OPINIÓN

Por Jorge Berry (*)

No sé si el servicio eléctrico en Nayarit y Jalisco era mejor en el pasado. Sí les confirmo que en CDMX y zonas aledañas, que sufrían los excesos del Sindicato Mexicano de Electricistas, cuyo dirigente charro, de nombre Manuel Esparza, es inmensamente rico, el suministro de energía mejoró enormemente. En 2013, con una iniciativa de Peña Nieto, Luz y Fuerza del Centro, dominado por el sindicato, dio paso a la Comisión Federal de Electricidad, y bajaron costos y precios al usuario. Por fin, se reconoció que el usuario mexicano no tenía que pagar elevadísimas cuotas, para mantener “conquistas laborales” que solo son una fórmula para institucionalizar la indolencia de trabajadores que quieren cobrar, pero trabajar poco, y los multimillonarios ingresos de los líderes sindicales, como el mencionado señor Esparza.

Pero claro, llega Manuel Bartlett a CFE, y rápidamente empieza a operar de acuerdo a su instinto priista de los 70s. No hay que olvidar que Bartlett fue pre-candidato a la presidencia junto con Carlos Salinas de Gortari, así que sus cavernícolas políticos se formaron en tiempos de Echeverría y López Portillo.

Leer la iniciativa que presentó el presidente Andrés Manuel López Obrador ante el Congreso en materia energética, hace a uno pensar que a lo mejor se la llevaron al propio Echevarría, quien a sus 99 años de edad, aún anda dando guerra en su casa de San Jerónimo, en CDMX.

Lo que el documento, sin duda alguna redactado por Bartlett, pretende, es regresar a la industria eléctrica a ser un monopolio del Estado. Nunca le ha gustado a la nomenclatura priista someterse a las leyes del mercado. Siempre han jugado con los dados cargados, y aunque renieguen, Morena y AMLO son productos intensamente priistas. Pero esta vez, no la tienen tan fácil. Me explico.

En primera instancia, el documento desconoce cualquier derecho que puedan tener los productores privados de energía, que es una base bajo la que se negoció el Tratado México, EU, Canadá. La iniciativa ofrece machetazos en lugar de cirugía robótica, y ni los socios extranjeros, ni los productores mexicanos permitirán el atropello. Estos actores sí tienen dinero para litigar el asunto en cortes mexicanas, e internacionales, y ningún fiscal, por más carnal que sea, podrá intimidarlos. Ni aunque fueran científicos mexicanos indefensos, a quienes tampoco han podido intimidar.

Pero además, no es para nada seguro que la iniciativa transite de manera sencilla en el Congreso de la Unión. Confieso que no siento ninguna confianza en que el PRI cumpla con sus posturas adoptadas a través del pacto de oposición, porque tienen por costumbre acomodarse por donde los lleva el viento, pero los números y los actores en el Senado permiten guardar cierto optimismo de que este engendro legislativo no procederá, porque conlleva una reforma constitucional que no parece tener futuro.

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Líneas arriba, mencioné al fiscal de la nación, Alejandro Gertz Manero. Lo recuerdo en un viaje presidencial, en el que compartimos el TP-01 con el entonces presidente Vicente Fox, en vuelo que nos llevó a Johannesburgo, en Sudáfrica, y después a Nigeria. Por ese entonces, ya andaba alcanzando los 70 años de edad. Era entonces el Secretario de Seguridad Pública de Fox. Era un tipo alegre, que presumía constantemente de su condición física, y de las bondades del ejercicio para mantenerse saludable.

Luego anduvo de diputado federal, y no sé cómo, pero se colocó en las gracias de López Obrador. En uno de esos procesos sucios y sospechosos a los que suelen recurrir los legisladores de mayoría, lo aprobaron como fiscal general. Parece que fue el banderazo de salida para usar el poder de su oficina para darse gusto cobrando venganzas personales por agravios pasados. En ese contexto tiene en la cárcel a parte de su familia política, peleando, vergonzosamente, por la sucesión de su hermano.

Y puesto que presentó un trabajo a CONACYT para obtener reconocimiento de 3er nivel en el Sistema Nacional de Investigaciones, y le fue negado, pues ahora persigue a una docena de científicos mexicanos para cobrárselas. Lo que no dice, es que el trabajo que presentó, contiene párrafos enteros copiados verbatim de textos que datan desde 1939 hasta nuestros días. Eso se llama plagio, y no es aceptable para nadie que publique. Claro, para darse esos lujos, tiene encerrada a Rosario Robles de manera arbitraria, y protegido Dios sabe dónde, al corruptazo de Emilio Lozoya. Así tiene contento a YSQ.

¡Aquí los espero el viernes, Bahía y Vallarta!

(*) Periodista, comunicador y líder de opinión con casi 50 años de experiencia profesional.

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