José Reyes Burgos
Puerto Vallarta
Una pareja mira fijamente al agua en el canal de Los Tules; a escaso metro y medio de la orilla de este cuerpo de agua. Mirando dos veces, es posible percatarse de que son observados también, por un cocodrilo. «¿No les da miedo? Está muy cerca»
– se les comenta -. «No, ella ya comió y ahorita le van a dar más, ya la conocemos» – responden -.
De repente, cae una pieza de pollo en el agua, y el cocodrilo sale ferozmente de su tranquilidad, para engullirla. «¿Tienes hambre Pancha? Si, ¿verdad? Ve por ella (la pieza de pollo)», dice un hombre detrás de una cerca, a un lado del camino al acceso público de la playa en Las Glorias.
Le avienta pollo estilo KFC, sobras del restaurante, cada que la ve, y cuando regresa a vivir al canal de Los Tules, ‘Pancha’, como afirma que ha llamado a la cocodrilo, come dos veces al día. Al verla comer, y girar su cabeza para tomar el pollo, puede uno apreciar al menos dos metros y medio de longitud.
De acuerdo al hombre que la alimenta, Pancha llegó al canal de Los Tules, que conecta la avenida principal con la playa en una especie de pequeño malecón, en el 2015, siendo un cocodrilo de un metro o menos.
Pero hoy, ya mide unos 2 metros y medio, y en recurridas ocasiones, señala, las autoridades han acudido al lugar, tras previos reportes, a sacarla del agua y trasladarla a otros sitios como El Salado o el río Ameca. La última ocasión fue el pasado 24 de marzo.
Pero ahora, con la ausencia total de turistas, nadie va a reportar la presencia de Pancha y ahí podrá estar mucho tiempo, al menos el que dure la contingencia. «Ya me han regañado, que porque le doy de comer, que porque el cocodrilo no debe estar aquí pues hay gente curiosa, hay playa y turistas, pero ahora que no hay nadie, pues aquí se va a quedar», señaló el señor de unos 40 años.
Se puede apreciar a Pancha dar recorridos, acechando, en las aguas del canal, en ocasiones sumergirse, pero al menos una o dos veces por hora se le puede observar salir y exponer su espalda con escamas. Es enorme, pero como la alimentan, señalan, no atacará a nadie.
Aquí vive Pancha, rodeada de hoteles, paseantes y bañistas, ciudad y ruido; en una pequeña sección de agua y arbustos, donde ocasionalmente se paran algunas aves exóticas e iguanas. Cabe mencionar que jamás se ha registrado un ataque de cocodrilo en este acceso público a la playa. Ahora, la cocodrilo adulta vive con mucha tranquilidad: ni ruido, ni curiosos la molestan. Mucho menos hombres uniformados cargándola y sacándola del lugar que reclama como su hogar.
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