocios, que a esa hora todavía estaban cerrados. Lo único abierto eran los sanitarios públicos y del otro lado del kiosco, el pequeño hotel, del que salió un hombre mayor vestido de negro, que aunque vive en él, no se sabe el nombre y el negocio solo dice en el frente: “hotel”, pero no tiene nombre.

A las ocho de la mañana el movimiento de gente se incrementa, abrieron varias taquerías en la calle, otras taquerías y pequeñas fondas también empezaron a dar servicio, pero en la modalidad de “para llevar”, ya que los inspectores del ayuntamiento los sancionan si permiten a la clientela sentarse a las mesas que ya tienen puestas, pero que no tienen autorizado usar.

Al terminar la plaza, un medio busco adorna el espacio y está dedicado en honor y reconocimiento a Isidro Medina Macías, conocido como el Chirales, originario de Santiago de Pinos, que dio origen al mariachi Real de Jalisco, es el mayor orgullo de los habitantes de San Juan de Abajo, Hasta ahí llegan tres ciclistas extranjeros, un hombre y dos señoras que admiran la estatua y luego se dan una vuelta por otras calles del pueblo, para regresar y tomarse una foto frente al busto. Luego continúan su rodada por la calle hacia el poniente como rumbo a la carretera a Bucerías.

Un hombre llega a la plaza, e inquieto alza la vista de su celular, donde parece revisar mensajes, y mira y remira a todos lados. Busca a una persona que no conoce, pero sabe que llegará en un tractor. El es del pueblo vecino y más pegado a la sierra, el Colomo y de allá vino a buscarlo para un trabajo agrícola.

Al poniente del pueblo pueden admirarse las elegantes torres de la iglesia dedicada a San Juan Bautista, la que además tiene hermosos vitrales de la Vírgen y de Cristo y más allá la única calle de cuatro carriles y camellón en medio se prolonga, para continuar en la nueva carretera que va hacia Bucerías, pasando por Valle de Banderas. En el remate de la avenida, se muestra el gusto que tienen los habitantes de este pueblo por ser elegantes, al instalar en el camellón postes blancos de alumbrado público y que lucen elegantes a pesar de estar en un rumbo completamente rural.

Entre los habitantes de la región de Bahía de Banderas San Juan de Abajo es famoso por sus taquerías, las hay de todo tipo, de tacos dorados, tacos de asada, de adobada, de papa y de frijoles. Durante el día no falta una taquería abierta. Eso no interesa al hombre de apariencia de indigente, que por lo visto prefiere fumar y fumar todo el día en la plaza de San Juan de Abajo.

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