Por Miguel Ángel Ocaña Reyes/Puerto Vallarta

Cada vez es más notable la invasión y apropiación del espacio público en Puerto Vallarta, una situación que se ha tolerado y que conforme pase el tiempo será más difícil de controlar si no se toman las medidas adecuadas para evitar este fenómeno social que ya se ha vuelto incontrolable.

El arroyo vial, paradas de camiones, estacionamientos, aceras, esquinas, instituciones públicas e incluso terrenos baldíos, son secuestrados por dueños de comercios, negocios y vendedores ambulantes, apartando, marcando incluso bloqueando los espacios para señalarlos como propios, primero con una mesa, una charola en la mano, incluso a veces con un triciclo o un vehículo, después, con estructuras que se fijan al suelo y que se convierten en puestos fijos que ya no es posible quitar de la vía pública.

En este sentido, los más afectados son los ciudadanos de a pie, quienes tienen que bajar al arroyo vial para seguir su camino en vista de que las aceras están tomadas, una situación que da una imagen de anarquía y que por supuesto afecta la calidad de vida que hay en Puerto Vallarta, y que poco se ve afectada con este tipo de problemática.

Esta situación en las calles es cada vez más notable y caótica, y al parecer no preocupa ni a la cámara de comercio ni a la restaurantera, ni a otros organismos empresariales, pues no se escuchan voces de alerta ante este fenómeno que no se ha controlado con mano dura para evitar un deterioro en la imagen de un destino turístico que se presume entre los primeros de la República Mexicana.

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